El proceso de Trípoli

Las torres de Dath al-Imad, en Trípoli. Foto: Gary Denham


Por Mario Héctor Rivera Ortiz
México DF, 01.06.14.

En la mañana del 28 de agosto de 1998, el Tribunal Antiimperialista de Nuestra América (TANA) abrió la causa criminal contra los responsables de las agresiones al pueblo y gobierno de la Gran Jamahiria Árabe Libia Popular Socialista en los años ochenta y noventa del siglo XX. El proceso se llevó a cabo en los salones del Gran Hotel de la ciudad de Trípoli y fue incoado contra la administración de Ronald Wilson Reagan, presidente de los Estados unidos, sus aliados sionistas, y algunos países miembros de la OTAN, todos involucrados en el ataque aeronaval contra las ciudades libias de Trípoli y Bengazi, a más de otras provocaciones militares, delitos, todos, sancionados por el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
El juicio transcurrió del 28 al 30 de agosto y el Tribunal estuvo integrado por su Presidente Internacional, Dr. Guillermo Toriello Garrido; la Secretaría permanente, representada por los doctor Ahmed Elsuni Hammed Elalaqui (Secretario) y Muktar Kalifa (Vicesecretario); la acusación pública a cargo de los abogados representantes del pueblo libio, los doctores Raya Amsalem, Abdul Salam Arafa, Ali Alnesjek y Mohammed Elalaqui; catorce magistrados y un abogado defensor de oficio.
Asistieron también como observadores, dos representantes de la Asociación Americana de Juristas (AAJ) y dos delegados del Consejo Mundial de la Paz (CMP), organizaciones internacionales que fueron co auspiciadoras del juicio.
Al abrirse la primera sesión el Presidente, (dirigiéndose a toda la concurrencia) preguntó si alguien de los presentes deseaba recusar a algún miembro del Tribunal, pero no hubo ninguna mano, ni voz que se levantara en tal sentido.
A continuación el Presidente dio a conocer al público y a los medios de comunicación allí presentes los derechos y garantías de que disfrutó la parte inculpada, a saber:
a) Fue enviado con antelación un citatorio y copia del acta de acusación a través de la Embajada de Bélgica en Trípoli, cuyo personal aceptó de viva voz haber recibido los documentos referidos, además se envió otra copia por la vía fax, dirigida al presidente de los EEUU, a la Casa Blanca, en Washington.
b) El juicio fue público y pudieron asistir diplomáticos, trabajadores, intelectuales, estudiantes y gentes sencillas del pueblo.
c) En vista que la parte acusada no estuvo presente, ni designó representante alguno, el Tribunal nombró un abogado defensor de oficio y todavía, al abrirse la sesión, el Presidente preguntó a la concurrencia si no estaba presente algún representante de la parte acusada que hubiese llegado a última hora, pero nadie respondió a su pregunta.
En fin, se cumplieron todos los requisitos exigidos por la jurisprudencia moderna civilizada, de los que, por cierto y por ejemplo, nunca disfrutaron los presos afganos secuestrados en la prisión clandestina de Guantánamo durante su largo cautiverio.
El Presidente (dirigiéndose a los abogados que fungían como fiscales del pueblo libio) dijo: ruego a Uds., dar lectura del acta de acusación.
En respuesta los abogados de la fiscalía realizaron una amplia exposición de los fundamentos que de hecho y de derecho sustentaban la acusación, solicitando finalmente que el tribunal dictara una severa sentencia condenatoria, dado el carácter terrorista de las acciones realizadas por las fuerzas militares que servían a los acusados y su condición establecida de reos convictos y confesos de los cargos que se les formulaban.
En seguida el Presidente solicitó a la parte acusadora que mostrara las piezas de convicción acumuladas y la confesión de Ronald W. Reagan, en relación con los hechos reclamados.
La parte acusadora procedió a tal efecto:
● El bombardeo de la flota y la aviación yanqui, perpetrado contra las ciudades de Trípoli y Bengazi en la madrugada del 15 de abril de 1986, bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo internacional.
● Los 226 ciudadanos libios heridos hospitalizados y las 41 víctimas mortales causadas en dicho bombardeo.
● Los grandes daños materiales ocasionados a las ciudades bombardeadas, mismos que ascendieron a un total de 11.268.613, 917 dinares libios, sin contar el reintegro de los fondos públicos y privados libios, congelados arbitraria y unilateralmente por el gobierno de los Estados Unidos.
● La guerra sicológica, el espionaje, el sabotaje, la desinformación y los múltiples intentos de desestabilización contra la Jamahiria Árabe Libia, Popular Socialista.
● La realización persistente de maniobras aeronavales “rutinarias”, en las aguas del golfo de Sirte, mar interior libio.
● La utilización de la fórmula “terrorismo internacional” para criminalizar la resistencia de los pueblos agredidos por los imperialistas norteamericanos y europeos, quienes utilizan sistemáticamente el “terrorismo de Estado” como forma predilecta de agresión.
● El uso del hampa mercenaria, uniformada por la OTAN y en ocasiones cobijada con la bandera de la ONU, para desplegar las guerras de “baja intensidad” en contra del Tercer Mundo, tal y como lo estableció el llamado “Informe Ike”.
● La adopción por parte de los EEUU de medidas que configuran un bloqueo económico y cultural contra Libia, a partir del mes de marzo de 1983.
● Y todas las acciones terroristas anteriores con el fin de restablecer en Libia, en el Magreb, en el África Negra y en Asia, la dominación colonial extranjera mediante la destrucción de los Estados-nación (balkanización), sus gobiernos, sus líderes, sus instituciones, sus infraestructuras y su moral.

Los abogados de la fiscalía, cubiertos con su clásico albornoz blanco, al terminar de enunciar los cargos principales contra los reos convictos y confesos, preguntaron:
Ahora bien, hermanos miembros del Tribunal, ¿por qué se trata de acusados “convictos”?
Porque la culpabilidad de R. W. Reagan fue demostrada con pruebas irrefutables que incluyen ciudades bombardeadas, testimonios, aviones y cascos de pilotos norteamericanos derribados por la defensa antiaérea; porque el cuerpo del delito fue objetivizado con los 226 heridos hospitalizados y los 41 muertos en el bombardeo de Trípoli y Bengazi y por los daños materiales causados en los complejos residenciales, hospitales, mezquitas, albergues y embajadas, incluido el domicilio privado del jefe de gobierno.
¿Por qué “confesos”?
Porque el 15 de agosto de 1988, en su discurso ante la Convención del Partido Republicano, celebrado en Nueva Orleans, R.W. Reagan, presidente de los Estados Unidos, declaró textualmente refiriéndose al bombardeo de Trípoli y Bengazi: “asestamos un golpe firme contra el terrorismo libio”, además de los votos de los EEUU e Israel en la Asamblea General y en el Consejo de Seguridad de la ONU, siempre defendiendo la impunidad de su política terrorista.

Concluida la intervención de los abogados acusadores el Presidente preguntó: ¿Tiene alguna objeción el abogado defensor?
-Ninguna, señor Presidente.
A continuación y a lo largo de las sesiones del Tribunal desarrolladas los días 28 y 29 de septiembre, se desplegó la declaración de testigos y peritos militares y un gran debate en el que participaron los magistrados, los testigos, los expertos en Derecho Internacional en el que se comprobó la responsabilidad penal de la parte acusada.

Finalmente en la última sesión del Tribunal, en la mañana del día 30 de agosto, el Secretario, pidió silencio en la sala y anunció que se daría lectura a las Resoluciones finales y a renglón seguido el Presidente del TANA pronunció la sentencia correspondiente:
El Presidente: Atendiendo a los elementos anteriormente expuestos por la parte acusadora y en nombre de los pueblos de nuestra América y el voto unánime de sus miembros, el TANA considera como establecida la responsabilidad absoluta de los acusados y por lo tanto RESUELVE:
a) Condenar al gobierno de Estados Unidos y, en particular, al presidente Ronald Wilson Reagan y a sus aliados sionistas y europeos, por sus acciones terroristas y agresiones de todo tipo, ejecutadas en perjuicio de la Jamahiria Árabe Libia Popular Socialista y que además, ponen en grave peligro la paz y la seguridad en la Zona del Mediterráneo y en el mundo.
b) Exigir al gobierno de los Estados Unidos y socios el cese inmediato de toda agresión, coerción y amenaza contra la JALPS y el retiro inmediato de la Sexta Flota de la región.
c) Establecer el derecho de la JALPS a ser indemnizada por los daños y perjuicio señalados ut supra.
El presidente continúa:
De igual manera el Tribunal resuelve que esta sentencia sea firme, definitiva, inapelable e imprescriptible y que deberá ser cumplida de inmediato en todas sus partes…

Y para que así conste firman el Presidente Internacional del TANA, los catorce magistrados, los abogados de la fiscalía, los miembros de la Secretaría y el defensor de oficio.

Dada en la ciudad de Trípoli, capital de la JALPS, a 30 de agosto de 1998.

CC. para el coronel Muammar El Gadhafi, líder del pueblo libio, al Consejo Mundial de la Paz, a la Asociación Americana de Juristas, a la Asamblea General de la ONU y a la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

P.D. Años después de pronunciada la histórica sentencia del TANA, como había previsto Muammar El Gadhafi, los delincuentes condenados en Trípoli murieron impunes en sus camas y sus herederos siguieron y siguen añadiendo a los crímenes realizados entonces, una cadena interminable de actos terroristas que masacran el Magreb, parte de Asia y del África Negra. Hoy Muammar El Gadhafi está muerto físicamente, pero el veredicto del TANA de 1988 no ha sido sobreseído y aún espera que alguien lo haga efectivo.

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