El matrimonio gay y los niños

Ya las parejas gay pueden casarse en el Estado de la Florida y cada vez más Estados aprueban esta nueva ley trascendental, capaz de transformar instituciones familiares. Las parejas gay han luchado por muchos años para unirse legalmente y poder reclamar derechos que tienen las parejas heterosexuales. Creo que estas parejas deben ser respetadas y protegidas como personas, es justo que puedan reclamar herencias, seguros, que tengan beneficios del seguro social y puedan disfrutar de la igualdad de derechos de una pareja. Sin embargo, el matrimonio es la antesala para que puedan adoptar niños.

Hay personas que están a favor y otras en contra. Yo estoy de acuerdo con que legalicen sus uniones, pero en contra de la adopción de niños por varias razones. Primero que todo, aclaro que no estoy en desacuerdo por la sexualidad, sino porque creo que el padre y la madre tienen roles diferentes y complementarios, muy importantes en la crianza de los niños. Por eso, aunque un niño se crie en un hogar con papá y mamá y se divorcian, el niño o niña se cria en un hogar disfuncional porque falta el rol del padre o de la madre, según sea el caso. Aunque los niños se críen con la madre quien muchas veces hace el papel de ambos padres, ya que la mujer tiene ventaja, y es que el amor en la mujer es el más grande que existe entre los humanos, jamás el hombre llegará a amar como ama una mujer; siempre hace falta la figura paterna para el desarrollo integral de los niños.

Creo que otro gran problema es el hecho de que los hombres por su naturaleza son más infieles e inestables, cambian más de pareja que la mujer y a los niños les afectaría y sufrirían más todavía por la inestabilidad y divorcios, además de los efectos de una crisis de origen en la adopción, destruyendo no solo los conceptos de maternidad y paternidad, sino también los conceptos de la monogamia, sacrificio y compromiso.

Otras consecuencias que se han observado, son que al criarse con padres del mismo sexo, les afectaría su identidad sexual, ya que la preferencia sexual no constituye una identidad, creándole inseguridad, confusiones, trastornos afectivos, sociales e intelectuales. Además, complejos y traumas para toda la vida en sus relaciones con los demás. Desgraciadamente, algunos se sentirían incomprendidos y rechazados. Por lo tanto, creo que el bienestar y futuro de los niños está muy por encima de los deseos y preferencias sexuales de los adultos. Los niños también tienen derecho a un padre y una madre, a una familia y a un matrimonio normal, debemos respetarlos, defenderlos y protegerlos. Ya serán adultos, decidirán y también reclamarán sus derechos, algo humano, justo y necesario.

Elsa I. Pardo,
Socióloga

Miami

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