La dualidad de poderes en Colombia

A la memoria de los estudiantes mexicanos asesinados por el gobierno genocida de Colombia, en Sucumbíos, Ecuador: Fernando Franco, Verónica Velázquez, Soren Avilés y Juan González. .

Mario Héctor Rivera Ortiz

Méx. DF. 13.12. 12,

Las FARC representan la parte del pueblo colombiano armado que se ha rebelado contra el Estado represor de los terratenientes, los oligarcas, los imperialistas y el hampa organizada en las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC. Las FARC, sin duda, representan un órgano de Poder popular creado por la voluntad de los obreros y campesinos colombianos oprimidos por un poder salvaje en el fragor de una guerra civil que se desenvuelve en Colombia a lo largo de más de medio siglo.

Los conceptos anteriores, sin embargo, no despejan todas las incógnitas que plantea la situación colombiana pero eso sí en La Habana no dialogan “dos partes beligerantes derrotadas”, como recientemente afirmó el escritor Alfredo Molano, ni en Colombia puede aplicarse la teoría de “la imposibilidad del triunfo de ninguna de las dos parte”, la cual sirvió de trampolín a la capitulación de Jorge Schafik Handan, Joaquín Villalobos, etc., en Chapultepec, 1992. Tampoco se trata, hablando de las tropas revolucionarias colombianas, de una masa de combatientes inexpertos y despolitizados, que pudieran entregar voluntariamente o por engaño, todo el poder a la burguesía dejando intacta la estructura económica medieval y el aparato opresor de clase.

Las FARC están integradas por combatientes politizados que conocen en carne propia la barbarie del gobierno de liberales y conservadores y saben lo que hay que hacer para lograr la paz verdadera.

La definición correcta de la situación colombiana, a nuestro juicio, sería la que establece que en Colombia, desde hace varias décadas existe, de hecho, una dualidad de poderes. De un lado el viejo Estado genocida y del otro las FARC que controlan irremisiblemente, por la fuerza de las armas y la sangre de sus combatientes, extensas regiones de Colombia.

Enhora buena que se haya iniciado la mesa de diálogo en La Habana, pero hay que decir también que su perspectiva se ve nublada por las ominosas amenazas materializadas por la negativa gubernamental para concertar una tregua en las acciones militares desde ya, y por la perentoriedad con que los generales presionan para que las conversiones terminen lo más rápidamente posible con la aprobación de sus propuestas. Tales actitudes hacen sospechar que el gobierno colombiano, como lo ha hecho en otras ocasiones, no piensa ni remotamente en poner fin a la guerra, sino aprovechar las conversaciones para proseguirla y derrotar militarmente a las FARC. En cuanto a las reivindicaciones revolucionarias que motivaron la rebelión y que sigue reclamando la dirigencia de las FARC, sus enemigos entienden que dichas demandas ya están consumadas y sólo es necesario consolidarlas o a lo sumo ampliarlas mínimamente. Ellos confían en que, cuanto antes, entrarán a Bogotá del brazo de los combatientes revolucionarios a una vida normal y con un permiso en el bolsillo para permitir “un partido real de oposición y no de alternancia” (Molano). Todo está por verse.

Ahora sólo falta añadir lo relativo a la extensión de esos dos poderes en el exterior del país:

Del lado del gobierno de Santos ostensiblemente se encuentran las fuerzas militares norteamericanas que ya cuentan, incluso una decena de bases diseminadas en Colombia, y para que no quede duda sobre este particular traigamos a colación lo dicho por el embajador William Brownfield el 20 de agosto de 2009: “las FARC están entre los blancos de EEUU”

También forman parte del cerco que pretende asfixiar a las FARC, utilizando diversas tácticas, la mayoría de los gobiernos de Europa Occidental y de América Latina incluidos algunos gobiernos progresistas de la zona que han entregado combatientes a la policía colombiana y llamado al desarme gratuito y unilateral de la FARC. La negativa del presidente Francois Hollande de participar en el proceso de paz colombiano, con motivo de la liberación del periodista Romeo Langlois, es otra prueba de dicha complicidad. En suma se trata del cerco impuesto por la santa alianza burguesa y pequeñoburguesa que amamantan los países imperialistas.

El poder del cerco reaccionario parece invencible, sin embargo, las FARC, cuentan en primer lugar con su propio Poder y luego con la simpatía de gran parte de los pueblos de América Latina más la fuerza objetiva de la historia que en estos tiempos, a través de la gran crisis económica, irremediablemente carcome las entrañas del capital.

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