Desde Argentina: Después de las brutales remarcaciones, ¿importamos tomates?

Se aprecia a muy simple vista la doble letra A en el billete superior contra la simple letra E del inferior

Se aprecia a muy simple vista la doble letra A en el billete superior contra la simple letra E del inferior

Volvemos a la historia de siempre, “un relato mentiroso”; para conformar una “lista de miserables 197 productos administrados” el cristinismo versión 2014 permitió primero que supermercados y mayoristas remarcaran caraduramente la totalidad de los 40 mil productos que comercializan, y recién luego “se sentaron a negociar” aquel pobre listado. Como siempre a espaldas del pueblo y de los “productores” que siguen produciendo con rentabilidad nula, mientras los “intermediarios” mayoristas y supermercadistas ganan un 400% efectuándose una transferencia de productores a intermediarios parasitarios gigantesca. “¿Este es el Gobierno nac&pop?”

Como el pueblo puede estar desinformado –gracias a la “cadena nacional de medios oficialistas o de amigos del poder”-, porque no es tonto termina comprendiendo las burradas y los ataques que este Gobierno Cristina Fernandez lleva adelante contra ese mismo pueblo al que dice defender mediante la “redistribución del ingreso”. Según un estudio llamado ”Clima Social”, la mayoría de los argentinos cree que el 2013 fue un año negativo, además, el 72,5% dijo que le costó mucho mantener su nivel de vida anterior y el 31,3% sostuvo que no cumplió con las expectativas que tenía a principios de año. Esto demuestra que aunque el Gobierno se empeñe en instalar el “relato” la realidad termina imponiéndose y desenmascarando aquel. El Gobierno está ensayando un esquema de “dos (2)” inflaciones; una la que terminó el 31/12/2013 que se le endilgará al ex Secretario de Comercio en la cual, al haber fracasado en los intentos de “congelamiento y aprietes”, desembocaron en diciembre pasado “en una suba vertiginosa de precios”, extremadamente visible en alimentos y servicios privados. Este análisis del economista Miguel Bein, muy atado a la realidad está basado en que esta “suba vertiginosa” ocurrió como consecuencia y a partir de la decisión gubernamental de permitir que las empresas intermediadoras (nunca las productoras o los pequeños productores) realizaren un verdadero y extraordinario “colchón” de precios para entrar en enero 2014 en la famosa “lista de precios administrados”, que se venía anunciando anticipadamente. ¿Es este Gobierno cristinista –con CFK en un “retiro absoluto”- infantil, tonto o estúpido? ¡Yo no lo creo!
Es más, son tan perversos, falaces y mentirosos que pretenden con esta “doble inflación” donde separan la “inflación vieja”, o sea la de Guillermo Moreno, donde no debemos olvidarnos que jugó un papel muy importante el anuncio del Ministro Axel Kicillof de que, a partir del 2 de enero de 2014, el Gobierno tenía pensado implementar y llevar adelante desde la Secretaría de Comercio a cargo ahora de Augusto Costa un “acuerdo de precios quietos por 90 días” con supermercadistas y “productores” (donde en este rubro el Estado solo incorporaba a las industrias –mayoritariamente de capital extranjero- productoras de alimentos y artículos de limpieza del hogar y personales), como no podía ser de otra manera, bastó que Kicillof adelantara el “anuncio sorpresa” para que se “entonaran abiertamente los precios” de la canasta de bienes y servicios privados, al ritmo de una aceleración de la devaluación del peso. Que no debemos olvidar que desde la llegada de Fábrega al Central ésta se aceleró significativamente pues la divisa estadounidense cotizaba a la salida de Mercedes Marcó del Pont, ex presidente del BCRA, a $ 5,85 y en apenas 40 días éste trepó a $ 6,525 bajo la “mirada atenta de la trilogía debutante”. Capitanich al inicio de su función como Jefe de Gabinete, locutor y comentarista gubernamental fijó para éste 2014, doscientas setenta y dos (272) “metas” y doscientos cuatro (204) “objetivos” , no entendiéndose muy bien –y nunca fue aclarado- qué quiso decir el ex Gobernador chaqueño con “metas y objetivos”. Roberto Cachanosky en su artículo de “Economía para todos” realiza una muy acabada interpretación de lo dicho y nunca aclarado por el Jefe de Gabinete. Pero lo que sí esta cada vez más claro es que aquellos precios de la “lista de precios administrados”, así como de la totalidad de precios restantes llegaron a un nivel muy alto a partir de la “apuesta oficial” de que después de haber subido –y responsabilizar para los tontos- a Moreno por “su mala política”, como si Moreno hubiere sido funcionario de “otro gobierno” y no del gobierno kirchnerista, con sus –hasta ahora- tres etapas bien definidas. Una primera, la del mandato de Néstor entre 2003 y 2007; la segunda la del periodo del mandato de Cristina con Néstor vivo o sea desde 2007 a noviembre de 2010; y una tercera etapa que puede, de quererse, subdividirse en dos partes una primera del mandato de Cristina Fernández luego de la muerte de Néstor y hasta la derrota “inadmisible desde su óptica” el pasado 27-O, o sea desde Noviembre 2010 hasta el pasado 27 de Octubre de 2011; y una segunda parte desde aquel momento al presente o sea desde el pasado 27-O a hoy.
Dentro del pretendido “relato de las dos inflaciones” que se pretende mostrar, aquellos valores obtenidos en esta segunda inflación podían entrar en una zona de calma en la “inflación nueva” que, además de ser más baja, comenzaría a ser medida con el acordado con el FMI “flamante y nuevo índice de precios” que se publicaría desde el INDEC semi intervenido por la gestión Kicillof en febrero de 2014 y que contendría variables, precios y mercaderías aún desconocidas. Lo que Kicillof, Capitanich, Fábrega y Cristina Fernández no tuvieron en cuenta es que las “subas de precios” fueron fogoneadas –además de por la cultura inflacionaria de nuestros empresarios- desde el mismo Gobierno al acelerar el ritmo de aumento de la divisa oficial. En apenas 40 días aquella moneda aumentó un 69% o lo que es lo mismo decir que se devaluó la moneda a un ritmo de casi un 52% mensual; ¡Si esto no es una brutal devaluación, ¿qué es?! Muy, pero muy lejos quedaron los tiempos cuando el dólar oficial era “el patito feo”, en un esquema donde estaba muy retrasado en el esquema cambiario: ahora los economistas serios lo calculan en un valor de $ 6,92 para fines de enero y en un valor muy para arriba de $ 7,15 para fines de febrero 2014. La aceleración de la devaluación, esa que Cristina nos aseveró que nunca iba a ser muy brusca, formó el núcleo central del esquema de inflar los precios de la “inflación vieja” para que la “inflación nueva” naciere con menos presiones. ¡Todo un verdadero intento de falsear la realidad, a través de un mero “relato” con pies de barro! Es indiscutible que el esquema propuesto de “dos inflaciones” alumbra “riesgos” además de alumbrar “límites”: entre los primeros –los riesgos- evidentes del “golpe cambiario” es que se dio junto a un muy fuerte “aumento de la emisión monetaria” realizada para cubrir el déficit del Tesoro nacional.
Y esto es tan así, que sin necesidad de ser economista, y simplemente de ser observador el argentino medio vive esta inmensa emisión monetaria desde el mismo momento en que el BCRA completó las series de papeles de $ 100 con la imagen de Roca (mediante los billetes comprados a Brasil y numerados en negro –no en colorado- y sin respetar el sentido creciente en su tamaño), apurándose luego la emisión de billetes de $ 50, de billetes de $20 y de $ 5, que fueron entregados a los ciudadanos en forma masiva desde el sistema bancario. Cuando esto fue insuficiente se largó el billete de $ 100 con la imagen de Evita, un billete que iba a ser lanzado con muy poca emisión y como un “billete conmemorativo” de su natalicio, y que pasó a ser uno de “curso legal”, cuando éste tuvo problemas de medidas de seguridad y de tamaño que impedían su procesamiento por los cajeros automáticos debido a falencias propias de haber sido contratados con la ex Ciccone-CVS- de Vanderbroele y Boudou y luego de la supuesta estatización –expropiación- llevada a cabo por la Presidente de la Casa de la Moneda, por expreso mandato de Cristina Fernández que observaba como “su elegido” se enredaba en corruptelas varias, aquellos billetes fueron “reprocesados” y adquiriendo la normativa necesaria inundaron la plaza. Pero como esto no alcanzaba, y viendo que Cristina no iba a aceptar la emisión de billetes de $ 200 o $ 500 –como exigía la realidad devaluatoria y la inflación presente- algún genio del Gobierno (aún no identificado gracias a que ningún periodista iniciare una profunda investigación del caso) ideó una vieja fórmula, aplicada en otros tiempos por las administraciones monetarias del alfonsinismo y del menemismo, la de “duplicar los billetes de $ 100” –el alfonsinismo lo realizó con los Australes de valor A 1.000, mientras que el menemismo, mucho más audaz “triplicó” esos mismo billetes de Austral-. Esto es simplemente visible al observar los nuevos billetes de Roca entregados a través del sistema bancario donde se observa (a diferencia de veces anteriores) que éstos “nuevos billetes” se encuentran numerados pero con “doble identificación de letra”. ¡Es verdaderamente inconcebible que un Estado engañe así a su pueblo!
Además, debemos decir que el año pasado el BCRA vivió una “realidad dual” claramente diferenciada, por un lado, tuvo que vender US$ 5 mil millones para pagar deuda, importaciones, turismo, etc., y emitió muchos menos billetes por “motivos externos”, se debe aclarar que las reservas cayeron por “fuga de divisas” nada más y nada menos que US$ 12,7 mil millones; pero por el otro lado, crecieron 44% los “adelantos transitorios” (emisión pura) del BCRA, y en 2013 aumentó un 70% la asistencia de pesos al Tesoro. Con este infernal cóctel, cada vez más parecido a un “cóctel molotov”, la “inflación vieja” tuvo suficiente combustible para crecer enormemente y encontrarse además, con subas en las naftas de más del 60% anual y de las subas en el transporte del área metropolitana que saltó un 66% para continuar dañando el bolsillo de nuestro pueblo. Medida correctamente y siendo muy optimistas debemos reconocer que esa “deuda vieja” que pretenden instalarnos desde el oficialismo cristinista supera holgadamente los guarismos de toda la década K para entregarnos una inflación anual para la “canasta básica” del 2013 en un guarismo de un 36,3%, (Graciela Bevacqua) y una inflación del IPC de 2013 que se ubica en el 28,6%, cifra récord para el período kirchnerista y sólo superada por la generada en la crisis de 2001. Para encontrar un guarismo similar nos debemos retrotraer a períodos del siglo XX, y cuando además de inflación existía estancamiento en el crecimiento nacional.
La “inflación nueva” que es un mero intento que se engarza con el “nuevo índice” de precios a nivel nacional, prometido al FMI como condición básica para que este autorice la renegociación y pago al Club de París, lo que posibilitaría reingresar a los mercados financieros internacionales y “tomar nueva deuda externa”, tiene entre otras particularidades, que debería licuar el peso de los aumentos de las tarifas públicas en la medición inflacionaria, Miguel Bein, explica que el tema pasaría en esta “nueva medición” a romper con el sistema de influencia anterior en relación al usuario ya que el rubro “Transporte, Energía y Agua (Servicios públicos)” anteriormente representaban el 8,6% de la canasta total, con lo que los aumentos registrados en diciembre 2013 se ponderarían en la “nueva medición” en apenas un 2% y donde, el transporte representa un 1,5% y Energía un magro 0,5%; o sea que por cada 100% de aumento promedio de las tarifas el impacto directo sobre la inflación medida en el IPC minorista asciende a solo 2%, así el 66% ajustado en diciembre de 2013 en los boletos de colectivo urbano –AMBA- hubiera podido darse en enero 2014 porque no solo al Gobierno Cristina Fernández le resulta ya verdaderamente insostenible la erogación del nivel de subsidios que debe abonar –nunca se terminó de investigar judicialmente cuanto de éstos va a terminar en las empresas y cuanto en los bolsillos de los funcionarios-, sino también, porque supone que tiene un “impacto inflacionario mucho menor” con la nueva forma de medición implementada, y denominada IP nacional. ¡Desde ya, que todas estas “alquimias mágicas” –denominadas por el oficialismo cálculo teórico- no evitarán el rotundo golpe al bolsillo del pueblo!
El “golpe al bolsillo de los asalariados” ya tiene, sin estas imposiciones, bastante con las sumas de los alimentos (de un 3,97% general en Noviembre y de un 5,93% propio de éstos), transporte 66% en el boleto de colectivos del área metropolitana y la actualización constante de los servicios privados (peluquería, garajes, prepagas, alquileres, educación, etc.). El otro elemento de la ”inflación nueva” es que, desde febrero, o el BCRA modera realmente la suba del porciento devaluatorio, o sube las tasas de interés en forma muy sensible, de lo contrario el Gobierno se arriesga a que ningún exportador le liquide los dólares que le son imprescindibles para parar la gigantesca sangría de las reservas, que durante 2013 descendieron hasta perforar el piso de los US$ 30,5 mil millones, perdiendo como ya dijimos US$ 12,7 mil millones. Debemos decir, que la táctica aplicada por Juan Carlos Fábrega desde el Central aparece, hasta ahora y desde su designación -40 días atrás- transparente y muy infantil: subir muy rápido el dólar hasta llegar a los $ 7,50 por unidad dólar para que a partir de marzo –cuando esperan recibir los dólares de la cosecha de maíz y más tarde las de la soja- los exportadores tengan verdaderos incentivos y muy concretos para liquidarlos. Esto que es más un deseo que una realidad palpable, ideado por Axel Kicillof y aceptado por Cristina Fernández, que así se lo indicó al Presidente del Central, acompaña un peligro concreto: que si los exportadores de granos, visualizan una devaluación del 5% mensual (un 67% anual) y con tasas de interés bancario de un magro 20% anual, muy inferiores a la inflación y al ritmo devaluatorio, éstos no se verán impelidos y mucho menos tentados a desprenderse de las divisas, y así engordar las arcas de un Estado que transpira por no seguir perdiendo reservas, sin conseguir el ingreso de inversiones que aumentarían aquellas.
Así, tanto la “inflación nueva” como el BCRA van a demandar bajar el ritmo devaluatorio del peso y adoptar la suba de tasas de interés para intentar lograr el ingreso de divisas, y de esa manera alejar el problema de la “sensación de debilidad” que hoy emana el Gobierno en materia cambiaria y de reservas. La búsqueda de dólares encarada por De Vido en Rusia, Kicillof en China y Galuccio entre las petroleras internacionales no obtuvo ningún resultado hasta el momento por lo que el Gobierno vuelve a recostarse como lo viene haciendo desde hace 5 años en la ANSeS primordialmente. Bossio –presidente de éste organismo- estuvo negociando febrilmente con Goldman, un importante banco de inversión de EEUU, para buscar convencerlos de que la ANSeS coloque bonos argentinos en garantía de un préstamo de míseros US$ 2 mil millones para engordar las reservas del BCRA. Asimismo, Kicillof impulsa denodadamente volver a los préstamos –en otra oportunidad realizada con éxito- de los bancos centrales de Francia y Brasil, también con aquel mismo fin, robustecer las reservas. Es éste el motivo del “globo de ensayo” lanzado a rodar por el corrupto de Echegaray, sobre la nueva forma de tasar las propiedades para las declaraciones del impuesto a las Ganancias, que implicaba incorporar a éste impuesto a la casi totalidad de los propietarios de viviendas pues con magros $ 305 mil de básico y con propiedades que superan siempre dicha cifra, pues apenas 30 m2 tasados en cualquier barrio de capital y el conurbano –no los más caros- a US$ 1,5 mil el metro cuadrado y un valor del dólar oficial de $ 6,525, implicarían $ 293.625 y que si se tiene un módico vehículo del año 95 se superaría cómodamente aquel básico estipulado. Pero si además le sumamos que era intención del Gobierno el subir las alícuotas hoy ya excesivamente altas de un 0,5% hasta de un 1,25% a valores que rondarían el doble de aquellas entenderíamos ampliamente la necesidad imperiosa de poder recaudar por lo menos un 30% más que durante el 2013.
Es un hecho, que la recaudación de la AFIP viene en franco descenso respecto de la inflación económica argentina, pues en los últimos tres meses de 2013 aquella, no sólo no acompañó el ritmo devaluatorio de la moneda sino que marcó un franco descenso en términos de “moneda constante” producto del constreñimiento de la demanda del consumo interno. Con pérdidas de casi US$ 13 mil millones en las reservas, con liquidación de exportaciones magras debido al ritmo devaluatorio y con una recaudación impositiva neutra a descendiente en moneda constante, el crecimiento imparable del gasto público debido a subsidios, importación de combustibles y energía, importaciones industriales y turismo nos muestran un panorama negro, ya que el déficit del gasto público de 2013 récord para ese ítem de $ 165 mil millones, o sea US$ 25,3 mil millones, tendería a crecer aún más en 2014, volviéndose imposible de ser sostenido. De aquí, las alquimias y los globos de ensayo lanzados para verificar la reacción popular a las mismas, si éstas no son importantes se avanza con las mismas –aumentos de boletos, de naftas, peajes, alimentos, etc.-, de lo contrario se las sale a negar categóricamente como lo hiciere Kicillof con las aseveraciones de Echegaray primero y de Capitanich luego. En el mientras tanto, y a la sombra de un verano inclemente que es acompañado de apagones eléctricos muy extendidos, y tapados por éstos, el equipo de Axel Kicillof avanza en el intento de retorno a las “revisiones anuales del FMI” –las mismas que negare enfáticamente la Presidente reiteradamente, comparándolas con unas muestra de “Soberanía nacional”-, como medio indispensable para empezar a dar vuelta el default de US$ 9 mil millones, ya convertidos en U$S 10,5 mil millones de nuestro pañis con el Club de París, está cada vez más claro que ahora con los dólares del campo no alcanza para mantener las reservas del Banco Central y crear condiciones para crecer.
Hace un año apenas, los economistas serios pronosticaban –como yo también lo hice aunque un poco más pesimista- que el BCRA terminaría el año con casi las mismas reservas con las que se iniciaba, o lo que es lo mismo con las mismas reservas del 2012, y la gran apuesta de aquellos, no la mía que veía un horizonte más complicado en Brasil, era que una mayor cosecha de soja y la recuperación brasileña actuarían como ”motores” de nuestro propio crecimiento. El campo argentino mermó las cosechas de granos (trigo sustancialmente, que no cubrió ni siquiera nuestro propio mercado; y maíz) y la economía del Brasil hicieron lo esperado, pero además el atraso cambiario y la “desconfianza” primordialmente, determinaron que el BCRA perdiese nada menos que US$ 12,7 mil millones en sólo un año, y así las reservas existentes no alcanzan a los US$ 30,4 mil millones, y en este 2014 la cosecha aunque volvería a jugar un papel insustituible, no resolvería el galimatías que enfrenta el Gobierno Cristina Fernández, pues los precios internacionales de los granos son cada vez peores, aunque aún altos, pero Brasil restaría en vez de sumar y el consumo interno sentirá la baja que genera en el pueblo esta sensación de que cada día cuesta más mantener el nivel de vida. El 54,3% de los consultados en un informe realizado por Jorge Giacobbe y Asociados considera que 2013 fue un año negativo, el 72,5% asegura que le costó mucho mantener su nivel de vida y el 31,3% sostiene que no cumplió con las expectativas personales que se había trazado a principios de año. Según el diario “El Cronista”, esas cifras son las más salientes del informe presentado por la encuestadora, denominado “Clima social de diciembre en la Argentina”, que se realizó online, y que tomó 500 casos. El estudio buscó reflejar cómo afecta a los argentinos el final de año, sus conductas sociales y las conflictividades que expresan, y por eso se tituló ”Clima Social”. El relevamiento diferenció, por un lado, las expectativas personales y económicas de los encuestados y, por el otro, cómo vivieron la etapa de las Fiestas. A la pregunta ¿cómo resulta el balance anual que usted hace?, el 36,7% consignó “bueno”, el 30,5% opinó “malo”, el 23,8% “muy malo” y el 8,3% “muy bueno”. De esos resultados se desprende que para el 54,3% de los encuestados el año pasado fue negativo, mientras que el 45% cerró un balance positivo.
Desagregado por edad, el informe refleja que quienes afirman que se trató de un año negativo son aquellos que superan los 61 años, totalizando el 83,9% de los votos. Los más jóvenes, de entre 18 y 35 años, en cambio, coinciden en que el año fue positivo; con el 67,6% de los votos. Respecto a ¿cuánto le ha costado este año mantener su nivel de vida?, los datos que arrojó el informe fueron menos alentadores, ya que el 72,5% respondió “mucho”, sólo el 22,2% dijo ”poco”, mientras que apenas el 4,1% optó por “nada”. En el desagregado, sorprende la coincidencia entre los sectores quienes eligen la variante “mucho”: el 82,1% de los mayores a los 61 años y el 81,7% de quienes se ubican entre los 36 y 60 años. Las respuestas no son tan contundentes frente a la pregunta ¿cómo se siente respecto de las expectativas personales que tenía a principio de año?, el 57,5% de los encuestados dice que “se han cumplido algunas”, el 20,8% opina “casi ninguna”, el 10,6% “se han cumplido todas” y el 10,5% “no se ha cumplido ninguna”. Así, las opiniones positivas sobre esa consigna alcanzan el 68,1% y las negativas totalizan el 31,3%. La pregunta también refleja una visión más pesimista de los más grandes, ya que el 50,2% de esa franja piensa que no cumplió con casi ninguna expectativa, o directamente con “ninguna”. La encuesta también consultó por sobre cómo los encuestados se sienten en su trabajo en relación a principios de 2013. La visión de los consultados, en este caso, muestra paridad considerando que el 28,4% declara estar “mejor” o “mucho mejor” y que el 36,7% opina que está “peor” o “mucho peor”. La opción que prima, de todas maneras, es “igual”, con el 32,1% de votos. Los más longevos vuelven a ser los más pesimistas, con el 56,1% para “peor” o “mucho peor”. Los más optimistas, en cambio, son los jóvenes, con el 41% inclinándose por “mejor” (28%) o “mucho mejor” (31%). En esa línea, el informe consulta sobre si “usted siente que diciembre puede afectar su estabilidad laboral”. Las respuestas son negativas, en este sentido, ya que el 63,9% cree que “no lo afecta”. A contramano, el 33% piensa que “sí lo afecta”. Los comentarios más optimistas vuelven a ser de los más jóvenes (73,4%) y los más pesimistas los mayores de 61 años (38,5%). Por último, ya consultados sobre la planificación de las vacaciones, casi la mitad (47,6%) dice que no le genera conflictos, muy por encima del 6,4% que asegura que “siempre” le genera conflictos diagramar sus vacaciones, y del 12,5% que vota por “casi siempre”.
Con las expectativas del Gobierno en un repunte del consumo interno, mientras contradictoriamente se le pretende poner un freno o tope a las demandas salariales de los gremios, que ya adelantaron que no bajarán de un piso que cubra la inflación pasada del 28,6% y con un arrastre a enero 2014 de un mínimo del 3,5% lo que daría una pérdida del valor adquisitivo del salario (sólo pérdida de la capacidad de consumo) de un 33%, las pretensiones sindicales del 30 al 35% suena mucho más que razonables aunque les pese a los empresarios, verdaderos motores del proceso inflacionario, que pretenden, como siempre descargar sus culpas en las subas salariales exigidas por los sindicatos que nunca inciden en un 100% pues solo son mano de obra, y en la enorme mayoría de los casos no superan en la incidencia un magro 30% y soy excesivamente generoso para con los empresarios, que ante versiones muy claras de pedidos de aumentos del 30% realizaron solo en diciembre un “colchón” que supera en todos los casos el 50% neto con la enorme y vergonzosa complicidad del Gobierno Cristina Fernández que “convalidó estas subas” escondiéndolas detrás de la “inflación vieja”, pero que repercuten en el bolsillo de los asalariados. El tope de un 18/20% pretendido por las centrales patronales y avaladas por el régimen oficialista son de una perversión atroz, solo vivibles durante las etapas dictatoriales de los años 55 y 76 del siglo XX. Como siempre los salarios suben por las escaleras y los precios manejados por las patronales lo hacen por los ascensores, y ahora de máxima velocidad. En este contexto, cuidar que las reservas del Central no caigan aún más, ya constituye una verdadera tarea titánica, no por culpa de los pedidos sindicales, sino debido al gigantesco gasto público, el de los subsidios, las corruptelas y las compras de energía por imprevisión y mal manejo de la política energética, y la pretendida y abrupta devaluación impuesta desde el pasado noviembre. Para terminar de complicarlo todo Argentina vive ya tres meses de ausencia de conducción, y un mes de ausencia total y absoluta por parte de Cristina Fernández, que como siempre, ante los problemas termina escondiéndose o en El Calafate o en Olivos, pero no da la cara.

Buenos Aires, 9 de Enero de 2014.
Arq. José M. García Rozado
MPJIRucci – LIGA FEDERAL –
____________________________________

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s