La vivencia de un milagro

Estatua de Juan Pablo II y la Virgen de Guadalupe en Ciudad de Mexico. Fundida con la donacion de miles de llaves. Foto tomada por Jorge Rivas y publicada por Gambarrotti

Prof. Oscar Lobo Oconitrillo
oscargdo10@gmail.com

Las circunstancias de la vida hacen darle gracias a Dios. Estimados lectores, paso a darles un testimonio que viví en el 2006.
En junio del 2006 en el Hospital México después de una colposcopia dirigida por el Dr. Flores me descubrieron un cáncer de colon. Luego me indicaron que me tenía que intérname para ser operado el 20 de julio en la mañana. La cirugía me la hizo el Dr. Bolaños con la asistencia de los doctores Araya, Solano y un maravilloso equipo de asistentes.
Mi preparación anímica recibida de mí esposa Ana Lorena, mis cuatro hijos, yernos y nuera, la familia Montero Vega y todo el ejército de compañeros de la Universidad Católica de Costa Rica, fuera de un “tanate” de amigos y ex compañeros de trabajo de Radio Fides, la Conferencia Episcopal y los vecinos.
Pero lo sorprendente es cuando uno se queda solo en las noches previas en el México, y la mañana de la cirugía y toda su preparación. Ahí mira al interior de uno y pide perdón por las ofensas a las personas queridas y pide a Dios que lo acompañe a uno en este nuevo camino de la vida.

Estando en las puertas del quirófano, volví mi pensamiento a un hombre que me había fascinado, Juan Pablo II.
Le oré en mi corazón, le pedí que acompañara a los cirujanos y el personal de asistencia en la sala de operaciones. Recordé que Juan Pablo II varias veces había pasado por lo mismo después del atentando del 11 de mayo de 1981. También recordé el Himno de Completas tomado de Lucas 2, 29-32: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz…».
Unas horas después desperté en la Sala de Recuperación… se me acercó Conchita, Jefe de Enfermería en el México, hermana de la Prof. Ana Isabel Mora, de la U. Católica… me dijo que todo había salido excelente. Recordé a Juan Pablo II y le di gracias a Dios.

Luego vino la etapa de recuperación, aunque sufrí una emergencia, pero todo salió bien… Recibía la comunión del P. Manuel Calvo cuyo papá estaba en la cama vecina. Me fui recuperando poco a poco. Luego vino el «vía crucis» de la radioterapia con el Dr. Cordero. Con el Dra. Villegas la quimioterapia oral. Ocho meses de estar viajando con Ana Lorena al Hospital México, los días de la radio… exámenes de sangre, más pastillas, más revisiones y más radiografías.
Luego, pude conseguir la oración del proceso de beatificación de Juan Pablo II «Oh Trinidad Santa…», la meditaba… le pedía al Señor por todos lo que estaban pasando lo que yo había vivido.

Un tiempo después el Dr. Bolaños me expresó que no tenía nada de cáncer… estaba curado. Me dieron de alta.
Un querido amigo sacerdote le conté esta historia, y me dijo que la contará a otras personas. Soy un milagro de Juan Pablo II.

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