Los plátanos y la nada

Santa Cruz, capital de isla de La Palma, Canarias. Foto: Miquel González Page

La otrora floreciente Benawaré (ex La Palma) ha sido vilmente depauperada por el colonialismo español hasta la extenuación: un incipiente sector turístico completamente arruinado, con su capacidad alojativa infrautilizada e incluso cerrada, al igual que ocurre con la restauración, específicamente la espléndida gastronomía local.

Otro tanto sucedió con el sector primario, pues la cabaña ganadera brilla por su ausencia, hasta tal punto que las escasas ferias de ganado que se siguen celebrando se realizan con los mismos animales, como si de nómadas o trashumantes se tratara, desplazándose de feria en feria, en un melancólico e interminable circo.

La agricultura, que llegó a suministrar importantes mercados internacionales, baste recordar los malvasías que consumía la Inglaterra victoriana o las 4.000 pipas de vino, según narra el ingeniero Torriani en su libro “Descripción de las Islas Canarias”, “para transportar entrambas Indias”, actualmente no es capaz de abastecer el consumo interno, por lo que se necesita importar carne, tomates, lechugas y un sinfín de productos de primera necesidad.

El desempleo galopa desbocadamente, acercándose al cuarenta (40) por ciento de la población activa y sobrepasando el setenta por ciento en los jóvenes, con niveles de miseria jamás vistos, aumentando la conflictividad social a medida que lo ha hecho la hambruna, llegando algunos cosecheros a instalar alarmas y cámaras de vigilancia en las plantaciones, por ejemplo de aguacates, para evitar el saqueo de la desesperada población.

Pese a algunos nostálgicos del régimen colonial, como el patético ezbirro al servicio del colonialismo y presidente del Cabildo Insular de La Palma, Anselmo Pestana, que aboga por dedicar el recién desalojado acuartelamiento del ejército metropolitano en Breña Baja a la instrucción de soldados de países integrantes de la OTAN, ninguneando, antidemocráticamente, la decisión tomada por el pueblo canario en el referéndum celebrado el 12 de marzo de 1986 de no pertenecer a esa organización militar y militarista, recordándonos al desaforado grito del marqués de la Oliva en Fuerteventura “que traigan a la legión”, pese a eso, decimos, la buena noticia es la retirada del ejército español de ocupación colonial de la isla, sometida en el año 1493, después de una feroz resistencia iniciada en el año 1447 cuando los awaras, liderados por el héroe nacional y Jefe de Cantón Echedey, le infligieron la más severa derrota jamás sufrida por los invasores en la ejemplar batalla de Tahuya, que retrasó casi medio siglo la claudicación de Benawaré.

La religión fue suplantada por el Cristianismo, imponiendo la nueva idolatría en los lugares sagrados de culto de los awaras, aunque basta una simple mirada para comprobar como la capital de la isla, Tedote, está orientada al Este, el lugar por donde primero se hace visible Magec, el Sol, al que adoraban, orientación reproducida por las pirámides construidas en dirección al aeropuerto.

La misma suerte corrió el ancestral idioma awara hablado y escrito, suplantado por el castellano, pero que en el corto periodo de diez años será recuperado en su integridad, no sólo por el interés que tiene interpretar los descubrimientos que subyacen a las inscripciones sino por tratarse de un patrimonio imperecedero de la humanidad.

El sometimiento del pueblo awara supuso la destrucción de su cultura y costumbres, de su sistema educativo y científico-tecnológico, buena parte del cual quedó grabado en los numerosos yacimientos dispersos por toda la isla, cuando no saqueados por coleccionistas particulares e instituciones públicas, cuyo descubrimiento más significativo fue probablemente la determinación de la estructura espiral de la Vía Láctea, galaxia que alberga al Sistema Solar en uno de sus brazos, visible fundamentalmente en las noches veraniegas, como ha quedado constancia en las numerosas inscripciones en espiral que realizaron en casi todos los observatorios que dedicaban a la Astronomía, desde Belmaco hasta la Zarza y la Zarcita, sin olvidar el Roque de los Muchachos.

La incipiente descolonización, ese concepto que no resulta fácil de entender en teoría y probablemente si en la práctica, implica el inicio de la liberación del territorio awara, en el que todo está por hacer. La labor es inmensa pero apasionante, pues hay que reconstruir la sociedad y la isla entera, tanto en los aspectos económicos, como políticos y socio-culturales.

La tarea es ingente, en ella venimos trabajando desde hace tiempo y no sobra nadie e invitamos a participar en la misma a nuestros paisanos, integrándose, apoyando y colaborando, cada uno en la midida de sus posibilidades, para levantar una sociedad libre del yugo colonial, constituyéndonos en una República Democrática Federal, en la que ninguna isla prevalezca sobre las demás y el derecho a la libertad, a la felicidad, a la dignidad, a la igualdad y a la identidad sean derechos que amparen por igual a todos los seres.

Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario (Movimiento UPC)

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