“¡Que se haga la voluntad de Dios, pero en el potrero de mi compadre!…”

Por Mario Héctor Rivera Ortiz
México DF a 7 de Abril de 2013

En la última semana de marzo y primera de Abril de 2013 los gobiernos de los países occidentales y los medios de comunicación mercantiles, solapados por la ONU, han desplegado una campaña insidiosa contra la República Democrática Popular de Corea, hablando de su “retórica belicista”, de sus “provocaciones” y sus “amenazas”, al mismo tiempo que se atribuye una actitud mesurada y conciliadora a los gobiernos de los EU y de Corea del Sur, verdaderos responsables del conflicto. En efecto, Corea del Norte ha advertido que si es agredida por las fuerzas armadas de tales países, hará uso legítimo y soberano de toda su potencia militar, inclusive las armas atómicas.

La RDPC ha explicado, además que las maniobras navales que desde el 12 de febrero realiza Estados Unidos y Corea del Sur en el mar Amarillo, frente a sus costas y de su mar patrimonial, constituyen una amenaza a su seguridad, por lo que ha convocado a sus fuerzas armadas y la población a prepararse para la defensa. En este punto cabría preguntarse ¿cómo respondería el gobierno yanqui si algo similar pasara cerca de sus fronteras y litorales? Y a propósito nos viene a la memoria la conocida historia de la crisis de octubre de 1962.

¿Se ha olvidado que el presidente Kennedy ordenó bloquear y sobrevolar la isla de Cuba durante la crisis de los misiles soviéticos? ¿Se ha olvidado que en respuesta al bloqueo naval el presidente Fidel Castro ordenó la “alarma de combate” y en Guanahacabibes sus fuerzas coheteriles derribaron un avión U2? ¿Ya nadie recuerda que el 27 de octubre, dos aviones venezolanos que penetraron en el espacio aéreo cubano fueron obligados a aterrizar en Cuba? ¿También prefieren ignorar que en esos momentos Nikita Jruchov declaró que si sus barcos eran detenidos por la armada yanqui, la URSS respondería militarmente? ¿Mucho menos de que Fidel se opuso a la inspección de sus barcos? Y todo ello en un escenario idéntico al actual en materia de riesgos atómicos mundiales. Cierto, entonces existía la URSS, pero ahora Corea es una potencia atómica. ¡El monopolio atómico se ha esfumado!

¿De qué se asombran algunos gobiernos y medios de comunicación cuando el Estado revolucionario de la RDPC hace uso de los mismos derechos que todas las naciones han ejercidos cuando su existencia y soberanía son amenazadas?

Y más aún, cuando los enemigos declarados de la RDPC y sus socios son conocidos por su historial como agresores contumaces de los países débiles, a los que han reiteradamente masacrado, mutilado, dividido y humillado. Y si no, quien lo dude, nada más échele un ojo al Magreb y verán como lo tienen ensangrentado.

En el escenario de las autodefiniciones han aparecido opiniones de los gobiernos directamente involucrados, las dos Coreas y los EU, pero, además, las de Rusia, China, Japón, Inglaterra, Alemania, Francia, México, Venezuela, Chile, Ecuador, El Salvador, Perú, cada cual con sus propias características.

Lo que ocurre es que en el posicionamiento frente a la cuestión coreana hay geo y geometría políticas: hay izquierda revolucionaria, centro y ultraderecha imperialista. Priva también entre algunos de estos actores aquel viejo y cómodo adagio campesino que dice “¡Que se haga la voluntad de Dios, pero en el potrero de mi compadre!…”. Ha llegado la hora pues, de exigir a las grandes potencia occidentes que paren su marcha hacia la guerra y no de recomendar al Estado Coreano “prudencia”, que bastante la ha tenido ya.

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