Argentina: ¡Otra vez sopa! CFK y la distracción!

PARTE 1ª.

Cristina Fernández habló en cadena nacional ayer lunes 26/01, una semana después del fallecimiento de Alberto Nisman, en la misma hizo polémicas declaraciones. La presidente Cristina Fernández (quien no envió condolencias a la familia de quien fue un funcionario público designado por la Procuración General a pedido de Néstor Kirchner contra lo que ella explicó) anunció que convocará a sesiones extraordinarias en el Congreso para tratar un proyecto que apuntaría a “transparentar” (?) los servicios de inteligencia, por el cual se impulsará la “disolución” de la Secretaría de Inteligencia (SI), a fin de que sea reemplazada por la “Agencia Federal de Inteligencia”, con nuevas funciones. ¡No es la primera vez que ocurre algo semejante! Ya Raúl Alfonsín creó la “Central Nacional de Inteligencia” como instancia superadora de la Secretaría de Inteligencia de Estado. ¡Y no funcionó porque el deseo de espiar al opositor doméstico fue más fuerte que todo…!
Como no podía ser de otra manera, la Presidente se desentendió de todo lo que ocurrió y como una “simple comentarista” ahora nos viene a contar más mentiras –entre ellas que Néstor no impulsó a Nisman, o que quien le avisó de la muerte no fue Berni- y banalidades, pero lo grave institucionalmente es que Cristina Fernández pretende nuevamente “correr el eje de lo sucedido, y para eso habló de crear una nueva Agencia Federal de Inteligencia”, como si esta medida inoportuna y fuera de todo lugar por ser impulsada por un régimen en franca retirada y con apenas 6 meses de vida política, pues luego de las PASO nacionales se conocerá prematuramente quienes compondrán las nuevas cámaras legislativas y por lo tanto la mitad de los actuales dejarán de pertenecer a ellas ilegitimando todo aquello que ahora de apuro voten, como una nueva “maniobra para autogenerarse impunidad”, que es en definitiva lo único que le interesa a Cristina y a su entorno inmediato, todos ellos muy cercanos a denuncias penales por corrupción desenfrenada o, lo que es mucho más grave aún por el delito de “alta traición a la nación” por causas como el encubrimiento y desincriminación de delincuentes terroristas, hasta la entrega del territorio nacional como está sucediendo con Chevrón en Vaca Muerta y el observatorio interplanetario chino que se construye sin “autorización de las cámaras legislativas” que deben avalarlo.
En diciembre pasado explicábamos que La cúpula de la Secretaría de Inteligencia (SI, exSIDE) cambió con la renuncia de su titular, Héctor “Chango” Icazuriaga, y el nº2 del organismo, Francisco “Paco” Larcher. Según se informó oficialmente, los renunciados funcionarios serán reemplazados, respectivamente, por el hasta ahora secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el hoy jefe de Gabinete del ministerio de Justicia, Juan Martín Mena, un notorio camporista. Una catarata de especulaciones se tejieron alrededor de la abrupta salida de los mandamases de los espías, hombres que fueron muy cercanos a Néstor Kirchner desde los tiempos de Santa Cruz. “La fractura dentro de la exSIDE por diversos motivos es la versión que más sustento tiene por estas horas de sorpresa”, era la noticia. Y se cree que la gota que rebasó el vaso fue la entrevista que Antonio “Jaime” Stiusso, un icónico agente de la inteligencia argentina, le concedió a la revista Noticias y en la que denunció que el asesinato del agente de la SI Pedro “Lauchón” Viale fue producto de una causa “armada”. “Si te arman un operativo para entrar a tu casa a matarte, es un tema que no me tendría que preocupar a mí nada más. Otro día te eligen a vos y punto. No hay que quedarse con que fue “El Lauchón”, hay que mirarlo con el método. Hay que analizar el método que utilizaron. No sé si me explico, porque si vos leés el fallo del juez que mete en cana a los policías, no había escucha, no había motivo para ir, no había esto, no había lo otro… o sea, te está diciendo: está armado”, le dijo Stiusso a la revista “Noticias” en un reportaje publicado en su edición de principios de diciembre 2014.
Algunos creen que el asesinato del “Lauchón”, abatido por efectivos de la Policía Bonaerense en un confuso episodio, fue una bisagra en la historia de las peleas dentro de la Secretaría de Inteligencia. En la entrevista Stiusso reconocería que Viale era uno de sus hombres. Las rispideces estarían explicitadas en dos ”líneas” dentro de la institución. Una de ellas era la que encarnaba el tándem Icazuriaga-Fernando Pocino, este último un aliado de Nilda Garré –la protectora de César Milani como espía- cuando era ministra de Seguridad. La otra ”línea” era la que componían Larcher y Stiusso. Ésta era la que generaba particular desconfianza en el principal despacho de Balcarce 50. Sobre todo por Larcher, quien mantiene una amistad con Sergio Massa desde antes de su llegada al edificio de 25 de Mayo 11. Según contaban, para graficar la cercanía, cuando Carlos Tomada llegó al ministerio de Trabajo en 2003 él mismo “pidió la cabeza” de Massa, quien estaba a cargo de la ANSES, nombrado allí por Eduardo Duhalde. Pero fue Larcher quien convenció a Néstor Kirchner de que el hombre de Tigre permanezca en el cargo. Por esta relación es que en el oficialismo creen que Larcher convenció a Cristina Fernández en la inminencia de las elecciones de 2013 que Massa no iba a ser candidato. Luego no sólo lo fue, sino que se pasó a la oposición y derrotó al FpV en el principal distrito electoral y hoy es el que las encuestas muestran como el principal candidato a Presidente para 2015. Entre otros de los motivos a los que se atribuyen las (más recientes) peleas internas en la exSIDE es la pérdida de terreno en manos de aparatos de inteligencia alternativos, como los del Ejército con el General Milani a la cabeza y la Policía Federal. Más confianza que en Larcher la Presidente tiene en el general César Milani y el secretario de Seguridad, Sergio Berni, a los que les encomendó la recolección de información desprovista de los efectos de cualquier interna.
En este contexto, los observadores entienden que el ascenso de Parrilli como jefe de la exSIDE es la confirmación del relego a 2do plano de la Secretaría de Inteligencia y que se trata de la inauguración de una etapa de transición hacia el nuevo gobierno. Tras conocerse ese martes 16/12 la salida de Héctor Icazuriaga de la Secretaría de Inteligencia, y su reemplazo por Oscar Parrilli y el regreso al gabinete de Aníbal Fernández, desde la oposición consideraron que el cristikirchnerismo busca reforzar a la ex SIDE frente a “jueces y fiscales envalentonados” Patricia Bullrich calificó a los cambios como “una clara muestra de necesidad, porque el Gobierno siente que ha perdido el control sobre los jueces federales y directamente se los quiere llevar adelante a partir de la ex SIDE”. “La Presidenta necesita operadores de alto voltaje político para intentar poner en caja una situación que se les disparó”, dijo Bullrich en aquella oportunidad. Por su parte, Laura Alonso relacionó los cambios a “la desesperación, en los últimos días, por parte de la Presidenta sobre su situación judicial”. Para Alonso, desde el Ejecutivo habrán advertido que “hay jueces y fiscales demasiados envalentonados”, uno de ellos terminó resultando Alberto Nisman, y “estarán convencidos que mucha de las causas que se han ventilado, información sobre sus sociedades, venía de la Secretaria de Inteligencia”. Alberto Roberti, diputado del Frente Renovador consideró que la designación de Oscar Parrilli al frente de la Secretaria de Inteligencia y la de Aníbal Fernández como su sucesor, significan “el regreso a la concentración más absoluta de la política y a las decisiones más radicalizadas”. Y lanzó: “El regreso de Aníbal Fernández a la Secretaría General de la Presidencia es un cachetazo a los valores de las buenas costumbres, la educación y la cultura”.
A qué viene ahora el recordar lo que dijéramos en el mes de diciembre, sino a nada más que a “refrescar memorias y acontecimientos” que ayer eran importantes, pero hoy y a la luz de las nuevas tragedias nacionales se vuelven cuasi premonitorias. Cristina Fernández reorganizaba los sistemas de inteligencia para “recapturarlos en su propio beneficio”, y para eso colocaba a Parrilli y se entregaba a Milani como verdaderos “garantes de su impunidad a futuro” luego del otorgamiento de poderes cuasi extraordinarios –ahora aumentados exponencialmente- a la Procuradora ultracristinista Gils Carbó; pero todo ello se vino abajo con el asesinato (ver nota del Informador Público de Alesia Miguenz “Nisman fue “ejecutado” de rodillas en el suelo del baño y así lo confirmarían la autopsia y pericias balísticas”) de Nisman ocurrido el pasado domingo 18 de enero, que expuso las falencias del Gobierno y las falacias de la Presidente de la Nación. ¡Todo un cúmulo de traiciones, actos criminales y simples palabreríos para sacarse “el muerto de encima”! Y además una Cristina Fernández que volvió definitivamente por los fueros, mostrando nuevamente su verdadera cara y sus intenciones de seguir redoblando la apuesta y el “vamos por todo” que incluye el hacerlo a “cualquier costo, muertes y asesinatos incluidos”.
Miguel Ángel Toma ex secretario de Inteligencia de Eduardo Duhalde, tras los cambios anunciados en diciembre, decía: habrá “una fuerte presencia de La Cámpora” en esa cartera. En declaraciones radiales a “La Once Diez”, Toma señaló que el principal problema de la Secretaría de Inteligencia “era Francisco Larcher”. “Lo que ha ocurrido es que la Presidenta decidió remover a [Héctor] Icazuriaga y a [José Francisco] Larcher, principalmente la figura de Larcher”, remarcó el ex funcionario y señaló que uno de los motivos de este desplazamiento fue “la desinformación que sufrió la mandataria con el lanzamiento de [Sergio] Massa”. “Era obvio que había una desconfianza de la Presidenta, de sus jefes del área de Inteligencia”, insistió Toma. En tanto, aseguró que la Secretaría ahora contará “con la presencia de un joven de La Cámpora, que es Juan Martín Mena, quien asumirá como segundo”. En ese entonces se dio a conocer que Oscar Parrilli fue designado como nuevo titular de la Secretaría de Inteligencia, tras la renuncia de Héctor Icazuriaga, y su lugar en la Secretaría General de la Presidencia será ocupado por el senador Aníbal Fernández. Las “renuncias” de Héctor Icazuriaga y de Francisco Larcher cayeron de maduro y la gota que rebalsó el vaso fue la nota que dio el Director del Servicio de Inteligencia, Jaime Stiuso, a la revista “Noticias”, considerado “enemigo” en la Rosada y en los servicios del ejército fue leída como una amenaza. ¿Colaboraban ellos con los “secuaces”, según designara CFK, del Poder Judicial? Esto analizaron varios matutinos porteños esa mañana: “La Nación”, publicaba “Una secretaría atravesada por feroces intrigas de poder”, firmada por Mariano Obarrio: “En el Gobierno buscaron presentar el descabezamiento de la Secretaría de Inteligencia (SI, ex SIDE) como una cruzada anticorrupción contra los malos espías. Pero el trasfondo real parece ser el clima feroz de intrigas en el organismo. Cristina Kirchner se había enfrentado con el ahora ex subsecretario del área, Francisco “Paco” Larcher, un ex kirchnerista furibundo, y con la línea profesional de la SI que encabeza el director general de Operaciones, Antonio “Jaime” Stiusso. Los hombres de Cristina Kirchner en la ex SIDE eran el ex titular Héctor Icazuriaga y el director de Reunión Interior, Fernando Pocino. Pero el organismo estaba, operativamente, en manos enemigas: Larcher y Stiusso. Con el recambio, ella quiere “recuperarlo”.
“Para obtener información, Cristina confiaba más en el jefe del Ejército, teniente general César Milani, que controla la inteligencia estratégica militar. Icazuriaga había perdido el control de la SI. Pocino reportaba a Milani y éste a Carlos Zannini, secretario legal y técnico y mano derecha de Cristina. Por eso Milani consolidó ayer su poder. La Presidenta sospechaba que Larcher, ex incondicional de Néstor Kirchner, y sus amigos colaboraban con los que ella llamó “secuaces” del Poder Judicial, que eran los jueces que con sus investigaciones judiciales preocupan a Cristina, a su familia y a sus funcionarios. Los agentes históricos, que veían en Larcher a un protector, mascullaban ayer que el Gobierno los quiere culpar del avance del narcotráfico. Le apuntan al ex diputado Miguel Bonasso, un detractor de ellos. “La «Casa» no está para una purga como la de 2001. Que sean cautelosos”, insinuó uno de ellos. Ése es el clima que se vive en la Secretaría. Temen que la nueva gestión de Oscar Parrilli descabece, luego de Larcher, a históricos como Stiusso y como el director de Análisis, Alberto Massino, hombres clave en el manejo de información. En la Casa Rosada anticipan que podría desembarcar La Cámpora de la mano de Leandro Parrilli, hijo de Oscar. Cristina y sus allegados culpan a la ex SIDE de la filtración de información que terminó en las causas de la “pista del dinero K”, de Lázaro Báez, de lavado de dinero y de los hoteles de la familia presidencial. “Los jueces están impulsados por un sector de la ex SIDE que tiene vínculos con abogados y operadores en la Justicia”, dijo a LA NACION un alto funcionario. El propio kirchnerismo, en tiempos mejores, tenía en Larcher a un operador clave en la Justicia. Pero ahora Larcher no es K y ése es el problema. En 2013, Cristina lo acusó de ocultarle que el ex intendente de Tigre Sergio Massa se lanzaría como candidato a diputado. La sorpresa confundió a la Presidenta. Massa ganó la elección y es candidato presidencial. “Larcher es ahora hombre de Massa. Se conocieron cuando éste era jefe de Gabinete de Cristina”, dicen con bronca en Balcarce 50.
“A Icazuriaga lo echaron por no saber resolver esas intrigas, pero no está bajo sospecha. Su reemplazante, Parrilli, leal a Cristina, intentará poner a la SI bajo control político. El sustituto de Larcher, Juan Martín Mena, jefe de Gabinete del ministro de Justicia, Julio Alak, conoce mejor el mundo de los jueces y las leyes. Intentarán una paz en el Poder Judicial (…) El hombre a batir era Larcher. La ruptura entre Cristina y la dupla Larcher-Stiusso se produjo en 2012, cuando el Gobierno firmó el pacto con Irán por la causa AMIA. Stiusso había investigado la pista que terminó en la acusación del fiscal Alberto Nisman a ocho ex funcionarios del régimen iraní. Esa investigación tuvo colaboración de servicios extranjeros como el Mossad y la CIA. Stiusso y los suyos se sintieron desacreditados. En 2013, se produjo el extraño asesinato de Pedro Viale, apodado “el Lauchón”, oficial de inteligencia en narcotráfico y de confianza de Stiusso. Nadie aclaró nunca esa muerte, perpetrada en un inusual operativo de la policía bonaerense. En septiembre último, Cristina acusó públicamente a la ex SIDE de filtrar información al diario Clarín sobre un supuesto empresario tunecino sospechoso de planificar un atentado contra ella, que había denunciado días antes amenazas de muerte de la célula terrorista ISIS. Indignada, dijo que si la cuidaban ella debió ser informada antes que Clarín. El mensaje era para Larcher y sus aliados. “Si me pasa algo no miren hacia Oriente, miren hacia el Norte”, dijo. Cristina considera que sus descabezados tienen relación con Estados Unidos. También son “secuaces” del imperio.”
“Clarín”, explicaba en la nota “Combatir a los jueces y apuntalar el relato”, por Eduardo van der Kooy: “(…) La operación presidencial en la Secretaria de Inteligencia arrancó a casi los últimos sobrevivientes del poder que compartieron la vida y las correrías de Néstor Kirchner. Se fueron Néstor Icazuriaga y Francisco Larcher, hombres de distinta reputación pero atraídos por el ex presidente a ese universo donde supo hacer cohabitar a pocos “ángeles” con muchos demonios. Icazuriaga estuvo al comando de la SI, ex SIDE, desde diciembre del 2003. Reemplazó a Sergio Acevedo, que renunció para convertirse en gobernador de Santa Cruz. En ese lugar, por oscuridades administrativas –resistió el pago de sobreprecios en obras públicas impulsadas Julio De Vido–, rompió para siempre su relación con el matrimonio presidencial. El arribo de Parrilli al sillón de Icazuriaga no refleja, tal vez, la verdadera dimensión de la maniobra dispuesta por Cristina. Difícilmente el ex secretario posea la talla para ordenar un organismo de unos 2.500 agentes encubiertos convertido en diáspora, básicamente, por tres razones: el pacto rubricado con Irán que desairó todos los trabajos de la ex SIDE sobre la pista iraní por el atentado en la AMIA; el papel que, a partir de ese instante, se concedió a Milani como jefe del Ejército para realizar espionaje interno; la política partidaria que profundizó divisiones desde que en 2013 Sergio Massa resolvió enfrentar al kirchnerismo. ¿Sera ese déficit del neuquino cubierto por el militar? Debajo de Parrilli estará Juan Martín Mena. Se trata del Subsecretario de Política Criminal del ministerio de Justicia y jefe de gabinete del titular de esa cartera, Julio Alak. Mena está ligado a la organización K Justicia Legítima, a través del camarista Alejandro Slokar. Goza de la simpatía del todavía juez de la Corte Suprema, Raúl Zaffaroni. El debutante en la Inteligencia será el encargado de intentar sofocar aquella supuesta rebelión de los jueces. Hace rato que recorre –sin mucha suerte– los pasillos de Comodoro Py. Ocurre una cosa: el ahora funcionario de la SI fue entusiasta promotor de aquella reforma del 2013 que, de modo parcial, abortó la Corte Suprema y del Código Procesal Penal aprobado por el Congreso. Pergaminos poco recomendables para que los magistrados le franqueen sus puertas.”
Y continuaba: “Mena contaría con otro aditivo político. Pertenece al círculo del diputado Eduardo De Pedro. Es decir de La Cámpora –la viga maestra de la estructura cristinista– y de su jefe habitualmente clandestino, Máximo Kirchner. De la capacidad que sepan combinar Parrilli y Mena dependería, en buena medida, el destino de Milani. El general se habría comenzado a convertir en una carga incómoda para la Presidenta. Días pasados la mandataria tuvo un diálogo reservado con las autoridades del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Esos hombres insistieron con los cargos contra el militar por su actuación durante la dictadura. Se lo involucra en la desaparición en junio de 1976 del conscripto Alberto Ledo, en Tucumán. La misma responsabilidad le endilgan kirchneristas insospechados de faltarle lealtad a Cristina. Si algo faltaba para fogonear las sospechas fueron los elogios que dispensó a Milani el ex represor Ernesto Barreiro, del centro de detención La Perla, en el juicio oral a que se le sustancia por violaciones a los derechos humanos. El general lidia con otro flanco muy débil. La causa por enriquecimiento ilícito a raíz de su crecimiento patrimonial; presuntas irregularidades en un convenio firmado con el Mercado Central por compra de alimentos para el Ejército. El trámite está en manos de Daniel Rafecas. Ese juez se mueve sobre terreno cenagoso. Fue apartado de la causa Ciccone después que dispuso un allanamiento en un departamento de Amado Boudou. El kirchnerismo impulsó su juicio político en el Consejo de la Magistratura hasta que la situación de Milani llegó a su despacho. Ni bien solicitó a la AFIP y a la Oficina Anticorrupción copias certificadas de las declaraciones juradas del militar, aquella ofensiva K se frenó. La causa navegaría ahora aguas muertas, pese al impulso que pretendería darle el fiscal Jorge Di Lello. Pero a esta altura de los acontecimientos nada representa una garantía para el kirchnerismo. Después del embate que sufrió por Boudou, el juez Rafecas buscó refugio para no quedar enredado en la pelea entre Cristina y la mayoría de los jueces federales. ¿Permanecerá así mucho tiempo más? ¿O haría al final causa común con la corporación sabiendo que el Gobierno ingresa en su año final? Esa duda carcomería al poder. La futura tarea de Parrilli y Mena de atajar a los jueces será tan o más difícil que la de disciplinar a los espías. (…)En la decisión de Cristina de remover la cúpula de la SI habrían incidido novedades de los últimos días. En especial, el reportaje concedido a la revista Noticias por el agente de inteligencia Antonio Stiusso. Su relato sirvió para apreciar el grado de descomposición del organismo. Probablemente todo lo decidido resulte estéril ante la profundidad del problema. Pero Cristina, lo ha demostrado siempre, es muy proclive a los maquillajes más que al rastreo de soluciones. (…)”.
“El Cronista Comercial”, decía oportunamente “La Presidenta puso fin a la interna de los espías y con Parrilli se inclinó por Milani”, por Sebastián Iñurrieta: “(…) Los cambios fueron anunciados ayer, con la sorpresa habitual K en estos casos, por el vocero presidencial Alfredo Scoccimarro. “La Presidenta de la Nación aceptó ambas renuncias”, informó en Casa de Gobierno. Allí se supo que Parrilli reemplazaría al ex Señor 5, Icazuriaga, y que Larcher dejaría su puesto al jefe del Gabinete del Ministerio de Justicia, Juan Martín Mena. Los recientes malos tragos judiciales, que hasta llegaron al patrimonio presidencial, podrían explicar el traslado del hombre de Julio Alak y Julián Álvarez. Tanto Icazuriaga como Larcher debían velar ante jueces federales para evitar dolores de cabeza a la Rosada. Su operador en los Tribunales es Javier Fernández, auditor general de la Nación. Siempre usina de confabulaciones, al fin y al cabo esa es su función, la SI había sido cuestionada por la propia Presidenta hace un mes y medio atrás. “Frente a las amenazas de ISIS, aparecieron supuestos datos primero en Clarín antes que me llegasen a mí, de organismos de inteligencia del Estado”, había reprochado la mandataria la filtración de información sensible a la prensa sobre la luego desmentida denuncia contra el grupo terrorista islámico. El blanco del enojo público presidencial fue Icazuriaga, un chivilcoyano trasplantado en Santa Cruz, que trabó fuerte amistad con el fallecido Néstor Kirchner. Así, se suma a la larga lista de recientes funcionarios exiliados por Cristina, cercanos al ex presidente. Larcher ya estaba en capilla. Otro personaje del pasado de Kirchner que pasó a Judas a ojos presidenciales, cuentan en despachos oficiales, por asegurarle en sus informes reservados que Sergio Massa no se presentaría en las legislativas de 2013. La sorpresa del líder renovador tejió un manto de sospechas sobre el fallido pronóstico de Larcher. En el último tiempo, dicen, la mandataria confía más en la inteligencia del jefe del Ejército, César Milani.”
¡No olvidar es parte de la sabiduría, por eso este recuerdo tan cercano!

Buenos Aires, 27 de Enero de 2015.

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