Argentina: La “disciplina partidaria” nos impide atacar la pobreza y el retroceso de la educación, dos valores imprescindibles

Malabares para ganarse la vida en Buenos Aires.
Foto: Eneas

La “disciplina partidaria” se parece demasiado a la, tan vilipendiada por el
progresismo, “obediencia debida” tras la que se amparan jueces y fiscales
para enjuiciar militares de muy bajo rango durante los sucesos trágicos de
los años de plomo. Este concepto equivocado de “lealtad” obliga a que los
integrantes de los poderes del Estado desatiendan valores imprescindibles en
aras de un disciplinamiento que los obliga a actuar hasta contra su propia
conciencia.

El equivocado concepto de lealtad para con el jefe o jefa que gobierna, y
mucho más exacerbadamente dentro del justicialismo, les impide a
funcionarios, legisladores, gobernadores, intendentes y jueces, fiscales,
camaristas y miembros del Supremo Tribunal ejercer el derecho inalienable de
la “objeción de conciencia” cuando algo les parece que es injusto o está
atentando contra su propio pensamiento; la escusa siempre es la misma: me
puede costar la vida, la libertad, el trabajo o alguna determinada prebenda.
O sea que esto de la “disciplina partidaria” es aún mucho peor que el
concepto aceptado internacionalmente -para el fuero castrense- aunque negado
internamente por aquellos mismos jueces y fiscales o camaristas y hasta por
los integrantes de la CSJN que llegaron a la arbitrariedad de derogar
parcialmente un “derecho constitucional” como es el del “perdón
presidencial” (indulto). Por lo que llegado el momento todos ellos serán
pasibles del juzgamiento que la propia CN y las leyes prevén para el
“incumplimiento de los deberes de funcionario público”.

Si la “obediencia debida” no te exime, según estos falsos progresistas, del
castigo a ser aplicado mediante el juzgamiento de los “delitos de lesa
humanidad”, la “disciplina partidaria” tampoco te exime del juzgamiento por
los delitos cometidos contra la totalidad de la población respecto de
“derechos básicos contemplados en la Ley madre” como son el de la
alimentación digna y universal, la atención de la educación de excelencia
que borre las diferencias sociales respecto de las posibilidades equitativas
entre todos los niños y jóvenes, y el derecho a una salud estatal, gratuita
y universal para toda la población argentina. Estos son verdaderos “derechos
humanos”, y el no atenderlos implican cometer el delito encuadrado en los de
“lesa humanidad”, porque se cometen desde el mismo Estado que los debe
garantizar, según lo estipula la Constitución Nacional, y así fue el
espíritu de los constituyentes de 1853, 1949, 1956 y los de 1994 en la
última Reforma, de la cual muchos de los actuales funcionarios, gobernadores
y legisladores -además de jueces y fiscales y hasta integrantes de la CSJN-
fueron parte.

La tan meneada y remanida “disciplina partidaria” nos está haciendo
demasiado daño, y le hace daño específicamente a nuestros representantes en
las diversas legislaturas y a los funcionarios nacionales y provinciales,
gobernadores, intendentes, jueces, fiscales y camaristas a quienes, desde lo
más alto del poder -la Presidencia de la Nación-, se les “impone lo que
tienen que ejecutar, votar o decidir en sus territorios”; este “mandato u
orden” que a veces trasciende a ellas y son apenas “deseos de la Presidente”
atentan abiertamente contra la Constitución Nacional y las Constituciones
provinciales que garantizan la básica y republicana, además de democrática,
división de poderes. Tras el equivocado concepto de “¿Cómo la vamos a
traicionar?”, se esconde un grado de perversidad cuasi absoluto que implica
el atar los pensamientos, ideas y decisiones propias a las arbitrarias y
hasta ilegales o ilegítimas ideas de quien ejerce temporalmente el poder,
olvidando que este es transitorio y que tanto el de aquel que lo detenta
como el de quien por ser representante de la sociedad, en cualquiera de los
campos y funciones al que hallan llegado, no pueden actuar por fuera del
derecho a ejercer la “libertad y objeción de conciencia”.

No solo traicionan su propia conciencia y hasta su dignidad como personas,
sino, lo que es más grave aún, traicionan delinquiendo al “obedecer
ciegamente” la orden, mandato o en muchos casos, apenas los deseos de “la
Jefa” negándoles a sus mandantes, el Pueblo que los eligió y ungió como sus
representantes, derechos y garantías consagrados constitucionalmente. Muchos
de los cuales llevan aparejados clarísimos ejemplos de “delitos de lesa
humanidad”, como son la muerte por inanición, pobreza, falta de seguridad
adecuada, etc. que son obligaciones inherentes del Estado y por lo tanto del
Gobierno de turno; pues no nos confundamos, los derechos humanos no sólo se
referencian a muertes, torturas y desapariciones, sino que además y por el
contrario, también están comprendidos en los conceptos de “pobreza, hambre,
desocupación, inseguridad, violencia social, falta de atención médica, o de
la educación de toda la población en iguales condiciones sin importar a que
clase social pertenezcan”. Descuidar éstos derechos y garantías es delinquir
abiertamente contra los derechos humanos y por lo tanto, si se lo realiza
desde el Estado-Gobierno se ingresa en la categoría de “delitos de lesa
humanidad”.

Actuar como verdaderos “autómatas” perdiendo o dejando de lado, no importa
que motivo se esboce, el propio arbitrio implica un notorio y claro concepto
de “abandono de personas”, delito tipificado y penado punitivamente por el
código penal argentino, y los internacionales, asimismo éstos atentan contra
los Pactos y Tratados internacionales incorporados con rango constitucional
por los constituyentes reformistas de 1994, se llegó a tal grado de
obsecuencia y a tal incomprensión moral y ética del alto y sagrado concepto
de la “lealtad” , que se actúa como autómatas, verdaderos robots a quienes
se conduce con el simple accionar de apretar un botón, para que estos
respondan de la manera que el poder central así lo requiera. Da verdadera
pena verlos en ese automático accionar, como apena escucharlos repetir como
verdaderos loros frases impuestas por órdenes, mandatos o deseos del
Ejecutivo, escuchando seudo debates en los recintos o los Consejos
-magistratura, AFSCA, etc.- para impugnar modificaciones o requerimientos
opositores o aprobar a cualquier costo leyes sin aceptar modificaciones o
aportes, aunque estos sean absolutamente válidos.

Unos hablan de balde, porque nadie en el arco oficialista los escucha,
porque de antemano ya saben lo que tienen y deben votar, siempre por
instrucciones de lo más alto del poder, no hay nada que pensar, no existe el
“pienso”, sólo la disciplina partidaria, están verdadera y totalmente
“descerebrados”, y uno sólo puede pensar: “¡qué falta absoluta y total de
dignidad!”. Y así es como luego de diez (10) años de crecimiento sostenido,
y ahora -en verdad desde hace casi 4 años- amesetado, vemos como los índices
reales (no los del INDEC impresentables y mentirosos) nos recolocan ante la
triste realidad de que la pobreza y la indigencia se hallan casi al nivel de
1998 -a veces peor-, la salud está en franco retroceso, tal como la
educación donde los índices nacionales sólo muestran avances, y de ellos se
agarró CFK el 1º de Marzo en su maratónico discurso de casi 4 horas de
engañoso relato, en los niveles de las salas de ¾ años y las de 5 años, se
empata en el nivel de niños de 6 años y se ha retrocedido abiertamente en
todo el resto de los niveles primarios, secundarios, terciarios y
universitarios. Lo mismo se puede decir respecto de la falacia del descenso
de la morbo desnutrición infantil de la que se jactó Cristina, que
tristemente muestra que en 10 años de Gobierno K se logró pasar de un
aberrante 16,4%o a un tan aberrante 11,6%o, logrando apenas reducir esta
verdadera calamidad social en un 30%. Si esto no es un delito de lesa
humanidad que se nos explique a que se refieren cuando de éste tipo de
delitos se habla.

Así es como se engaña y traiciona al pueblo, se lo coopta mediante el
subsidio clientelar, a la vez que se fomenta la vagancia y la cultura del NO
trabajo o la del “vivir de arriba” inculcándole a la sociedad la perversa y
maniqueo idea de que es el Estado quien debe proveerle todo a cambio de
nada. Perón en su inmensa sabiduría le enseñaba al pueblo que no debía
dársele la comida, sino que se le debía enseñar a pescar, para que fuese él
-el Pueblo- quien se ganase el sustento, y por lo tanto no tuviere que
humillarse ante ningún gobernante, puntero político o dirigente social o
sindical. Aquello de “trabajar, trabajar y trabajar” o lo más específico
como “de casa al trabajo, y del trabajo a casa”, o aquel otro básico
concepto de que “cada ser humano debe producir, por lo menos lo que consume”
avanzaba en el camino de que el trabajo dignifica y de que el Estado provee
a cambio del esfuerzo y la retribución de aquello que el pueblo recibe. Los
planes de vivienda del primer, segundo y tercer gobierno peronista, tenían
atado como contrapartida el “pago ineludible” de las cuotas por parte de los
adjudicatarios, unos con plazos más largos y otros más cortos según la
capacidad de repago de cada grupo familiar.

Aquello que fuera imprescindible durante la crisis de 2001 y su posterior
recomposición a partir de enero de 2002, tal como los planes sociales y los
seguros de desempleo extensos y universales -plan jefes y jefas de hogar,
plan materno infantil, plan remediar, etc.- tras una década de crecimiento
debieran haberse transformado en puestos genuinos de empleo privado, y hasta
público en las empresas renacionalizadas, pero siempre atadas al concepto de
productividad y beneficios para la comunidad, y no como prebendas o sistema
clientelar. La AUH debiera hacer sido “verdaderamente universal y para todo
niño entre su nacimiento y gestación hasta la pubertad y juventud, o sea
hasta la mayoría de edad, o hasta que éste hubiere terminado de formarse
educativamente en pos de las verdaderas necesidades productivas de la
Patria”, y no como es actualmente que expulsa a quienes concurren a escuelas
pagas, aunque estas sean escuelas confesionales de costo nulo o casi nulo,
o como sucede con las asignaciones familiares que se achican o quitan una
vez que el trabajador -padre o madre del verdadero beneficiario- supera
cierto tipo de ingresos que no alcanzan a cubrir la canasta familiar hoy en
más de $ 7,5 mil mensuales.

Seguros de desempleo para quienes no consiguen reinsertarse, aunque
realmente se esfuercen, asignaciones universales a la niñez y a la
ancianidad dignas, son aquellas cosas que explican por qué, a diferencia de
nuestra querida y bendita Argentina, en los países en desarrollo serio o
desarrollados, EEUU y Europa no existan bolsones de indignidad, mal llamados
“villas miseria” o gente que come de revolver la basura o niños
subalimentados. Una educación universal y de excelencia garantizan un pueblo
apto para producir con estándares de primer mundo, y una salud generalizada,
universal y de absoluta excelencia transformará un pueblo atacado por las
enfermedades crónicas y las endémicas en un pueblo sano y con plena
capacidad productiva. ¡Esto es realmente gobernar para y por el pueblo, y no
para gobernar sobre el pueblo y para beneficiarse de éste! Las naciones con
menos violencia social tienen los coeficientes más bajos de desigualdad y
cuentan con subsidios a los realmente necesitados o variantes de la renta
universal que permiten garantizar a todo habitante bienes básicos para la
vida digna, más allá del gobierno de turno, del aumento de precios y de las
tasas de desocupación, pero para eso es necesario primordialmente contar con
estadísticas confiables, serias y veraces que se puedan aplicar a
desarrollar planes y políticas de Estado de corto, mediano y largo plazo, y
una inflación seriamente controlada y que no alcance a los dos dígitos
anuales, pues ésta es el peor de todos los impuestos posibles y siempre
irremediablemente cae en las clases más desposeídas y en las clases medias
empobrecidas a raíz de la pérdida de la capacidad de compra del ingreso.

“Tolerancia cero a la pobreza” fue históricamente la bandera primera del
peronismo, y no como ahora pretende imponerse como la de la “simple lucha”
contra ella, el Brasil de Lula Da Silva logró en 8 años de gobierno
incorporar un 30% de su población a la clase media al mismo tiempo que
Argentina retrocedía respecto de los índices serios al estado de 1998. El
Estado de Bienestar del peronismo de los tres gobiernos de Perón incorporó
un 50% de la población a las clases medias y logró efectivamente “el ascenso
social en todas las clases sociales”, de los indigentes no se tenía noticia,
como tampoco se conocía el desempleo en una Patria donde éste no alcanzaba
al 2% de la población económicamente activa. La pregunta que como argentinos
debemos hacernos es: “¿es posible vivir pacíficamente en un país con mucha
desigualdad no atendida y en las que imperen políticas demasiado
gradualistas?”. Y la respuesta está a la vuelta de la esquina o frente a
nuestras propias narices: “cuando una porción significativa de la población
no accede a los bienes más elementales y más variados, y cuando sus jóvenes
no encuentran posibilidades de desarrollo y trabajo personal, brindados por
la sociedad y el Estado, es sumamente difícil que haya paz, porque eso
implica que no hay justicia”.

Por estas y otras causas, es que la “disciplina partidaria” no es válida, e
implica una pérdida de los valores republicanos y democráticos al negar los
derechos de las minorías, convertimos la sociedad en una atada a la ley de
la selva donde sólo priman los más fuertes, y pobres de nosotros si no somos
amigos del poder… ¿No es hora de que mejoremos nuestro sistema
democrático? Al menos para que sea digno de ser llamado así, cada vez que
hay elecciones es así, pero sólo con ellas no alcanza. Tanto como que
democratizar el ejecutivo, el legislativo y el judicial no pasa por poder
elegir sus integrantes en las urnas, como ahora pretenden imponernos. Lo
malo es que muchas veces los votantes tampoco hacen uso de su facultad de
pensar por cuenta propia, y tal como los funcionarios adoptan “la disciplina
partidaria”, o porque más triste y grave aún, “ya les compraron su dignidad”
en base a prebendas o clientelismo. ¡Lo primero que debemos como peronistas
y cristianos es “defender la dignidad de la persona humana”, creada a imagen
y semejanza de Dios e inmersos en una Comunidad Organizada!

Buenos Aires, 7 de Marzo de 2013.

Arq. José M. García Rozado

MPJIRucci – LIGA FEDERAL –

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