Francisco y las enseñanzas de humildad y solidaridad.

Francisco lleva apenas 4 días en Río y ya ingresó en los pueblos latinoamericanos, y ya dejó conceptos imprescindibles para la juventud y para los gobernantes que miran azorados a este “pastor del fin del mundo, humilde hasta el paroxismo” que conmueve multitudes y arranca lágrimas de emoción hasta de las piedras. A los jóvenes les dejó hasta ahora dos conceptos básicos: “que hagan lío y que escuchen a los ancianos, y “que rechacen la legalización del consumo de narcóticos, como la del aborto”. A los gobernantes les dejó dos mensajes muy claros: “que escuchen las demandas urgentes del pueblo” y que “sean humildes, solidarios y receptivos a las urgentes necesidades de quienes aún pasan hambre en nuestro continente”.

Río de Janeiro cayó embelesada ante la humildad extrema de este gran pastor que ha dado argentina y el peronismo al mundo, y apenas transcurridos 4 escasos días -3 y ½ para ser exactos- no permitiendo ni que el clima (algo sumamente raro en esta época), ni que las medidas de seguridad lo alejen de las multitudes que a cada paso se renuevan y multiplican. Apenas descendido del avión de línea en el que viajó con más de 70 periodistas del mundo entero, al saludar a Dilma Rousseff tuvo ese gesto enorme de humildad de “solicitarle permiso para entrar a Brasil” gesto, que por lo inesperado de una figura de trascendencia universal, no hizo otra cosa que engrandecer su ya enorme figura como “pastor y guía de una “nueva y más cercana” Iglesia universal”, es el mismo ser incansable, franco, directo, humilde, y pensador profundo que conocimos los argentinos y los porteños en especial.

El mismo Jorge Mario que conociéramos en los 70 en el colegio de El Salvador y que compartiera las discusiones ideológicas típicas de aquellos años entre la juventud sumamente politizada, donde descollaba por entonces como un pensador profundo y llano, directo en sus convicciones que expresaba con ese tono (aparentemente monocorde y bajo), sin estridencias pero que no por eso no eran profundas y de suma convicción. Pasaron los años y aquel jesuita nacido y criado en mi mismo barrio de Flores, ese que había nacido apenas a tres cuadras, se convirtió en obispo y fue traído de Córdoba a nuestra querida ciudad por el Cardenal Quarraccino a quien sucedió años después al frente de la Iglesia Argentina. No hubo más, por esas cosas del destino -que sí sucedieron durante su período de Obispo- aquellos encuentros y charlas profundas sobre la situación del mundo, de nuestra iglesia y de nuestro país; charlas y discusiones donde él “bajaba línea”, pero nunca desde la imposición sino, por el contrario, por la profundidad y conocimiento que emanaban de su criterioso pensamiento.

Francisco, está volviendo loco a los custodios y a los responsables de su seguridad -policías, custodios y militares- con su vieja costumbre de mezclarse entre el pueblo, lo hizo en Buenos Aires donde se desplazaba en colectivo y en subterráneo, lo hizo en Roma donde se mueve con autos económicos o en las combies con el resto de los cardenales y obispos y lo hace ahora en Río donde exigió un auto mediano, un papamóvil descubierto y simple para poder decirle al chofer “pare, pare, por favor” para permitir que se acercaran los miles de fieles que se agolpaban al costado del vehículo para tocarlo, besarle la mano o alcanzarle algún niño o bebe para que él lo tocara o besara, y esto sucede en cada recorrido, sucedió en Río el primer día, sucedió en Aparecida en la segunda jornada y volvió a suceder hoy en su encuentro con los 45 mil argentinos que lo esperaron en la moderna e imponente Catedral (nueva) de Río de Janeiro, y en su recorrida por la favela Varguinha, ese contacto directo con “el pueblo” -que él tanto elogiaba en Perón y en Eva en sus charlas de café, o mate para ser más precisos de los 70 y luego en los 90- él lo palpita como algo que lo energiza y le da renovadas fuerzas corporales y espirituales.

Y es en ese contacto directo, franco y sencillo donde Bergoglio obtiene las fuerzas necesarias para profundizar aún más esa relación de amor, esperanza y solidaridad, la misma que extrañado remarcaba hoy uno de sus custodios cuando preguntaba “¿Cómo hace para no cansarse nunca?” Y la respuesta está allí mismo en ese ida y vuelta entre el pastor y su rebaño, entre el “líder religioso y su pueblo”, es en ese intercambio de quien a sus 76 años encuentra las fuerzas inagotables que le da Dios, para exponer su fe y guiar, como muy pocos lo logran, a los hombres y mujeres en el camino existente entre la Tierra y el Cielo. Y lo hace así con la humildad y sencillez de los pobres, porque él se reconoce ante todo en los pobres, y de allí viene su abrazo intelectual con la doctrina justicialista, y por lo tanto el “vive y actúa y siente como un pobre”, de ahí su sencillez, sus zapatos negros y gastados, pero no de viejos sino de trajinados, ese trajinar que lo llevaba a prisiones, a reformatorios, a hospitales, a las villas y a las capillas más pequeñas y apartadas para imbuirse del amor y la solidaridad de los más desposeídos y excluidos.

Así como fuere a diario en su profundo amor por los pobres, y en sus críticas ácidas y directas, pero siempre de frente y como un pensamiento constructivo, en estos días en Brasil Francisco el “Papa de los pobres”, ese Papa sencillo y humilde hasta el paroxismo viene dejando enseñanzas y marcando caminos: “para todos”, pueblo y dirigentes, ciudadanos y funcionarios, jóvenes y ancianos; porque tal como hoy se lo dijere a los 45 mil argentinos en la Catedral de Río “hagan lío, hagan lío, como lo van ha hacer en este encuentro aquí en Río de Janeiro, pero hagan lío siempre… en las escuelas y en las parroquias, hagan lío para movilizar a los que se quedan quietos, a los que no salen, y aquí me van a perdonar los curas… pero ustedes jóvenes hagan lío y no los dejen quedarse, porque si lo Iglesia se queda se va a convertir en una ONG y la Iglesia, ¡No es una ONG!, por eso les digo hagan lío, porque a ustedes los están discriminando. Este mundo, que corre detrás del dinero y del éxito que se muestra con la opulencia y el derroche los discrimina, porque son mayoría los jóvenes del mundo sin trabajo, y ahí los están discriminando, discriminan a las dos puntas, discriminan a los ancianos a quienes pareciere que buscan que desaparezcan, como una nueva forma de eutanasia. Por eso les pido y les digo hagan lío y no se dejen discriminar y ayuden a los ancianos, porque de ellos obtendrán la experiencia y la sabiduría, escuchen a los ancianos y no dejen que los discriminen.”

Claro, directo y conciso, como lo fuera siempre, con esa claridad y profundidad que tanto y durante tantos años les molestare a los Kirchner, esa claridad que hizo que primero Néstor y luego Cristina dejaran de asistir al tradicional y excluyente Tedeum de la Catedral de Buenos Aires, y dejaron de asistir porque les molestaba que el cardenal Jorge les enrostrara en la cara los errores y las hipocresías que cometían a diario, las medidas clientelares y con fines electoralistas, el desparpajo de su accionar y de sus descalificaciones para con aquellos que pensaban diferente a ellos, la soberbia y el aparentar, la ostentación de dinero y joyas eran quizás una de las cosas que más criticaba el Cardenal Bergoglio de la pareja en sus desplazamientos y de sus viajes, el ostentar y parar en hoteles de lujo y salir de compras por Nueva York, París, Londres, Roma o Madrid, esos gastos innecesarios y superfluos que los distanciaba en profundidad de un pueblo hambreado y que no lograba una subsistencia digna, por falta de trabajo, o por sueldos en negro o por la discriminación que realizaba el Gobierno entre trabajadores en blanco y trabajadores en negro, discriminación que él también criticaba cuando ellos dividían a la sociedad argentina y mundial entre “amigos” si pensaban y aceptaban el pensamiento de ellos, y “enemigos” si se oponían o pensaban diferente. Y más si esa calificación era llevada al campo del desplazamiento y del destrato.

Francisco en su recorrida de ayer en el Hospital San Francisco de Asís, al norte de la Capital carioca expresó con absoluta claridad refiriéndose a los traficantes de drogas: “mercaderes de la muerte”, además de cuestionar la validez de la despenalización-liberación- del consumo de narcóticos, al decir que no es con ese mecanismo que se eliminará su influencia; “la llaga del tráfico que siembra la violencia, exige de la sociedad un acto de coraje…” y postuló “No es dejando libre el uso de las drogas, como se discute en varias partes de América Latina (?), que se conseguirá reducir la difusión e influencia de la dependencia química. Es necesario enfrentar los problemas que están en la raíz del uso de las drogas, con mayor justicia y educando -refiriéndose a la necesidad de “·enfrentar” los problemas que conducen al flagelo- a todos para los valores de la vida en común”. Cada cual sabe a quien le queda el sayo: Fernando Cardozo, César Gavíria, Ernesto Zedillo, José Mujica, Aníbal Fernández… ¿Cristina Fernández? Ensayaban ayer los medios gráficos de Brasil Y así como lo hizo volverá a hacerlo durante las jornadas con la juventud, el Papa llamó a “abrazar a quien pasa necesidades para expresarle solidaridad, afecto y amor… pero no es suficiente con abrazar, debemos decirle -a quien cayó en la dependencia- te puedes levantar, puedes subir: es exigente pero es posible si lo quieres.”

Remarcó lo que expresara a la mañana en Aparecida “los jóvenes experimentan la fascinación de tantos ídolos que se colocan en el lugar de Dios y parecen dar esperanzas: el dinero, el poder, el éxito y el placer… No deben dejarse llevar por propuestas ilusorias de los ídolos del mundo. ¡Nadie puede hacer la subida en tu lugar! La travesía es larga y cansadora, pero da nuevas esperanzas. No dejen que les roben la esperanza.” Y aquí vuelve a repetir el concepto reclamado a la juventud en su encuentro de la Catedral con los jóvenes compatriotas: “Hagan lío… no dejen que los discriminen…” con este otro concepto “No dejen que les roben la esperanza…” Francisco el Papa de los pobres y el de la juventud desde hoy, expresó; “todos somos burritos, pues Jesús entró a Jerusalén en burro, lo llevó uno de ellos, nosotros lo llevamos a él por el mundo, por lo cual somos “burritos””. Despierta tanto amor, tanta admiración, justamente por su humildad y su seria demostración de pobreza que ni la lluvia persistente y continua logra amilanar a las multitudes allí por donde el pasa: fue en el ingreso desde el Aeropuerto al centro de Río, durante el recorrido por el mismo centro carioca, el desplazamiento en Aparecida, la recorrida de la favela Varguinha y desde allí hasta la Catedral donde esperaban los argentinos. Tanto en la misa celebrada en la Basílica de la Virgen de Aparecida -el santuario do Virgencita de Nossa Senhora Aparecida- como desde el balcón improvisado para que pudiesen seguir la misma la multitud que no logró entrar al santuario el Papa Bergoglio entablo siempre “un diálogo con la muchedumbre” que no para de ovacionarlo, por su estilo cercano, franco, humilde y directo, su palabra como desde siempre fue sencilla pero contundente.

“El cristiano es alegre, nunca triste. Dios nos acompaña… el cristiano no puede ser pesimista. No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama nuestro corazón se inflará de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor” Francisco retomó en su homilías lo que viene realizando y diciendo desde su llegada a Río; la problemática de la juventud, sus anhelos y angustias, en línea con el motivo particular de su viaje a Brasil. “Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer. Y con frecuencia se abre en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros. ¡Pero Dios es la verdadera esperanza porque nunca nos abandona! ¡Y la Virgen tampoco abandona a ninguno de nosotros!” El corresponsal de Folha do Sao Paulo bromeaba al caer la tarde: “El viaje del Papa a Brasil recién está promediando pero ya logro el milagro de que todos los brasileños quieran a un argentino”. Y el milagro del que habla el periodista paulista será verdad el día que los gobiernos y las dirigencias políticas imiten al pastor en tres puntos básicos: que sean verdaderamente humildes; que sepan escuchar los reclamos y las necesidades de sus pueblos, siendo menos autistas y menos soberbios de creerse que ellos están por sobre los pueblos que los han elegidos; y por último que sean verdaderamente solidarios y amantes de sus pueblos, porque son apenas servidores públicos que están para servir y no para servirse, lo que implica además de ser, parecer y aquí entra la cuestión de la ostentación que muchos hacen, ¡Y que mal hacen!


¡Quedan aún tres días, para seguir descubriendo las nuevas facetas de la universalidad de quien conocimos como el Padre Jorge, el Obispo Jorge Mario y el Cardenal Bergoglio; y todos los días nos asombra con un nuevo gesto, una nueva palabra, un nuevo discurso siempre de amor, siempre de alegría, siempre de esperanza y cargado de humildad y austeridad!

Buenos Aires, 25 de Julio de 2013.

Arq. José M. García Rozado.

MPJIRucci – LIGA FEDERAL
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