Israel y EEUU, un notable contraste en el actuar

El presidente Barack Obama y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu hablan con los miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel frente a un lanzador Cúpula de Hierro en el aeropuerto internacional Ben Gurion en Tel Aviv, Israel, 20 de marzo de 2013. Foto: Chuck Kennedy (Official White House)

Por Darsi Ferrer

De abismal puede calificarse la diferencia en el comportamiento y actitud en la esfera internacional de la administración de Barack Obama, al frente de la potencia mundial más poderosa del orbe y con la responsabilidad de liderar los valores occidentales y la paz global, comparado a ese pequeño país de apenas 8 millones de habitantes, Israel, enclavado en el Medio Oriente y rodeado de países hostiles que claman por su desaparición.

En lo que la supuesta línea roja de Obama se destiñe y cambia de tinte con una facilidad escalofriante, el Premier Benjamin Netanyahu demuestra que los judios no toleran una pizca de desafío que vaya más allá de los claros límites que aceptan. Después de confirmarse el uso de gas sarín por el régimen sirio, todavía Obama anda enrredado con su “donde dije digo, digo Diego”.

En cambio, ante movimientos del arsenal militar con intenciones de entregarlo a la milicia islamista de Hezbolá, la respuesta de Netanyahu ha sido rotunda. La aviación israelí ya bombardeó en enero, en pleno territorio sirio, un convoy que transportaba cohetes antiaéreos iraníes.

Hace unos días sus cazabombarderos destruyeron otro cargamento de misiles y atacaron complejos militares de investigación próximos a Damasco y al cuartel general de la división más moderna y fiel con la que cuenta Bachar el Asad.

Esos ataques militares han sido contundentes, al punto que no han tenido respuesta de parte del criminal régimen sirio. Es una verguenza permitir impasible o tolerar el genocidio de lesa humanidad perpetrado por la oficialidad siria durante los dos años que ya dura la guerra civil en esa nación árabe, con más de 70 mil asesinados, una cifra enorme de desplazados y la destrucción de la infraestrcutura del país.

Además, la derrota del régimen sirio representaría asestarle un golpe demoledor a la milicia fundamentalista Hezbolá en el Líbano, que opera con el suministro de armamento y el apertrechamiento de recursos de todo tipo que Irán les facilita por mediación de Siria.

Irán terminaría reducida en su campo de influencia al perder su principal aliado en la región árabe. Las propias naciones árabes verían con buenos ojos que la caída de Bashar el Asad debilite la poderosa injerencia de Irán en el Medio Oriente, que se torna muy peligrosa por la simpatía y apoyo que despierta en los sectores chiitas de sus poblaciones. O sea, aplastar al régimen sirio representa dar un gran salto de avance en el camino de la paz mundial y en la lucha contra el eje del mal.

No solo grupos terroristas como Hezbolá quedarían prácticamente desarticulados, sino que la ferocidad del régimen teocrático de Irán, principal amenaza y foco desestabilizador del Oriente Medio y serio peligro para el mundo a consecuencia de su programa nuclear, se reduciría a mínimos. Es una oportunidad que no merece ser desaprovechada, además de una nacesidad si se está comprometido con la libertad y la opción de vida para la Humanidad.

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