Trump y su relato: “Los hechos alternativos”

En la era de la “posverdad” –la palabra del año 2016, según el diccionario Oxford- surge otro término que la administración de Donald Trump soltó como al pasar y ya conmueve los cimientos de la relación de la prensa con la Casa Blanca: “los hechos alternativos”, una especie de realidad paralela que busca construir el nuevo gobierno. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, avanza a toda marcha con sus principales promesas de campaña y en el que calificó como el “Día Uno” de su gobierno se reunió ayer con altos ejecutivos de empresas y les anunció que, si sus firmas se quedan en el país, “bajará impuestos masivamente tanto para la clase media como para las compañías”. “Durante muchos años hemos enriquecido a las industrias extranjeras en detrimento de la industria estadounidense”, dijo el viernes Donald Trump. Confirmaba en su discurso de investidura la que fue una de sus principales promesas de campaña y que ahora vuelve a escena con su renegociación del NAFTA: “Debemos proteger nuestras fronteras de la devastación a la que nos someten otros países que fabrican nuestros productos, roban nuestras empresas y destruyen nuestros empleos”. ¿Se trata sólo de retórica o de verdad pretende aislar económicamente a EE.UU.? A continuación, algunas de las respuestas para las muchas incógnitas que se abren ahora.
“Los hechos alternativos”, una especie de realidad paralela que busca construir el nuevo gobierno. La frase la acuñó el domingo la estratega del flamante gobierno, Kellyanne Conway, cuando trataba de defender al presidente y al portavoz Sean Spicer que había asegurado con vehemencia que la cantidad de público para la investidura de Trump había sido récord histórico, “tanto en personas como alrededor del mundo”, a pesar de que no hay cifras oficiales y de que las imágenes aéreas y los análisis de expertos apuntan a una cifra mucho menor que la que Trump estimó entre un millón y 1,5 millones. Cuando un periodista de NBC preguntó a Conway por qué Trump había enviado a su portavoz a expresar una “falsedad comprobable” sobre la ceremonia, la consejera respondió que “Spicer dio hechos alternativos”, ante el asombro del periodista que le replicaba que no eran alternativos, sino falsos. La declaración tuvo repercusión en Twitter, con memes y comentarios que se burlaban de ella, y la etiqueta #alternativefacts se convirtió en tema dominante de la red en Estados Unidos y segundo en el mundo. El diario The New York Times enumeró al menos cinco hechos inexactos que fueron enunciados por el vocero en su conferencia de prensa del domingo, que fueron presentados como verdades.
El portavoz trató de minimizar el daño, pero sin aclarar demasiado. En una nueva rueda de prensa, Spicer dijo que él y su equipo se reservan el derecho “a discrepar de los hechos” en algunas ocasiones y pidió la misma oportunidad que tiene la prensa de emitir una “corrección” cuando comete un error. “Tenemos que ser honestos con el pueblo estadounidense. Pero creo que a veces podemos discrepar de los hechos”, indicó. “Ustedes están en el mismo barco (dirigiéndose a la prensa), a veces publican algo que está mal y después publican una corrección. Nosotros deberíamos tener la misma oportunidad”, agregó. Sin embargo, continuó afirmando que la concurrencia a la asunción había sido récord y que los periodistas se ensañaban con el presidente. A esta altura, la cantidad de gente en la asunción es irrelevante. El problema es que asoma una nueva época donde la verdad y los hechos verificables ingresan de la mano del nuevo Gobierno en una categoría nebulosa o manipulable mientras los periodistas –todos- son calificados de “deshonestos”. La estrategia no es nueva. A lo largo de una de las más agresivas campañas electorales en Estados Unidos, Trump supo utilizar falsedades con inédito resultado. De hecho fue él quien impulsó la burda versión de que Barack Obama había nacido en Kenia y tanto lo creyó la gente que el presidente tuvo que hacer pública su partida de nacimiento.
Sin embargo, se pudo comprobar que en la América Profunda hay mucha gente que aún cree que Obama es africano y que los medios mienten. El magnate también dice que los mexicanos son “violadores y narcotraficantes” y que por eso deben ser expulsados, cuando la tasa de crímenes cometidos por esa comunidad es más baja que el promedio de los estadounidenses. Pero él instaló esa versión que creció igualmente entre sus seguidores. El veterano presentador Dan Rather escribió: “Los hechos y la verdad no pertenecen a ningún partido político. Son los pilares de nuestra democracia”. Dentro de su política de incentivar la producción nacional, Trump dijo que esos impuestos bajarán hasta un rango de entre el 15 y 20 por ciento frente al 35 por ciento actual. “Creemos que podemos reducir las regulaciones en un 75%, tal vez más”, señaló. Y pidió a los empresarios: “Lo único que tienen que hacer es quedarse, no se vayan y no despidan a su gente en Estados Unidos”. Como ya había hecho en la campaña y luego de haber sido elegido, el 8 de noviembre, Trump advirtió a las empresas que estén pensando en llevar su producción fuera del país que sufrirán consecuencias si lo hacen. “Vamos a imponer un impuesto fronterizo muy grande sobre el producto cuando llegue, lo cual creo que es justo”, sentenció. En la campaña había estimado que esa tasa podía llegar al 45%.
Señaló, además, que actualmente no hay libre comercio en el globo ya que, para él, Estados Unidos es el único que facilita la entrada a productos extranjeros, mientras que “si quieres vender algo a China y otros países, es muy, muy difícil”. “Va a producirse una oleada”, dijo Trump con optimismo a los periodistas, en referencia al crecimiento de la industria manufacturera que espera provocar en su país con sus políticas. Según Trump, con la reducción de los impuestos y las regulaciones, ya no habrá ninguna razón para que las empresas produzcan fuera de Estados Unidos. Esta política proteccionista –y también el megaplan de infraestructura que prometió el magnate- traerá consecuencias en la economía global. El Fondo Monetario Internacional dijo ayer que estima que Estados Unidos crecerá más de lo previsto (un 2,5% este año), y que podría haber inflación, aumento de déficit, suba de tasas y apreciación del dólar. Las inversiones podrían huir de los países emergentes.
El presidente culpa de buena parte de los males de la economía a la deslocalización de empresas, que ha afectado sobre todo a los trabajadores del “Rust belt”, el cinturón oxidado de Estados Unidos, donde el presidente cosechó los votos clave para conquistar la Casa Blanca. En busca de menos costos laborales y regulaciones medioambientales y de seguridad más laxas, decenas de compañías se han trasladado a países como México u otros de Asia. Un empleado que en Estados Unidos gana 25 dólares por hora más beneficios sociales, en suelo mexicano ganaría solo tres dólares. El tema es más complejo ya que los obreros estadounidenses no sólo se ven afectados por la partida de las empresas sino también por el avance tecnológico y la poca capacitación que reciben: muchos son reemplazados por máquinas y luego no pueden reinsertarse a un mercado laboral mucho más sofisticado. Trump no ha dicho nada para revitalizar esa realidad que también está golpeando a los trabajadores. Pero sí se ha opuesto con vehemencia a los tratados de libre comercio, que permite que las empresas se desplacen de un país a otro con cierta facilidad. De hecho ya dijo que comenzará a renegociar el NAFTA, el pacto con México y Canadá, -el “peor de la historia”, según afirmó- y ayer firmó un decreto que establece la salida de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que firmaron 12 países de Asia y América.
Entre los altos ejecutivos con los que el mandatario se reunió el 22/01 en el salón Roosevelt de la Casa Blanca estuvieron presentes Mark Fields, de Ford y Elon Musk, el fundador y presidente de la fábrica de automóviles eléctricos Tesla. El pasado 23 siguió la ronda con empresarios automotrices. Desayunó con los principales directivos de la General Motors (GM), Ford, Fiat y Chrysler. Los llamados “Tres grandes de Detroit” habían sido amenazados por el presidente por la importación de sus vehículos producidos en México. Trump “quiere escuchar sus ideas sobre cómo podemos trabajar juntos para traer más empleos a este sector en particular”, dijo Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca. Trump había amenazado a Ford con aranceles aduaneros del 35 % durante la campaña. La relación con el fabricante mejoró cuando la compañía anunció la cancelación de una planta en México, una inversión de US$1.600 millones. El presidente también había atacado a GM y Toyota y cambió el tono después de que los principales fabricantes anunciasen una oleada de inversiones en EE.UU. El sábado, Trump tuiteó que “las compañías de automóviles y otras, si quieren hacer negocios en este país tiene que empezar a hacer cosas aquí de nuevo. ¡VICTORIA!”.
¿Qué piensa hacer Trump? Hasta que no haya planes detallados, sólo se pueden aventurar opciones. En el escenario más extremo, Trump podría cerrar, en mayor o menor medida, el mercado a productos que no sean “made in América”, sin especificar que el habla de Norteamérica, porque de lo contrario desde Méjico hasta Tierra del Fuego estaríamos beneficiados y no es cierto. Hasta ahora sólo ha concretado su intención de abandonar el Acuerdo Transpacífico con la zona asiática y de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México (NAFTA). Además, declaró que combatirá “por todos los medios” las violaciones de los acuerdos comerciales. ¿Por qué quiere revisar la política comercial? Según Trump, los estadounidenses han aceptado demasiado tiempo acuerdos que pasaban por alto los intereses de sus trabajadores. “Las ciudades obreras tuvieron que ver cómo sus fábricas cerraban y los empleos bien pagados emigraban a otros continentes”, se lee en la nueva web de la Casa Blanca. ¿Es realmente tan grave la situación económica de Estados Unidos? Con sus más de 320 millones de habitantes, EE.UU. tiene un rendimiento económico de más de 18 billones de dólares, muy por delante del número dos, China, con una población cuatro veces mayor. En el mercado mundial EE.UU. también juega en la liga de campeones: se sitúa en el segundo puesto de los países exportadores (detrás de China).
¿Cuántos estadounidenses están pasándolo mal? Tras la recesión global de 2009, la tasa de desempleo se situó durante años por encima del 8%, una cifra inédita desde la Gran Depresión de 1929. Pero la situación ha mejorado. A fines de 2016, la tasa de desempleo se situó en un 4,6%, el nivel más bajo desde agosto de 2007, aunque no todos disfrutan la recuperación. La región metropolitana de Detroit, por ejemplo, se ha convertido en el deprimido centro de una decadente industria pesada. ¿Dónde está el problema? Desde comienzos de los 90, el déficit en el comercio de bienes de consumo (desde ropa a juguetes o televisores) aumentó enormemente. Según los economistas, fabricarlos en EE.UU. dejó de ser competitivo. Con la integración de India y China en la economía mundial, muchos procesos de producción se trasladaron al extranjero. A esto se suma que EE.UU., número uno mundial en importaciones, lleva muchos años viviendo por encima de sus posibilidades. Las exportaciones de California, Texas y Michigan no bastan para equilibrar la balanza comercial. China es responsable de buena parte del déficit comercial estadounidense. Desde hace años Washington acusa a Beijing de devaluar artificialmente su moneda para impulsar las exportaciones.
¿Qué dicen los economistas sobre las barreras a las importaciones? La idea de proteger la economía de un país con aranceles es, según los expertos de la fundación Bertelsmann, uno de los “macro-mitos” de la economía. Aparentemente mejoran la economía del país que las impone, pero “en realidad esta limitación del comercio internacional debilita el crecimiento y el empleo en todas las economías afectadas por las barreras”. ¿Qué ocurriría con los aranceles y cómo afectaría a la región? Algunas importaciones serían más caras. Los clientes estadounidenses de “Toys’R’Us”, por ejemplo, tendrían que desembolsar más dólares por juguetes “made in China” o comprar productos de fabricación nacional más caros. Seguramente se generarían también represalias para las exportaciones estadounidenses. En el plano global, una guerra de aranceles terminaría perjudicando a todo el mundo -incluso a otros países de América sin acuerdos comerciales con EE.UU.- por el alza de los precios y la reducción del comercio. ¿Qué pasará con los empleos? Muchos de esos puestos no van a volver. Según un paper de los economistas del MIT, Daron Acemoglu y David Autor, entre 1999 y 2011 EE.UU. perdió entre 2 y 2,4 millones de empleos por el comercio con China. Pero en esos años la pérdida total de trabajos industriales fue mayor, de al menos 5 millones. El culpable de los otros 3 millones que faltan es la tecnología. Trump tal vez lo sepa, pero no lo dice. Hacer campaña contra un robot no es tan fácil como contra un chino.
El Papa Francisco advirtió contra la tentación “muy grave” de confiarse en tiempos de crisis a “un salvador” que proponga defender su pueblo “con muros”, en una larga entrevista con el diario español “El País” publicada este sábado 21 de enero. El rotativo entrevistó al pontífice argentino el viernes en el Vaticano, a la misma hora en que Donald Trump juraba su cargo como presidente de Estados Unidos. “El País” le pidió una valoración sobre la emergencia de movimientos populistas en Europa y el caso específico de Trump. El santo padre respondió con una reflexión sobre las causas del ascenso del nazismo en Alemania, en la que recordó que “Hitler no robó el poder, fue votado por su pueblo, y después destruyó a su pueblo”. Luego, añadió que “ése es el peligro. En momentos de crisis, no funciona el discernimiento y para mí es una referencia continua. “Busquemos un salvador que nos devuelva la identidad y defendámonos con muros, con alambres, con lo que sea, de los otros pueblos que nos puedan quitar la identidad”. “Eso es muy grave”, remachó. Refiriéndose explícitamente a Trump, quien ha prometido construir un muro en la frontera con México para detener la inmigración ilegal, Francisco no quiso aventurarse: “Se verá. Veremos lo que hace y ahí se evalúa. Siempre lo concreto”.
El obispo de Roma, de 80 años, reiteró que en su opinión, a la vista de los numerosos conflictos en el mundo, “estamos en la Tercera Guerra Mundial en pedacitos”. En un tono más personal contó que no ve la televisión desde 1990, que conserva su “buen humor” y que en su labor como jefe de la Iglesia católica no se siente “incomprendido”, sino “acompañado por todo tipo de gente, jóvenes, viejos…”. Al preguntársele si piensa permanecer como sucesor de San Pedro hasta el fin de sus días, mantuvo de nuevo la incertidumbre refiriéndose a la renuncia de su predecesor Benedicto XVI, quien “me enseñó cómo hay que hacerlo” cuando “sienta que no pueda más”. Populismos, Trump y Hitler: “Tanto en Europa como en América, las consecuencias de una crisis que no acaba, el aumento de la desigualdad, la ausencia de liderazgos sólidos están dando paso a formaciones políticas que están recogiendo el malestar de los ciudadanos. Algunas de ellas –las que se dan en llamar antisistema o populistas— aprovechan el miedo de la ciudadanía a un futuro incierto para construir un mensaje de xenofobia, de odio hacia el extranjero. El caso de Trump es el más llamativo, pero ahí están también los casos de Austria e incluso Suiza.”
“¿Está preocupado por este fenómeno? Es lo que llaman los populismos. Que es una palabra equívoca porque en América Latina el populismo tiene otro significado. Allí significa el protagonismo de los pueblos, por ejemplo los movimientos populares. Se organizan entre ellos… es otra cosa. Cuando oía populismo acá no entendía mucho, me perdía hasta que me di cuenta de que eran significados distintos según los lugares. Claro, las crisis provocan miedos, alertas. Para mí el ejemplo más típico de los populismos en el sentido europeo de la palabra es el 33 alemán. Después de [Paul von] Hindenburg, la crisis del 30, Alemania destrozada, busca levantarse, busca su identidad, busca un líder, alguien que le devuelva la identidad y hay un muchachito que se llama Adolf Hitler y dice “yo puedo, yo puedo”. Y toda Alemania vota a Hitler. Hitler no robó el poder, fue votado por su pueblo, y después destruyó a su pueblo. Ese es el peligro. En momentos de crisis, no funciona el discernimiento y para mí es una referencia continua. Busquemos un salvador que nos devuelva la identidad y defendámonos con muros, con alambres, con lo que sea, de los otros pueblos que nos puedan quitar la identidad. Y eso es muy grave. Por eso siempre procuro decir: dialoguen entre ustedes, dialoguen entre ustedes” explica con claridad.
“Pero el caso de Alemania en el 33 es típico, un pueblo que estaba en esa crisis, que buscó su identidad y apareció este líder carismático que prometió darles una identidad, y les dio una identidad distorsionada y ya sabemos lo que pasó. ¿Las fronteras pueden ser controladas? Sí, cada país tiene derecho a controlar sus fronteras, quién entra y quién sale, y los países que están en peligro –de terrorismo o cosas por el estilo– tienen más derecho a controlarlas más, pero ningún país tiene derecho a privar a sus ciudadanos del diálogo con sus vecinos. ¿Y observa, Santo Padre, signos en la Europa de hoy similares a los de esa Alemania del 33? No soy un técnico en eso, pero sobre la Europa de hoy me remito a los tres discursos que di. Los dos de Estrasburgo y el tercero cuando el premio Carlomagno, que fue el único premio que acepté porque insistieron mucho por el momento que vivía Europa, y como servicio lo acepté. Esos tres discursos dicen lo que yo pienso sobre Europa” concluye.
La región venía mal y la perspectiva no es mucho mejor. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), tras dos años de recesión el PBI de América Latina tendrá que conformarse con un 1,2% de crecimiento en 2017. Entre los factores que llevaron al organismo a empeorar su pronóstico para este año (en octubre había estimado un 1,6% de mejora), la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos se perfila como el gran factor desestabilizador. Según el responsable del Hemisferio Occidental en el Fondo, Alejandro Werner, las propuestas de expansión fiscal y de proteccionismo comercial de Trump cambiaron radicalmente el escenario: “En Estados Unidos sigue habiendo incertidumbre en cuanto a las potenciales modificaciones de las políticas, pero es probable que la política fiscal se torne expansiva, y cabe prever un endurecimiento de política monetaria más rápido de lo previsto debido al fortalecimiento de la demanda interna y a presiones inflacionarias”. El FMI, como muchos de los inversores que están cambiando sus divisas por dólares, apuesta a una “suba de las tasas de interés a largo plazo a nivel mundial, a un dólar más fuerte en términos efectivos reales y a una moderación de los flujos de capitales a América Latina”. A lo largo de 2016, el PBI de América Latina retrocedió 0,7% y las monedas sufrieron notables depreciaciones con relación al dólar, algo que podría profundizarse con la llegada de Trump si la Reserva Federal de Estados Unidos cumple, como se espera, con un ritmo más acelerado en la suba de la tasa de referencia.
Según Werner, la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) no tendrá impacto negativo en los países latinoamericanos que iban a formar parte de él, aunque se verán privados del “impacto positivo” futuro aunque dejándole libre el camino a las otras dos grandes potencias, China y Rusia y autorelegándose al cerrarse en su propio caparazón. El caso de México, que también iba a ser parte del TPP, es distinto. En su economía sí afecta la decisión de Trump de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte del que también forma parte Canadá (NAFTA). También que, antes incluso de asumir la presidencia, consiguiera que grandes empresas como General Motors y Ford frenaran su expansión en México. El pronóstico del FMI para la economía mexicana para 2017 pasó de un crecimiento estimado de 2,3% a uno de 1,7%. Como dijo Werner, “las perspectivas en México están empañadas por la incertidumbre en torno a la política comercial de Estados Unidos, la cual, sumada a las condiciones financieras más restrictivas, frenará la actividad económica”. Según el FMI, la otra gran economía latinoamericana, Brasil, saldrá por fin en 2017 de los números rojos, aunque por poco: la estimación del organismo para el país es de un leve crecimiento de 0,2% (en octubre habían estimado un crecimiento de 0,5%). Con Argentina también empeoraron las expectativas: el crecimiento esperado pasó de 2,8% a 2,2%. Colombia es de los pocos países que mejora sus perspectivas. El FMI cree que crecerá 2,6% en 2017 gracias al acuerdo de paz recién firmado, a la reforma tributaria estructural, y a las medidas más restrictivas en política monetaria y fiscal para reducir el déficit por cuenta corriente. Chile y Perú también tienen buenas noticias porque mejoran la media regional: sus crecimientos estimados son de 2,1% y 4,3%, respectivamente. Según el Fondo, se lo deben al repunte de los precios de materias primas en las que son ricos, como el cobre. El último de la región es, de nuevo Venezuela. “Continúa sumida en una profunda crisis económica que avanza hacia la hiperinflación”, dijo Werner. En ese país, el organismo prevé una nueva contracción del 6% en 2017, tras el derrumbe de 12% sufrido en el PBI durante 2016
Como bien dice Bergoglio: “Se verá. Veremos lo que hace y ahí se evalúa. Siempre lo concreto”. Desde la devastación política ocurrida durante la penosa década de los ’90 nuestro país entró en una espiral peligrosa, muy similar a la que está apareciendo en la Europa hoy y en los EEUU, que a la vista sin detalle pasa desapercibida y que evidencia “la falta de arraigo a las ideas de los dirigentes políticos. Se instalaron proyectos que responden a los mismos intereses, mantener la superestructura, el statu quo, siempre en desmedro de los únicos que se benefician cuando se quiebra lo establecido, los más vulnerables”. Actitudes de Donald Trump nos hacen recordar a viejas recetas que terminaron en desastres monumentales y en seudo dictaduras democráticas como bien explica el ex cardenal de Buenos Aires, y que parecieran tener contextos muy similares a los últimos 12 años de nuestro país, y que hoy se vuelven a vivir con un presidente demasiado afecto a los DNU.
Lo realmente cierto es que se está iniciando una nueva era que como vaticina nuestro colega Ivanoff Tzvetcoff, puede significar un profundo cambio del paradigma de la globalización y el “capitalismo salvaje donde 8 hombres detentan una fortuna mayor a la de 3,5 mil millones de seres humanos”. ¡Una gigantesca aberración!

Buenos Aires, 26 de enero de 2017.
Arq. José M. García Rozado.
Ex Subsecretario de Estado

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