ACOSO A LA POLICÍA, AQUÍ O ALLÁ: ¿IDEÓLOGOS O MASOQUISTAS?

Policías españoles controlando una manifestación contra el Partido Pupular. Foto: Popicino

Miguel Leal Cruz

Hechos recientes (y no tan recientes) de enfrentamiento entre manifestantes y Policías (en cualquier lugar del mundo) nos permite aludir a estos “desacuerdos” habidos en cualquier tiempo pasado habidos aquí, allá o acullá: La Laguna, Burgos, Ucrania, Pensilvania (US) … Al respecto, desde perspectiva profesional, se mantiene que estos servidores del orden, no precisamente de clase elitista, actúan en virtud de mandato directo proveniente de autoridades políticas o administrativas, como cualquiera sabe; por tanto, son los menos responsables de los encuentros a que se alude.

En torno al anunciado libro de “Memoria Policial de Antaño” se referencia algunos certeros hechos habidos en determinada ciudad insular, como lugar de destino profesional. Intervenciones frecuentes con detenidos de compleja personalidad digna de estudio por especialistas en sociología, psicología, psiquiatría o similares, actitudes consecuencia de determinados e inusuales comportamientos contra su propia persona y derechos. En los inicios de la década de los 80 pasados, en cumplimiento de normativas policiales (y judiciales), acudían a las Comisarías diversos cuerpos de seguridad y tráfico para recabar informes o conocer antecedentes de determinados individuos, normalmente detenidos por ser presuntos autores en hechos delictivos cometidos o como sospechosos de otras infracciones penales o administrativas de diverso tipo. En aquella unidad de destino acudieron dos agentes de la Policía Municipal del lugar que acompañaban a un retenido para recabar antecedentes policiales (citados) del mismo; trámite éste que sólo era posible a través del entonces Cuerpo Superior de Policía (más tarde unificado a la Policía Armada para conformar la actual Policía Nacional) o por la Guardia Civil.

Una vez obtenidos los mismos (normalmente a través de Tenerife-Madrid-Interpol, o por el periclitado telefax más lento aún) y finalizado trámite, se participó a los agentes que la persona identificada carecía de antecedentes. Así se lo hicieron saber al en principio sospechoso y alguien le indicó abandonara las dependencias policiales sin cargos. Pero, él mismo, lejos de obedecer permaneció en el centro oficial mostrando cierta resistencia pasiva (sin tener motivo alguno para tal conducta), y al que como responsable del servicio se apremió para que marchara, incluso se le ofreció dinero (de modo particular) para que tomara un café-cortado a lo que rehusó de forma claramente provocadora. En un momento determinado y al pasar por el pasillo de acceso a las dependencias y frente a la ventana abierta que daba a la sala de servicio de los policías de uniforme (llamados armados en aquel momento), con voz elevada gritó a los allí presentes de forma soez e insultante (unos seis en total): ¡¡Ustedes lo que son es una partida de cabrones e hijos de puta…!! (textual). La reacción de los agentes unánimemente fue coger las defensas (porras de cuero con relleno de arena), y…

Se pudo controlar la situación pero con la diferencia que el individuo (ahora autor de presuntos hechos delictivos) fue oficialmente detenido, leídos sus derechos (desde aquel momento) e ingresado en calabozos acusado de “insultos a agentes de la autoridad y (aún) a Fuerza Armada”. Instruido oportuno atestado fue más tarde condenado con una considerable pena con multa. En el transcurso de la instrucción se conoció que el mismo sí tenía antecedentes por masoquista: tendencia por la que una persona disfruta al sentir dolor, o al imaginar que lo siente. En un sentido más amplio se puede considerar también “masocas” a aquellos que disfrutan provocando a fuerzas superiores con el mismo fin… Esto resulta frecuente en el quehacer cotidiano de cualquier policía del mundo.

Otro caso paradigmático por las mismas fechas tuvo lugar con el conocido presunto delincuente natural de la capital de la Isla Verde, habitual y reiterante con más de cien detenciones, apodado “Talo”, presunto homosexual y personaje que pasará a los anales más destacados en cualquiera de las instituciones policiales o judiciales por las que pasó. En una sala de fiestas del lugar agredió un miembro de la Policía Armada al que produjo lesiones graves y daños (a más del perjuicio corporativo por publicidad…)

Requerida la Policía hubo de ser reducido con arma reglamentaria (medios de alcance permitidos) con el añadido de “fuerza firme imprescindible” y detenido para ser presentado en Comisaría con los cargos de referencia. Al ser preguntado “sí quería alegar algo en su defensa” contestó “que no, sólo quería ir cuanto antes a los calabozos para dormir puesto que a él nunca le dolían los golpes” (una de las armas resultó fracturada); aspecto éste que a la vista de otros diferentes hechos por él protagonizados sí parece era cierto…”, puesto que las lesiones corporales recibidas en reyertas habidas con personas de su condición y rango eran frecuentes y conocidas allí, e incluso en esta isla de Tenerife.

En otra intervención el mismo Talo, ingresado en calabozos de la Comisaría no tuvo mejor ocurrencia que prender fuego a las colchonetas donde habría de dormir, y por la rápida intervención de la dotación policial de servicio no “murió” en el intento toda vez que fue rescatado “más muerto que vivo” por la misma dotación.

Esto es lo que había y persiste.

POLICÍA JUBILADO

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