LOS ANCIANOS Y EL SEGURO SOCIAL EN U.S.A.

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Anciana en California. Foto: Galería de (NZ) Dave

 

La indiferencia hacia los pobres por parte del gobierno y los políticos que prometen y olvidan fácilmente, es evidente.

¿Es acaso justo que se les negara un miserable aumento a los pensionados de al menos el equivalente al incremento a los precios de la canasta familiar durante dos años consecutivos, y en cambio, que los altos políticos jamás hayan intentado reducir en lo más mínimo sus exagerados gastos y continúen recibiendo jugosos salarios, utilizando jets privados, viviendo en lujosas mansiones, disfrutando de lujosos autos y yates y gastando el dinero de los contribuyentes a manos llenas? Y cuando se retiran, si es que algún día lo hacen, ellos si recibirán altísimas pensiones especiales que nada tienen que ver con el Seguro Social
¡Qué ironía, quieren que el país salga de la profunda crisis quitándole el dinero a los pobres!

Para ellos, a quienes les sobra el dinero, les es muy fácil decir que estamos encarando una profunda crisis y que “todos” debemos hacer “sacrificios” para salir de ella. Pero lo curioso del caso es que estos sacrificios siempre se les impone a los más débiles, a quienes verdaderamente trabajaron durante muchos años haciendo sus respectivos aportes a la Agencia del Seguro Social para poder recibir una modesta pensión de retiro muy inferior a sus últimos ingresos, pero no obstante, se resignaron a reducir sus gastos sin protestar y vivir de acuerdo a sus nuevos ingresos porque eran conscientes de ello.

Es necesario reiterar una y mil veces que los retirados, durante toda su actividad laboral productiva, siempre aportaron, al igual que los trabajadores activos actuales, pero teniendo en cuenta que los ancianos por su edad ya no son elegibles como trabajadores, cada año que pasa en lugar de mejorar su situación económica día a día se deteriora, al igual que su salud, ante la indiferencia del gobierno que sin piedad les ha negado durante dos años consecutivos el raquítico aumento a sus pensiones y posiblemente lo sigan negando “para aliviar la crisis”, algo que jamás había sucedido en la historia del Seguro Social.

Claro que es necesario recortar gastos, pero no a costa de quienes hicieron sus aportes toda su vida laboral y hoy se encuentran cansados, enfermos, sin fuerzas para seguir luchando y hasta aguantando hambre. ¿Por qué los ancianos que hicieron sus contribuciones al Seguro Social durante 30, 40 o 50 años, y que no son responsables de los errores que se han cometido tienen que pagar los platos rotos? ¿Por qué los ricos no se sacrifican un poco? ¿Será que acaso un magnate que recibe cien millones de dólares al año no puede vivir con noventa?
No es justo que las personas de la tercera edad tengan que vivir restringidos, atemorizados y llenos de incertidumbre ante la posibilidad de que se les exija aún mayores sacrificios que irremediablemente los conduciría a la muerte.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

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