Desde México: hipótesis de trabajo

Por Cuini

Cuatro hipótesis de trabajo y no conjeturas de la imaginación, en torno al paradero real de los 43 normalistas de Ayotzinapa; hay pruebas e indicios para investigarlas:
a) los subieron al helicóptero y los arrojaron al mar.
Ahí están los múltiples datos y testimonios de la guerra sucia mexicana y argentina: El Río de la Plata y el Océano Pacífico, mudos testigos.
b) Se los llevaros al Campo VI de la prisión norteamericana de Guantánamo, donde los estudiantes han pasado a ser simplemente números y sus nombres constituyen un secreto militar. En ese lugar, por el año de 2003, se decía que sólo quedaban 320 presos, pero en realidad sigue recibiendo nuevos huéspedes de todo el mundo, lo afirma E. Gorriarán Merlo en sus memorias. Se sabe desde hace mucho tiempo, que allí están algunas de las personas capturadas y desaparecidas en diversas partes del mundo y que la cifra exacta de detenidos en esa prisión del diablo es desconocido.

c) Fueron asesinados e incinerados en los cuarteles mexicanos por los militares, paramilitares y sicarios narco-fascistas y se utilizaron contra ellos fusiles alemanes G35 de la Heckler & Coch.
Es un secreto a voces en la Sierra Madre Occidental que en la zona de Guerrero existen cuarteles que cuentan con unidades secretas de confinamiento y cremación, donde se guardan presos políticos que son torturados cotidianamente por especialistas adiestrados en las técnicas creadas por Paul Rester, director del Joint Intelligence Group (Grupo Conjunto de Inteligencia). En tales lugares presuntamente se aplica a los detenidos, entre otros procedimientos siniestros, la hipotermia prolongada, la privación del sueño, la simulación de asfixia, las agresiones sexuales, la tortura de familiares y los interrogatorios se prolongan por días, semanas y meses en condiciones inenarrables.
d) los tienen en un centro especializado de tráfico de órganos y tejidos humanos, para su evisceración planificada sobre pedido del mercado negro. Ver declaraciones del respetable sacerdote Alejandro Solalinde Guerra, quien recientemente denunció en La Jornada el creciente robo de órganos y tejidos humanos. El padre Solalinde afirma que el tráfico de partes humanas “es un gran negocio”, cuyas ganancias están muy por encima del secuestro, pues por un plagio se pide entre 3 mil y 7 mil dólares, mientras por un corazón de mujer, niño o joven, la cifra es de entre 100 y 150 mil dólares.

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