ANTOFAGASTA “LA PERLA DEL NORTE” O EL PATIO TRASERO DE UNA PODEROSA FAMILIA CHILENA

Dresina junto a una casa de Antofagasta,: se trata de un vehículo ferroviario autopropulsado por el personal que la conduce a través de de palancas de accionamiento manual. Foto: Municipalidad de Antofagasta

En cada hogar existe un lugar en el patio donde acumulamos lo que podría resultar peligroso para los integrantes de la familia, o simplemente lo que no nos sirve. A ese lugar no le damos mucha importancia y guardamos en él los cachureos que por años acumulamos y por alguna razón no hemos querido deshacernos de ellos y están a la espera de ser desechados en la basura por peligrosos o inservibles.

En los últimos años algo ha pasado con la ciudad de Antofagasta a la cual una familia muy poderosa en Chile ha convertido en diferentes oportunidades y con distintos elementos almacenados, en su patio privado de elementos muy contaminantes y peligrosos para el ser humano, colocando en peligro la salud de todos los antofagastinos varias veces y demostrando así una y otra vez la desidia por la ciudad y sus habitantes.

Todos recordamos los cerros de color plomo de plomo que se levantaban en los patios del ferrocarril Antofagasta-Bolivia. Plomo que era llevado y esparcido democráticamente por los vientos de la perla del norte durante todo su trasporte y almacenamiento a los pulmones de los ciudadanos. Niños, ancianos y adultos sufren aun los resultados de dicho almacenaje fuera de toda norma ética, moral y técnica de país medianamente desarrollado.

Hace catorce años atrás, el Colegio Médico de Antofagasta midió el plomo en la sangre de las personas que vivían frente a las montañas de polvo gris azulado. 65 por ciento de la gente que se tomó muestras estaba contaminada y entre los afectados había 70 niños. Ante la evidencia, la Seremi de Salud de la época dictaminó que se hiciera un seguimiento de casos, que se ampliara el examen a más personas y que el plomo se fuera de la ciudad. La primera medida no se cumplió, la segunda se implementó a medias porque la toma de muestras no fue masiva, y la tercera se llevó a cabo: desde 1998 el plomo que viene en tren desde Bolivia ya no se acopia en el centro de la ciudad, sino en Portezuelo, 33 kilómetros al este de Antofagasta.

En el año 2006 nuevamente las muestras fueron tomas en los sectores aledaños al patio de acopio de Portezuelo, luego en diversos puntos de la llamada “ruta del plomo”, que atraviesa Antofagasta hasta el puerto, a las afueras de instalaciones industriales del sector La Negra, así como también en tres sectores poblacionales como Coviefi, Playa Blanca y Jardines del Sur, en todos estos lugares también quedó en evidencia una grave contaminación por metales pesados.

Por otra parte el agua de mar antofagastina contaminada con algas marinas y distribuida durante varios días a la población de la ciudad, hizo noticias nacional hace algunos años atrás, los filtros de la planta desaladora y los controles de seguridad no fueron suficientes para detectar y detener esta contaminación a tiempo. Entonces muchas voces científicas de la ciudad pusieron la voz de alerta en el sentido de que hubiera pasado con la salud de las personas, si esta contaminación hubiera presentado un peligro mucho mayor para la salud y la vida de las personas.

Las alertas que se han dado por años, sobre la calidad del agua venida de la cordillera y su contaminación con arsénico son matera frecuente de lectura en los medios de comunicación de Antofagasta. ¿Estarán funcionando o no los filtros abatidores de arsénico correctamente? ¿Debiera la norma chilena del arsénico en el agua homologarse a las internacionales?.. Son las opiniones y preguntas de doctores expertos y valientes que llevan dando la lucha hace años por proteger a la población, todos estos aspectos para nada nuevos y fundamentales en el debate.

A todos estos problemas, en el último tiempo, se suma el corte y roturas permanente de tuberías de agua y alcantarillado que periódicamente anegan casas y barrios de la ciudad revelando una crisis en la mantención de estas redes y solo una política de reparación y parche permanente del sistema.

Que los patios del ferrocarril tienen maestranzas del siglo XIX a metros del centro cívico de Antofagasta es una noticia vieja. Que estos terrenos ocupan hectáreas vitales para el desarrollo urbanístico de una ciudad que quiere mirar el siglo XXI y no puede. Que el cercado de protección que esta empresa tiene en la vía férrea, cierra por lo menos 50 calles y pasajes de diferentes características e importancia vial, dificultando el paso de vehículos de emergencia y seguridad. Que algunas de estas calles pueden ser utilizadas como vías de escape en caso de un terremoto y tsunami no solo en Antofagasta, sino que en el puerto de mejillones es información conocida también. Que el derecho a vía del ferrocarril colapsa el tránsito en calles importantes de la ciudad y en algunas partes de Antofagasta está en completo abandono y desaseo generando peligros y un paisaje devastador. Que el tren a su paso agrieta y destruye casas de antofagastinos modestos con su pesado paso y la servidumbre para dicho tren está considerada para locomotoras a vapor cuando estas dejaron de funcionar hace más de 100 años y ahora son todas eléctricas o diésel.

A veces es tanto el poder que se puede tener, que uno de los héroes máximos del combate naval de Iquique, el valiente sargento Juan de Dios Aldea Fonseca perdió su calle, un pequeño pero céntrico pasaje que tuvo su nombre por décadas que paso a llamarse Andronico Abaroa Rivero, nieto de un héroe boliviano de la guerra de pacifico. En la actualidad la memoria y epopeya del Sargento Juan De Dios Aldea Fonseca reclaman en justicia una calle principal y un broce para perpetuar su imagen. Algo similar en lo referente al reclamo de justicia y legado para las nuevas generaciones es lo que acontece con la histórica estación de ferrocarriles de Antofagasta ubicada en la calle Valdivia, que se encuentra en el más absoluto olvido, abandono y deterioro.

Ahora nuevamente Antofagasta hace noticia, de pronto muchos antofagastinos vimos con asombro, cómo se levantó una monumental estructura de metal, tipo mecano, color azul en el puerto de la ciudad para almacenar concentrado de cobre que contaminara miles de hogares paticulares, clínicas médicas, escuelas, edificios públicos, compañías de bomberos, centros comerciales, jardines infantiles, liceos y la hermosa costanera y avenida Brasil con sus magnifico y añosos árboles que tanto cuenta mantener en el norte. Otro factor a tomar en cuenta es que esta contaminación, no solo será en el galpón, porque quiéranlo o no admitirlo la contaminación se desplazara y esparcirá por todo el recorrido que este concentrado haga en el tren abordo de estos carros sellados que fueron ya adquiridos por la empresa generando una nueva ruta “la ruta del concentrado”. Estos carros que parecen féretros de color plomo, están estacionados frente a los tribunales de justicia y parecieran estar esperando un veredictico favorable.

Pero esta vez los tiempos cambiaron, la gente exige transparencia y protección de sus autoridades, las normas reclamadas por parte de la ciudadanía son más exigentes. Una legítima indignación ciudadana recorre la ciudad por algo que consideramos un atropello a nuestros derechos, más aun cuando hay otro puerto en la región a pocos kilómetros y de mejores características para albergar tan peligrosa carga y no quieren al parecer usarlo.

Como antofagastinos y habitantes de esta segunda región la reflexión que debemos hacernos es -¿Que representa Antofagasta y algunas ciudades de la segunda región para algunas grandes empresas o grupos económicos?- si creemos que por los hechos que vienen aconteciendo durante años la respuesta que nos darían es la siguiente: -“son solo un campamento cuyos habitantes, su salud y calidad de vida están subordinados a las ganancias económicas y al abaratamientos de costos de estas empresas a cualquier precio”. Entonces el momento de exigir el más básico derecho, el de la vida, ha llegado.

Ricardo Rabanal Bustos

Profesor

Antofagasta, 21 de marzo 2014

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