Desde Canarias: Boicot al criminal colonialismo español

Calle Pérez Gáldos 1890-1895.Exposición fotografías antiguas “Gran Canaria desconocida”. Las colecciones fotográficas de la Casa de Colón Las Palmas de Gran Canaria. Foto: Juan Ramón Rodriguez Sosa

Celebramos el solsticio de invierno que, como su propio nombre indica, señala el inicio de esta estación, una fiesta ancestral, de carácter astronómico y por lo tanto científico que se conmemora desde mucho antes del nacimiento de Cristo y que la Iglesia Católica Apostólica y Romana, la misma que condenó a Galileo a morir quemado vivo en la hoguera si no se retractaba de su demostración de que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol y no al revés, manipula para, torticeramente, hacer coincidir con el falso aniversario del nacimiento de Cristo (“No levantarás falsos testimonios ni mentirás”, reza uno de los pecados capitales de tal institución) .

No es una casualidad esta coincidencia, pues lo mismo ocurre con la mal denominada Semana Santa, otra fiesta astronómica para señalar en el calendario el primer plenilunio de la primavera y que la Iglesia Católica, etc., hace coincidir con la muerte y la descabellada idea de la resurrección de Cristo, con el agravante de que en este caso la fecha fluctúa enormemente pues unos años es en abril y otras en marzo al depender de la fase lunar. Hay muchos más ejemplos que sería prolijo enumerar.

El Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario (Movimiento UPC) se suma a la alegría de estas fiestas en cuanto al significado astronómico de las mismas se refiere, deseándoles que esta conmemoración nos libere del yugo colonial español y nos traiga la libertad, la felicidad, la dignidad y la igualdad, colonialismo responsable del expolio económico de nuestro pueblo y, en consecuencia, de la miseria, el hambre y la esterilización cultural y educativa, incluyendo el envilecimiento de la colaboradora casta política, imprescindible para el mantenimiento del colonialismo y que llevó al compatriota Víctor Ramírez a afirmar que “el castrado no odia a quien lo costró sino a quien no se deja castrar”.

El esclavizado pueblo canario, los guanches de antes y los de ahora, sostenemos el colonialismo desde el año 1402 con la caída del Rubicón en Titerroygacat (Lanzarote), lo que originó un siglo de feroz resistencia de nuestros antepasados, hasta 1495 con la claudicación de Chinet (Tenerife), colonialismo que, como una vil sanguijuela, usurpa el fruto de nuestro trabajo y las riquezas de nuestra patria, implantando un modelo económico a su servicio que implica un mercado canario cautivo de los intereses metropolitanos que impide nuestro desarrollo.

Esto ha generado ciclos agudos de la crisis crónica que padecemos desde la colonización española, ante la fragilidad de nuestro sistema económico especulativo que ha buscado siempre la generación rápida de riqueza con la intención de que esta salga al exterior inmediatamente. Hay que dotar al Archipiélago Canario de un tejido productivo que nos permita generar riqueza a medio y a largo plazo y que esta luego pueda mantenerse en el tiempo. Este tejido productivo debe sostenerse sobre varios pilares de producción y generar un proceso encadenado que lleve a nuestro país al desarrollo y bienestar sin hipotecar para ello nuestra naturaleza sino, al contrario, usando este para la generación de riqueza energética y ecológica.

En este nuevo modelo económico deben fortalecerse los sectores productivos primarios y secundarios, para alcanzar la soberanía alimentaria, acorde con las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), evitando que, como ocurre ahora, sea un único sector nuestro motor económico y social, con lo que esa dependencia exclusiva supone de inestabilidad ante fenómenos externos a nosotros.

El colonialismo introduce en nuestra patria productos subvencionados de baja calidad y precio, como lácteos y sus derivados, carnes de todo tipo y pelaje, vinos y licores, jamones e incluso frutas y verduras incapaces de competir con la calidad de los productos obtenidos por nuestros agricultores, ganaderos y pescadores para, aprovechando la miseria que el colonialismo genera y ante nuestra baja e incluso nula capacidad adquisitiva, ofertar productos a menor precio que los del País.

Bajo ningún concepto debemos adquirir estos productos introducimos por el colonialismo a través de nuestras inexistentes fronteras, pues es preferible quedarse sin comer que enroncharse y más ingiriendo esa bazofia alimentaria (recuérdese la contaminación de la colza, las vacas locas, etc.), boicot que, con coraje, debemos hacer extensivo a cualquier artículo de consumo procedente de ese país invasor (vehículos, electrodomésticos, tejidos, calzados), fijándonos detenidamente en el lugar de procedencia antes de adquirilos, recurriendo preferiblemente a consumir artículos de otros países, generalmente de mayor calidad, si el mercado no dispone de los excelentes productos del País canario.

Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario (Movimiento UPC)

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