“La violencia de arriba, engendra violencia de abajo”

Buenos Aires – Monserrat: Casa Rosada – Salón de los bustos
– Juan Domingo Perón. Foto: Wallyg’s photostream

Los acontecimientos de los últimos días, sumamente criticables, lo son no porque se halla escrachado a funcionarios de gobierno como pretende imponer hipócritamente el oficialismo, son consecuencia directa de un accionar que ha ido escalando desde hace casi una década. Ahora, y porque sucedieron tres actos que atentan contra el normal desarrollo de la vida institucional todos –oficialistas y opositores- han puesto el grito en el cielo, cosa que no sucedió durante sucesos exactamente iguales o por lo menos muy similares.

La historia de los pueblos, y la argentina en particular nos muestra acabadamente que aquella frase de Perón hoy adquiere total relevancia. Durante casi una década, los argentinos hemos ido desandando el camino de seudo reconciliación nacional, iniciado el 10 de diciembre de 1983; camino lleno de piedras y espinas, camino que le costó al pueblo todo sangre, lágrimas y muertes y que tras más de 30 años después vuelve por los fueros y nos salpica nuevamente a todos los argentinos, los que creemos en la democracia y el republicanismo, y hasta a aquellos que creyendo obtener justicia fogonean la revancha, el odio y “el vamos por todo”. Volvemos a revivir desencuentros casi olvidados de cerca de 40 años atrás, cuando facciones enfrentadas enlutaron a todo un pueblo, y lo que es mucho más grave, justificaron el accionar de los sectores oligárquicos y financieros que amparándose tras los militares derrocaron el Gobierno Constitucional, aquel 24 de marzo de 1976.
El oficialismo cristikirchnerista, atrasando en la historia, y justificando su accionar cuasi delictivo y corrupto en una supuesta lucha por los derechos humanos, y cooptando a algunas organizaciones como Abuelas, Madres de Plaza de Mayo y sectores de H.I.J.O.S vivió sesgando los hechos acaecidos desde aquella nefasta noche de 76. Amparó y se enancó en la “revancha”, y supeditó la justicia al odio, contando con la complicidad y la complacencia del Poder Judicial, que llegó a cometer el delito de “derogar un indulto Presidencial, y constitucional, haciéndolo además sesgado y parcial”, pues sólo lo derogó respecto de los sectores militares y dejando amparados a los sectores civiles tanto de las facciones enfrentadas, como de los actores financieros que coparon el golpe sedicioso llevado a cabo contra el Gobierno constitucional de Mará Estela Martínez de Perón. Semejante aberración jurídica, que atentó directamente contra la búsqueda de verdad y justicia, al amparar a ciertos sectores sediciosos, deparó una verdadera “caza de brujas” entre sectores militares, amparados internacionalmente por el sistema jurídico internacional de la “obediencia debida”.
Así llegamos a las atrocidades de que patoteros comandados por el Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno o su señora esposa, o en otros casos por el entonces funcionario del Ministerio de Planificación Federal Luis D’Elía, golpeara ciudadanos impunemente o tomase comisarías de la Policía Federal en actos atentatorios contra la democracia y la república; asimismo la titular de Madres de Plaza de Mayo llegó a definir como “turros” a los jueces de la Corte Suprema de Justicia mientras a sui lado aplaudía el actual vicepresidente Amado Boudou y una caterva de funcionarios nacionales, muchos de los cuales ayer nomás se escandalizaban por los dichos, censurables, de Miguel del Sel o los abucheos a ese mismo Vicepresidente en San Lorenzo, Santa Fe o el escrache de Axel Kicillof en el viaje de buquebus desde Colonia. Fue Néstor, quien inauguró aquello de los escarches contra las figuras que consideraba sus “enemigos”, el presidente de Shell Argentina, el ex vicepresidente Julio Cobos, la Sociedad Rural Argentina, los productores agropecuarios enfrentados con el régimen K por las retenciones agrarias, los dichos insultantes de Fito Páez respecto de los porteños, o los de León Gieco de hoy nomás etc.
Mas acá en el tiempo CFK inauguró un tiempo de enfrentamientos populares, donde por un lado estaba “ellos los buenos” y por el otro “los demás, los malos, los enemigos a quien debía destruirse”, y así llegamos a la barbaridad de justificar cortes de puentes internacionales, rutas y calles para realizar protestas “justificadas si eran contra gobiernos opositores al régimen cristinista”, los embates y los aprietes contra los periodistas no doblegados, las amenazas al Poder Judicial, los seguimientos de Jueces y las amenazas a sus familiares, la persecución abierta contra gobernadores o intendentes de signo opuesto al del oficialismo, hasta llegar a retacear los fondos imprescindibles para pagar salarios en Buenos Aires, o las deudas con Córdoba y San Luis, o las silbatinas de los jóvenes camporistas al gobernador santafesino durante un acto oficial en el Monumento a La Bandera ante la impertérrita mirada complaciente de la Presidente de la Nación. Escrachar a Clarín o La Nación, pareciere que es muy diferente que hacerlo con Fernández, Boudou o Kicillof, o que perseguir y escarchar a periodistas no tiene la misma entidad que realizarlo contra los funcionarios oficialistas.
Insultar y pegar cobardemente a los jueces de la CSJN o los ciudadanos de a pie que reclamaban por justicia y contra las retenciones, para Agustín Rossi, Randazzo, Kunkel o Diana Conti es muy diferente a la “salida de la cadena” , chiste mediante de Del Sel, o a que un pueblo se exprese contra los dichos increíblemente comparativos entre San Martín, Belgrano, Irigoyen, Perón y Néstor Kirchner, y si además quien los expresa es “el personaje oficial más cuestionado por corrupción y tráfico de influencias”, que comparte ese podio con el Arquitecto De Vido. Es deleznable el escrache sufrido por la mujer y los hijos menores de Kicillof, pero lo es tanto –como mínimo- a los sufridos por Cobos, Nelson Castro, o tantos otros que no comulgan con el oficialismo K. Es una falta de respeto llamar “vieja chota e Hija de p…” a la Presidente, como llamar “turros” a los jueces del supremo tribunal de la Patria. Pero como decía Perón cuando desde el poder se incita a la violencia y la persecución de quienes no acuerdan con el discurso o el relato oficial, ese mismo ejemplo cunde y se desparrama en las bases y el pueblo todo, con la diferencia que quien ejerce el poder y el mando, es mucho más responsable que quien lo hace desde el llano y sin poder ocultarse tras fueros o la impunidad que trae aparejado aquel mismo poder.
Y con esto no estoy justificando absolutamente nada, ni los insultos, ni los abucheos, ni los escraches, como mucho menos tolerando la hipocresía y la desvergüenza de ciertos actores del poder de turno, que creyéndose impunes y más allá de la justicia, se atribuyen el derecho de pretender representar el “pensamiento único y la verdad revelada”, y amparados detrás de los cargos se animan a señalar con el dedo acusador a aquellos otros que, sin el amparo que ellos detentan, cometen las mismas barbaridades que aquellos otros. Pero, cuando los pueblos se desbocan y pierden el rumbo –tras imágenes y ejemplos nefastos de quienes por detentar el poder debieran guiarlos ejemplarmente- luego es muy difícil poder volver a encarrilarlo. Y de esto la década de los 70 del siglo pasado, por antonomasia, así como la del 55 y la el 60, son ejemplos palmarios a tener siempre muy presentes, pues aquellos años signaron los destinos de desencuentros, pasiones desenfrenadas, odios y constantes revanchas que enlutaron una porción enorme de la historia nacional argentina. Volver a desandar el camino de la concordia y el disenso en paz y respetuoso, para reiniciar el camino de la lucha y la confrontación permanente es sumamente peligroso, por lo que es muy rescatable el “llamado a la concordia expresado ayer noche por Cristina Fernández a sus seguidores”, esperemos que sea un inicio de un nuevo y definitivo retorno a la normalidad, y no otra de las tantas advocaciones luego incumplidas por la Presidente.
Si todos somos capaces de reencontrarnos hasta en el disenso desde el reconocimiento de que a partir de él, es como se puede construir, habremos avanzado muchísimo y quizás, sólo entonces los argentinos seamos capaces de volver a la senda del desarrollo con inclusión, y donde las propuestas y las ideas se debatan apasionadamente, quizás, pero siempre con respeto, altura y sin ejercer ningún tipo de violencia hacia todo aquel que no piense o actúe como nosotros o ellos pretenden. Lo contrario inevitablemente irá ensanchando la brecha entre los diversos sectores de la sociedad argentina, terminando por conducirnos al más profundo y sangriento enfrentamiento. Esta realidad ya lo vivimos y nos condujo a la noche negra de las guerras civiles del siglo XIX, o las tragedias del siglo XX, donde nos enfrentábamos entre hermanos como si fuéramos verdaderos salvajes. ¡Y esto pareciera que es el camino en el que estamos inmersos hoy en día! ¡Es hora de aplacar los agravios y las diferencias, y buscar el camino del disenso desde la diversidad de pensamiento libre de odios y descalificaciones!
Llegamos al punto del no retorno, de avanzar por el actual camino del enfrentamiento la luctuosidad, las lágrimas y la sangre es el futuro; rebobinar y reanudar el camino hasta lograr encontrarnos como seres humanos que disentimos sin enfrentamientos estériles y sin gratuitos agravios de ninguna parte es sembrar la semilla de un futuro de paz y quizás hasta de grandeza: ¡de nosotros exclusivamente depende que esto se dé así! El perdón es de buenos cristianos, como lo es el recuerdo, aprendamos a perdonar y a no olvidar, pues la amnesia permanente es la que nos ha conducido a este presente nefasto y cargado de odios, rencores, revanchismo y separaciones inauditas.

Buenos Aires, 6 de Febrero de 2013.
Arq. José M. García Rozado
MPJIRucci – LIGA FEDERAL –
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