Trump y derrota de pro-Brexits en UK


Por Isaac Bigio

TRUMP VIENE PERDIENDO POR CERCA DE 2,6 MILLONES DE VOTOS Y DEL 2%

Las últimas cifras oficiales arrojan estos resultados en las presidenciales de EEUU:

Clinton: 65,250,336 votos

Trump: 62,686,062 votos

Otros: 7,612,988 votos

Trump viene perdiendo por 2,565,000 votos y 1.9% votos de diferencia. Esto es 48.1% vs 46.2% del porcentaje total.

Aún la brecha entre Hillary Donald puede ampliarse.

Sin embargo, los republicanos tienen asegurado el gobierno debido al sistema del Colegio Electoral que el propio Trump acusó de fraudulento.

En EEUU no gana quien tiene más votos sino quien gana en más Estados y, sobre todo, en pocos Estados oscilantes.

Según un sistema que solo se aplica a EEUU quien gana en cada uno de sus 50 estados se queda con todos los miembros que éstos tienen en el Colegio Electoral. Son 538 los miembros del Colegio Electoral y Trump ha conseguido 306 de éstos frente a Clinton que solo sacó 232.

Teóricamente siempre ha quedado la posibilidad que el Colegio Electoral no secunde a Trump pero eso implicaría algo inédito en la historia nacional.

Ciertamente que se podrá aducir que el triunfo de Trump es inobjetable desde el punto de vista del mismo sistema que él cuestionó. No obstante, hay dos cosas a mencionar:

1) Trump no hubiese ganado en ningún otro sistema de elección presidencial directa en el mundo. Ya sea el de dos vueltas que rige en Francia, Brasil y la mayor parte de Hispanoamérica o el de México donde gana simplemente el que saca más votos.

2) La legitimidad democrática del nuevo presidente nace mellada ante los ojos del mundo y de su propia población.

Trump se convierte en el primer presidente en toda la historia universal que llega a palacio teniendo más de dos millones de votos menos que su rival.

Quienes más han votado en contra suya son las grandes urbes, las minorías étnicas, las juventudes y las mujeres.

Nunca antes de Trump un presidente a la espera ha generado tanta oposición a nivel de marchas en las calles antes de asumir su cargo.

De todos los 3 presidentes que ha electo EEUU en este milenio solo uno debutó en el poder ganando más votos que su rival, los otros dos, es decir todos los mandatarios republicanos, llegaron a la Casa Blanca tras haber perdido en las ánforas.

Un mandatario tan impopular puede desplomarse o buscar evitar su caída produciendo guerras (como Bush).

Trump puede que genere un impeachment en su contra y lo más probable es que acabe desgastando duramente la imagen internacional de EEUU, algo que Obama buscó reparar pero que Trump podrá agigantar aún más que Bush.

La resistencia a Trump no solo proviene de la izquierda sino incluso de gobiernos conservadores y de derecha históricamente aliados a Washington como los de Reino Unido, Alemania o México. Todos ellos le objetan su nuevo proteccionismo.

Un problema serio que ha de darse es la confrontación con el país hispanoamericano más poblado (México) y con Latinoamérica a raíz del intento de Trump de expulsar 12 millones de inmigrantes irregulares.

De darse esto ello se convertiría en la mayor limpieza étnica de este milenio y en un duro golpe a las economías latinoamericanas, las cuales perderían muchas de sus divisas generadas por las transferencias de fondos de sus emigrantes en el exterior y también deberían tener muchos problemas para absorber a una nueva mano de obra sin trabajo.

Rebelión anti-Brexit en Richmond

El primer día de diciembre se produjo en Richmond, uno de los distritos más pudientes del país, una tremenda rebelión electoral en contra del Brexit.

El gran castigado ha sido Zac Goldsmith, el candidato apoyado por los conservadores y el UKIP, quien fue, además, el candidato conservador para la alcaldía londinense en 2015.

Cae Goldsmith

Goldsmith había sido el parlamentario de Richmond que decidió renunciar a su cargo en protesta por que su gobierno conservador había decidido aprobar la licitación de la ampliación del aeropuerto de Heathrow, una medida muy impopular en ese barrio debido al gran ruido que producen tantos aviones sobre sus cielos.

Con tal maniobra Goldsmith se convirtió en el candidato común del conservadurismo y del UKIP y su objetivo, en caso de ser re-electo, hubiese sido presionar al gobierno hacia un Brexit más duro. Su padre es el millonario que fundó el Partido del Referendo, la primera gran fuerza electoral que inició la campaña por dalirse de la UE.

Goldsmith sentía que Richmond era su feudo, pues él había ganado su representación parlamentaria con 34,404 votos, que representan más del triple de su más inmediato rival, y casi 3/5 de los votos emitidos.

Suben los liberales

Su contrincante fue una contadora con poca experiencia política que representaba al liberalismo democrático, el partido que quedó más castigado en las elecciones generales del 2015 al haberse quedado con solo 8 parlamentarios, tras haber tenido más de 50 en el 2010-2015.

Mientras Goldsmith quiso transformar esas elecciones en un referendo en torno a Heathrow la candidata liberal Sarah Olney logró transformarlo en un plebiscito a favor o en contra del Brexit. Ella, al igual que casi todos los otros candidatos, también estaban en contra de la expansión del mega-aeropuerto, pero lo clave, según ella, era decirle al gobierno y al país que Richmond quería moderar o revertir el Brexit.

Los conservadores decidieron apuntalar a Goldsmith, aunque él corría como un independiente, y el UKIP le apoyó queriéndolo ganar a sus filas. Frente a ello los verdes no presentaron candidatura para endosar a Olney y la gran mayoría del electorado laborista decidió votar contra uno de los m’as ardientes partidarios del Brexit.

Sismo político

El resultado final ha sido un sismo que ha de estremecer a todo el Reino Unido.

Goldsmith solo sacó un 45% de los votos, unos 17 puntos porcentuales menos que los que antes habían sacado por separado los tories y el UKIP. Los 18,638 votos que él sacó equivalían a la mitad de los 34,404 que en el 2015 él había sacado más los 2,464 por el UKIP.

Olney se impuso con el 49.68% y 20,510 votos.

Los liberales ahora incrementan su ancada de 8 a 9 parlamentarios y Olney deviene en su única mujer en la cámara de los comunes.

El laborismo quedó por debajo del 5% y perderá su depósito. Esto querrá ser interpretado como un golpe contra Corbyn, aunque él claramente puede sostener que dicho resultado se debió a un problema local donde una elección se transformó en un referendo sobre el Brexit.

Castigo al Brexit

Lo acontecido muestra la fragilidad del Brexit.

El liberalismo va a querer aprovechar esta oportunidad para reiterar su llamado a un segundo referendo y querer crecer creyendo que en éste lo van a ganar.

Mientras tanto la libra se revaluó ante el dólar y euro cuando el gobierno anunció que podría seguirse dando subsidios a la UE para mantenerse dentro del mercado común.

La economía británica viene siendo castigada por el Brexit pues muchas empresas están planeando dejar Londres y UK para mudarse al continente y los precios de los productos importados y de los gastos de los turistas en el exterior han crecido.

Mientras tanto la primera ministra aún se niega a aplicar el artículo 50 para iniciar la salida de la UE y la corte dictaminó que UK no podría romper con la UE sin una aprobación del parlamento. Escocia, por su parte, cree que tiene el derecho legal a impedir el Brexit.

The Guardian pide revisar el Brexit.

El Brexit se encuentra en una encrucijada que deberá crecer a medida que se produzcan nuevos avatares como el e Richmond.

Elecciones parlamentarias en Richmond Park

Sarah Olney (LD) 20,510 (49.68%, +30.41%)

Zac Goldsmith (Ind) 18,638 (45.15%)

Christian Wolmar (Lab) 1,515 (3.67%, -8.68%)

Howling Laud Hope (Loony) 184 (0.45%)

Fiona Syms (Ind) 173 (0.42%)

Dominic Stockford (CPA) 164 (0.40%)

Maharaja Jammu and Kashmir (Love) 67 (0.16%)

David Powell (ND) 32 (0.08%)

LD mayoría 1,872 (4.53%)

Electorado habilitado 77,243. Votaron 41,283 (53.45%, -23.01%)

¿Cómo se votó en ese mismo distrito en el 2015?

Partido Candidato votos % Variación

Conservadores Zac Goldsmith 34,404 58.2 +8.5

Liberal Demócratas Robin Meltzer 11,389 19.3 -23.5

Laboristas Sachin Patel 7,296 12.3 +7.3

Verde Andrée Frieze 3,548 6.0 +5.0

UKIP Sam Naz 2,464 4.2 +3.0

Mayoría 23,015 38.9 +32.0

Asistencia 59,101 76.5 -0.4

Conservativos mantienen con un giro en su favor de +16.0 %

George Soros y la trama anti-Trump

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George Soros en una discusión sobre la desaceleración económica de China en la Asia Society en Nueva York el 20 de abril de 2016. Foto: Ellen Wallop / Asia Society

Wright Mills en su libro “The Power Elite” (1.956), indica que la clave para entender la inquietud norteamericana se encontraría en la sobre-organización de su sociedad. Así, establishment sería “el grupo élite formado por la unión de las sub-élites política, militar, económica, universitaria y mass media de EEUU”, lobbys de presión que estarían interconectadas mediante “una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”, concepto que se apoya en una definición militar de la realidad y que habría transformado la economía en una guerra económica permanente y cuyo paradigma serían los Rockefeller al participar en los lobbys financiero, industria militar y judío y uno de cuyos miembros, David sería el impulsor de Trilateral Comission” (TC) o Trilateral(1973). Donald Trump, candidato en principio totalmente refractario a la disciplina de partido y devenido en la “bestia negra” del establishment acabó finalmente siendo elegido Presidente de EEUU en las Presidenciales de Noviembre y su sorpresivo triunfo marcará junto con el Brexit marcará el finiquito del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extremas de volatilidad que afectarán de manera especial al Nuevo Orden Geopolítico Mundial.

Nueva Geopolítica Primus Inter Pares (G3)

Con Trump asistiremos al finiquito de la Unipolaridad de Estados Unidos y de su papel de gendarme mundial y su sustitución por la nueva doctrina de la Multipolaridad o Geopolítica Inter-Pares, formado por la Troika EEUU, China y Rusia (G3), quedando de paso la UE, Japón, India y Brasil como convidados de piedra en el nuevo escenario geopolítico. Así, en una conferencia pronunciada por Trump en la sede de la influyente revista política “The National Interest”, Donald Trump expuso las líneas maestras de su política exterior que podrían sintetizarse en su lema “Estados Unidos lo primero”, lo que de facto supondría el retorno al proteccionismo económico tras cancelar el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México (TLCAN) así como el TTIP y la Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), pieza central de la Administración Obama en su política de reafirmación del poder económico y militar en la región del Pacífico. Ello sería un misil en la línea de flotación de los intereses geopolíticos del conocido como “Club de las Islas” con activos cercanos a los 10 trillones € y cuya cabeza visible según el espía ruso Daniel Estulin,sería el financiero y experto diseñador de “revoluciones de colores”, George Soros.

Por otra parte, en una entrevista a la cadena estadounidense ABC, el Presidente electo de EEUU, Donald Trump expresó sin ambages la idea de que la “OTAN está obsoleta, no sirve para combatir el terrorismo y cuesta demasiado a EEUU”, por lo que exigió a los países europeos integrantes de la OTAN “ pasar por caja” pues la aportación económica de dichos países europeos sería de un exiguo 2% del PIB nacional, quedando el grueso de la financiación en manos de EEUU.(el 70% de cerca del Billón $ del total del presupuesto). Asimismo, Trump denunció la “excesiva cantidad de armamento que circula actualmente en el mundo” lo que supondría la asunción de la Doctrina del Aislacionismo de EEUU en el plano militar y la entronización del G-3 (EEUU, Rusia y China) como “primus inter pares” en la gobernanza mundial. Ello supondría la suspensión del programa nuclear de EEUU con una duración de treinta años y un coste de un Billón $ al igual que la paralización del sistema diseñado para detectar misiles de crucero en territorio estadounidense (JLENS) por lo que sería un misil en la línea de flotación del complejo militar-industrial que tiene perfilado para la etapa post-Obama la recuperación del papel de EEUU como gendarme mundial mediante la quinta fase del despliegue del escudo antimisiles en Europa (Euro DAM) y un incremento extraordinario de las intervenciones militares estadounidenses en el exterior (léase Nueva Guerra en Oriente Medio).

Soros y la trama anti-Trump
Hasta Eisenhower, la CIA fue únicamente la organización de inteligencia central para el gobierno de los Estados Unidos y estuvo detrás de múltiples tareas de entrenamiento de insurgentes y desestabilización de gobiernos contrarios a las políticas del Pentágono, pero los lobbys militar y financiero (ambos fagocitados por el looby judío) no pudieron resistir a la tentación de crear un gobierno de facto que manipulara los entresijos del poder, derivando en la aparición de un nuevo ente (el complejo militar-industrial, en palabras de Eisenhower), refractaria a la opinión pública y al control del Congreso y Senado de los Estados Unidos). En la actualidad, la Compañía se habría transmutado en el llamado Departamento de Seguridad Nacional ( Homeland Security) y de la hidra-CIA habrían nacido 17 nuevas cabezas en forma de agencias de inteligencia que integrarían la Comunidad de Inteligencia de EEUU ( la Cuarta Rama del Gobierno según Tom Engelhardt) , agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos en Estado paralelo, verdadero poder en la sombra fagocitado por el “Club de las Islas” de George Soros y que se habría conjurado contra un Trump partidario de la Geopolítica Primus InterPares o G3.
Dicha trama anti-Trump habría sido diseñada tras la reciente reunión celebrada en Washington en la que participaron cerca de 200 patrocinadores de la campaña electoral de Hillary Clinton encuadrados en la llamada Alianza Democracia (DA), megaorganización fundada por George Soros en el 2.005 y constaría de una primera fase para torpedear el traspaso de poderes Obama-Trump mediante una “revolución patriótica o multicolor” en EEUU. Así, según el portal Zero Hegde, las espontáneas manifestaciones populares anti-Trump habría sido inspiradas por el portal digital MoveOn.org, patrocinado por el ínclito Soros bajo el lema “Levántate y lucha por los ideales estadounidenses” y cuya segunda fase sería truncar la carrera política de Trump , tras lo que el VicePresidente Mike Pence asumiría la Presidencia y retornaría a la senda de las seudodemocracias tuteladas por el verdadero Poder en la sombra de EEUU (Cuarta Rama del Gobierno).
GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ Analista

Desde Canarias: Catedrático del calimocho

La evaluación continua es un derecho como el derecho a la libertad, a la propiedad, a la seguridad social, a la educación, al disfrute, al tiempo libre, a la salud, a la alimentación o a cualquier otro derecho humano. Nadie, lógicamente, debe renunciar a ninguno de sus derechos, conseguidos hasta con derramamiento de sangre, dándose la circunstancia de que el profesorado del “plan Bolonia a la española” que, sin embargo, como profesores deberían dar ejemplo, ofrece al alumnado la posibilidad de renunciar a su derecho a la evaluación continua, siendo reprobable, tanto ética como profesionalmente, aquellos profesores que incitan, pasiva o activamente, a sus alumnos a renunciar a un derecho tan progresista como es la evaluación continua, probablemente el avance más significativo, democrático y revolucionario de la moderna pedagogía, siendo la propia administración la que sostiene en su legislación que: “La evaluación continua permitirá contar, en cada momento, con una información general del aprendizaje del alumnado, para facilitar la detección de dificultades, la adecuación del proceso de enseñanza a sus necesidades, la orientación en sus actitudes, pautas de trabajo y elecciones curriculares, el diseño de acciones tutoriales y las mejoras necesarias en el proceso de enseñanza y de aprendizaje”.
El profesorado del “plan Bolonia a la”, etc. no está para disquisiciones teóricas sobre pedagogía, pues de las pocas cosas que ha entendido del citado plan es que las clases presenciales comienzan a principios de septiembre y finalizan antes del solsticio de verano, navidad para algunos, que no constituye el pretendido semestre que pretenden vender, valga la redundancia, sino apenas un trimestre igual que el otro que comienza en febrero y finaliza en mayo, pues enero y junio son para exámenes, que siguen constituyendo la única herramienta de evaluación de las universidades franquistas españolas; compárese con las ocho (8) opciones de presentarse a los exámenes que ofrecen las universidades italianas. Esa es una de las pocas cosas que ha entendido dicho profesorado, junto con el ofrecimiento al alumnado de renunciar al derecho a la evaluación continua, para escarnio de toda la comunidad educativa y la sociedad que los financia, pues se evitan en sus clases a un buen porcentaje del alumnado.
Las preocupaciones de este desmotivado profesorado discurren por otros derroteros, menos vinculadas a “incomprensibles” disquisiciones pedagógicas
que a su promoción personal y prestigio social, en un claro insulto a la inteligencia de ingenuos e ignorantados ciudadanos, que enfatizan con un petulante: “Yo trabajo en la Universidaddd…” y que rematan algunos privilegiados con el de “Yo soy catedrático de la Universidaddd…”, aunque sea catedrático del calimocho, cargo para el que basta con ser especialista en eso, en calimocho, pues no se accede al mismo mediante publicaciones internacionales de alto factor de impacto, sino a través de maratonianas sesiones en la barra de la cafetería, tabernas en general y sacristías en particular, kilómetros de pasillo y vasallaje, mucho vasallaje, considerándose endémico el escandaloso porcentaje de endogamia de las franquistas universidades, con su silencio cómplice mantenido a base de prebendas, como la adjudicación de lujosas viviendas gratuitas para los más grandes gerifaltes al servicio del régimen ahora monárquico, otrora franquista e igual ambos de colonialistas, las matrículas gratuitas para los retoños y retoñas, dicho sin segundas, los viajes a ninguna parte sufragados con el dinero de los damnificados contribuyentes, aunque ellos (y ellas) sostienen que los sufragó “La Facultaddd…”
Como ejemplo podemos comentar, siquiera sea someramente que, mientras nuestros compatriotas se alimentan de los basureros, el insostenible capítulo de gastos de las Universidades españolas en La Laguna y Las Palmas, correspondiente al ejercicio del 2016, asciende en La Laguna a más de 137 millones de euros (€), de los cuales casi 115 millones son para gastos de personal (diecinueve mil millones de pesetas), mientras que en Las Palmas los gastos ascienden a 132 millones de €, más de 96 millones en gastos de personal (probablemente por la menor experiencia en remunerar cargos), ambos procedentes del erario público pues, hasta donde llega nuestro mejor conocimiento, nada generan financieramente y que, sin embargo (de embargar), pretenden funcionar como entidades privadas, cuyo paradigmático ejemplo es el rector de la Universidad de La Laguna, Antonio Martinón, que en públicas declaraciones manifestó, casi antes de tomar posesión del cargo (buenas las hizo también como delegado del gobierno metropolitano nombrado por el Partido Socialita Obrero Español): “Me gustaría que el Parlamento dé a la ULL tanto cariñito como a las privadas” y cuya gestión del “cariñito” en la institución que gestiona debería ser investigada por la Fiscalía anticorrupción, aunque como es sabido en esta colonia no hay corrupción sino podredumbre.
Las universidades españolas en Canarias no representan los intereses del pueblo canario, al que sistemáticamente le han dado la espalda, como lo prueba el hecho de que en las mismas se dan clases de español, inglés, francés, alemán, árabe, japonés, etc., y jamás han enseñado ni enseñarán nuestro idioma ancestral, el wanche, lo que no va a ocurrir con las cada vez más próximas Universidades de la República Democrática Federal Canaria que, obviamente, no asumirá las consecuencias de la putrefacta administración colonial, incluido su personal, dicho sin odio ni rencor y, mucho menos, envidia, las enfermedades de la mente, sino desde nuestras profundas, democráticas y dignificantes convicciones anticolonialistas.

Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario

Trump perdería por casi 2 millones de votos y el 2%

 

 

Por Isaac Bigio

Las elecciones presidenciales en la que se ufana ser el modelo de la democracia en el mundo son escandalosas. Trump se convierte, después de Bush, en el segundo republicano que llega a la Casa Blanca tras haber sido derrotado en las urnas. De hecho, en lo que va del milenio Obama es la persona llegó inicialmente a la presidencia norteamericana tras haber ganado en las ánforas.

Cuando Clinton reconoció la victoria de Trump las cifras oficiales le daban una ventaja de unos 200,000 votos y un 0.2%. No obstante, cada día que pasa la diferencia en favor de los demócratas viene creciendo. Cuando escribimos estas líneas de acuerdo a los datos oficiales presentados por la CNN Trump ya viene perdiendo por unos 650,000 votos y el Cook Political Report amplía esa cifra a casi 800,000 votos. Empero, se estima que en los resultados finales él va a quedar entre 1,5 y 2 millones de bajo de Clinton.

Según calculan Nate Cohn y David Leonhart, columnistas del prestigioso The New York Times, Trump apunta a haber sido derrotado por la gran cifra de 1.5% en la votación popular, aunque el resultado final bien podría llevar a un 2% de margen entre ambos, lo cual demostraría que las encuestas pre-electorales no estuvieron tan mal, siendo lo que falló el hecho que en los Estados oscilantes Clinton no pudo tramontar pocos cientos de miles con los cuales hubiese podido ganarlos.

Conteo incompleto

Todavía faltan muchos sufragios a contar, en especial dentro de los votos postales y de quienes sufragaron en mesas distintas a las que estaban inicialmente inscritos pues cambiaron de domicilio, donde hay una fuerte mayoría de votantes pro-demócratas y de minorías étnicas.

En casi todos los Estados donde ganaron los republicanos el conteo ya se acerca del 100%, menos en Alaska y Arizona. En cambio, en varios de éstos donde ganaron los demócratas falta mucho voto por escrudiñar. En el Estado donde los demócratas ganaron con su mayor porcentaje (el del Distrito de Columbia, donde está la capital y donde Clinton superó el 92% de los votos), aún falta un 19% de sufragios a contar.

En los dos Estados más poblados (y donde Trump fue más derrotado en las urnas) falta un 30% a contabilizar en California y un 5% Nueva York. En California aún hay entre 4 y 5 millones de sufragios a escrudiñar y si se mantiene la misma relación actual (61.6% para Clinton y 33% para Trump), solamente en estado, el que tiene mucho más habitantes y riquezas en todos los EEUU, la distancia entre los demócratas y los republicanos se incrementaría en más de un millón de votos más.

En Washington, un Estado donde Clinton ganó por 55.1% al 37.7%, solo se ha computarizado el 60% de los sufragios.

Probablemente haya 7 millones de votos para culminar los resultados finales y el grueso de ellos está en la costa occidental y en la capital, zonas liberales y con muchos hispanos donde los demócratas han ganado 2 a 1 a los republicanos, de acuerdo a David Wasserman del Cook Political Report.

Sistema Arcaico

La única razón por la cual Trump se convierte en el 45avo mandatario estadounidense es porque él ganó dentro del Colegio Electoral. Es esta institución arcaica que el propio Trump ha reconocido que es amañada. Ésta está compuesta por 538 miembros y no los más de 1,300 millones de votantes, quien nomina al Presidente. Cada uno de los 50 estados elige a su respectivo cupo en dicho colegio, el mismo que está compuesto enteramente por el partido que allí gana. Como Trump ganó en la mayoría de los Estados y en dicho Colegio él se auto-proclama como Presidente.

Hasta el momento Trump tiene 290 miembros del colegio de electores y Clinton 232, mientras que los 16 que corresponden a Michigan aún faltan por definir.

Se supone que todos los republicanos que integran el Colegio Electoral deberían votar por Trump, aunque se ha ganado varios casos en los cuales hay electores que votan por su propia conciencia y que podrían decidir, como Bush, no respaldar a Trump.

Hay más de 3 millones de personas que han suscrito una petición para pedirle a los electores que cumplan su función y eviten que un racista llegue a la Casa Blanca. En caso que el Colegio Electoral no le de mayoría absoluta a Trump, el congreso debería definir y éste podría nominar a otro republicano.

Este último escenario es muy poco probable, pero no imposible. En todo caso las protestas crecen buscando presionar a tal salida, en tanto que hay quienes vienen organizando un “impeachment” legal a Trump antes que él llegue a la Casa Blanca.

Escandaloso

Los resultados vienen demostrando que Clinton ha ganado por una distancia 3 a 4 veces mayor del 0.5% con la que Gore venció a Bush en el 2000, casi 10 veces al 0.2% de ventaja que Kennedy sacó en 1960 para llegar a la Casa Blanca y casi 3 veces más que el 0.7% con el que Nixon ganó la presidencia en 1968.

El hecho que Trump se convierta en el nuevo presidente tras haber sido derrotado por casi 2 millones de votos es un escándalo y evidencia cuán poco democrático es el sistema de la mega-potencia que constantemente invade otras naciones bajo el nombre de imponer allí la democracia.

El Partido Demócrata, a su vez, muestra que prefiere no luchar por defender la voluntad popular pues prefiere llegar a un acuerdo tras bambalinas con Trump, algo que se cocinó en la reunión privada que el billonario y Obama tuvieron a poco de los comicios.

Clinton fue quien organizó la destrucción militar y la catástrofe humanitaria de Libia y Siria y quien colaboró con Al Qaeda y el Estado Islámico contra los gobiernos de ambas repúblicas.

No se trata de defender a ella. Se trata de demostrar que la voluntad popular ha sido pisoteada y que el nuevo gobierno no puede imponer tan fácilmente políticas tan anti-populares como la deportación masiva de millones de latinos, algo que Trump ha prometido hacer.

El triunfo de las masas sobre el establishment.

La globalización no provocó el derrame prometido ni otros beneficios que esperaban las masas. Todo lo contrario: la concentración de la riqueza ha aumentado y el estancamiento de los sectores bajos y medios se consolidó. El enojo es visible, y es lo que el “Informe Calibar” explica que está sucediendo. Donald Trump es un emergente de ese nuevo enfoque. La historia de las elecciones 2016 es la de una derrota impresionante: pero no solo la de Hillary Clinton sino también la de los encuestadores, expertos, medios y periodistas que predijeron de manera apabullante su victoria. Pero al menos un académico, Allan J. Lichtman, vio venir las dos derrotas.
El martes 8/11 nos fuimos a dormir creyendo que ganaría Hillary y al despertar el miércoles 9, Trump era el presidente electo de los Estados Unidos. Todo al revés de lo que se decía. Las encuestas y los principales medios del mundo daban por ganadora a la candidata demócrata. ¿Acaso Wall Street no había festejado con anticipación esa predicción con importantes subas en los mercados de acciones? ¿Qué pasó? Este resultado puede ser interpretado como una revuelta del votante estadounidense contra el establishment. Hillary representaba como nadie al círculo rojo que fue derrotado en las urnas. Trump no sólo le ganó a la candidata demócrata, sino también a la burocracia del gobierno federal, a Hollywood, a los sindicatos, a los medios de prensa, a Wall Street, a los músicos, a las universidades, a las organizaciones del deporte profesional, a los centros de cultura y a los intelectuales; incluso le ganó a parte del partido republicano que nunca creyó en él y que votó en su contra. De esta manera, Hillary ganó donde se concentran estos grupos, en los estados de la costa oeste y en los de la costa noreste de los Estados Unidos. Por ejemplo, la candidata demócrata arrasó en Washington DC, y en los estados de Nueva York y California. Trump se impuso en casi todos los demás estados, incluso en varios que habían apoyado al demócrata Obama en las dos últimas elecciones presidenciales.
La segunda novedad del triunfo del candidato republicano es la derrota –por así decirlo- de la política y de los aparatos políticos. Trump condujo su campaña por fuera de la maquinaria partidaria y su discurso fue, sobre todo, muy crítico de la política y los políticos; le habló directamente al americano medio, incluso combatiendo a los medios de comunicación, intermediarios de su palabra con el votante. Más aún, su victoria contradice lo que creíamos acerca de qué demandan los votantes a sus líderes: “experiencia, sensibilidad, moderación, reflexión y conocimiento”. Pues bien, triunfó el candidato extravagante y sin experiencia de gobierno –nunca ocupo ningún cargo público- y proveniente del “afuera de la política”, con un discurso duro, poco elaborado, directo y polarizante, mientras que fue derrotada la candidata tecnócrata, preparada en exceso, con amplia trayectoria polifuncional, esposa de un expresidente y conocedora del poder y los secretos de Washington. Tampoco fue suficiente su condición de mujer. Sin duda, la derrota principal fue de la prensa. Manifiestamente a favor de Hillary, los grandes medios de comunicación lograron instalar la sensación de que el villano sucumbiría ante el bien y la democracia, generando una creciente y amplia coalición social y sectorial de apoyo a la candidata demócrata. Las bruscas reacciones de Trump por este alineamiento masivo obtuvieron respuestas burlonas que aumentaron la imagen de un candidato herido y desesperado, a punto de ser derrotado, sin posibilidades.
Los resultados de estas elecciones son un ejemplo extraordinario de los límites de la información y de nuestra percepción. Informados por los grandes medios de prensa estadounidenses y por las encuestas, e influidos por principales formadores de opinión (comentaristas, organizaciones, actores, músicos y empresarios reconocidos), todos ellos pro-Hillary, se fue conformando una opinión mundial casi unánime que la candidata demócrata ganaría ampliamente. Esta impresión (traducida en opinión, y luego en certeza) resultó patente para los que siguieron la programación televisiva de la CNN durante la tarde y noche del martes 8: de cada cinco votantes entrevistados, cuatro manifestaban haber votado por Hillary; una mayoría clara, irreversible. Sólo el gesto serio y distante del siempre sonriente embajador americano en Argentina, Noah Mamet, retratado una y otra vez por la TV argentina mientras ofrecía una recepción en la víspera, podía generar alguna sospecha de que algo no andaba del todo bien.
Por lo que sabemos, uno de los principales medios gráficos argentinos tenía preparado para su publicación de la edición del 9 de noviembre varios artículos sobre el significado de la victoria de Hilary Clinton, y se encontró avanzada la noche con el problema e tener que sustituirlos. Días antes, esta impresión de que el “bien” se impondría sobre el “mal” sedujo también a nuestro gobierno, que no dudó en apoyar expresamente a la demócrata, y a rechazar al republicano. La otra fuente de información para el análisis, las encuestas, merece un capítulo. Solo dos de diecinueve grandes firmas de encuestas de opinión pública acertaron el resultado. No es la primera vez, ni tampoco será la última. Esta situación nos lleva a preguntarnos si el motivo de tan vergonzoso desenlace hay que buscarlo en el “voto vergonzante” de los electores entrevistados que prefirieron esconder su inclinación por el candidato republicano o, más bien, en la incapacidad de las empresas de relevamiento de identificar e interpretar correctamente los cambios demoscópicos profundos que se vienen produciendo en el pueblo norteamericano. Además, es posible que metodologías descriptivas hayan sido utilizadas para predecir comportamientos, con evidente fracaso.
EEUU es un país dividido en dos. El sistema electoral vigente en el país del norte es indirecto, es decir, los ciudadanos votan a electores que se identifican con los candidatos que, a su vez, serán los que elijan al presidente. El candidato que obtiene más votos en cada estado de la unión se queda con todos los electores que se eligen en los respectivos distritos (salvo en dos estados, que los distribuye proporcionalmente). De esta manera, es posible que el presidente electo, a pesar de haber obtenido la mayoría de los electores, haya sumado menos votos ciudadanos que el candidato perdedor. Este es el caso de la elección actual: la candidata perdedora Clinton superó por 200.000 votos al candidato ganador Trump, sumando respectivamente 47,6% y 47,5%. Aunque Trump pasara al frente por unos pocos votos –cosa que no sucedió-, lo cierto es que EE UU surge de esta elección “dividido en dos” partes iguales. El desafío del novel presidente es, sin duda, cerrar esa brecha, y recomponer las heridas que dejó la campaña más dura y polarizante de la historia americana moderna. No será una brecha fácil de cerrar. Los desencuentros son profundos y se basan en la abierta competencia entre dos paradigmas opuestos que, últimamente, han tenido transformaciones en su interior. Por ejemplo, Trump rompió con la tradición republicana a favor del libre comercio al proponer volver al proteccionismo. Esta capacidad del candidato republicano de leer y dar respuesta al creciente descontento social, le valió el apoyo de los votantes de las áreas golpeadas por la desindustrialización.
Por otra parte, Trump interpretó correctamente los efectos nocivos de la globalización, utilizando a su favor la percepción negativa que el multiculturalismo tiene en amplios sectores de la población. De esta manera, condujo una exitosa campaña electoral basada en mensajes nacionalistas con contenidos xenófobos. Por lo tanto, el choque de paradigmas del pasado 8 de noviembre no logró definir un resultado determinante; más bien mostró un empate. Es la combinación del sistema uninominal y mayoritario lo que permitió despejar dudas acerca del resultado y le confiere al ganador suficiente legitimidad y las mayorías necesarias para gobernar. En efecto, en este caso el candidato republicano tendrá mayorías propias en la Cámara de Representante y en el Senado. Como si esto no fuera suficiente, Trump deberá proponer un candidato para cubrir una vacante en la Suprema Corte de Justicia, decisión que seguramente buscará hacer prevalecer la visión conservadora en el máximo tribunal. ¡Trump, Brexit y Colombia: crisis de representación y de la democracia delegativa!
El resultado de las recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos no debería sorprendernos, por inesperado y, sobre todo, por ir en contra de la opinión ampliamente mayoritaria del establishment. No es una novedad. Antes, y en pocos meses, los votantes ingleses y colombianos echaban por tierra en sendos referéndum las “indestructibles” propuestas de los sectores dirigentes de ambos países, provocando Brexit y la defunción del acuerdo de paz entre el presidente Santos y las FARC. En los tres casos, hubo una combinación de tres factores que podrían explicar estos resultados ¿inesperados?: los límites que encuentra el “círculo rojo” de influir sobre la opinión pública, la creencia de que la decisión popular avalará las principales decisiones del establishment y, por último, la revuelta de los ciudadanos en contra de los sectores dirigentes. Son síntomas de una creciente crisis de representación, de transformación de los liderazgos, de debilitamiento de la política y, sobre todo, del fin de la democracia delegativa.
Mientras el nacionalismo ¿populista? (¡a que le llaman ahora populismo!) sigue avanzando en el mundo, el establishment político de las democracias liberales se empieza a sentir incómodo “La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen– es el “autoritarismo identitario”. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo”, escribió Ignacio Ramonet, director del mensuario Le Monde Diplomatique (propiedad de Hugo Sigman, muy influyente en la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos), el día en que se conoció la victoria del republicano. Se entrevistó a 2 conocedores del tema que nos ayudaron a esclarecer el “fenómeno Trump”, quién es su votante, qué significa el triunfo para el resto del mundo y cómo nos afectará a nosotros. Los entrevistados son: Mariano Aguas, politólogo y analista internacional; y Dionisio Bosch, periodista especializado en finanzas y conocedor del fenómeno Trump (acerca del que escribió en enero de 2016, pronosticando los problemas de Hillary Clinton con el FBI y el ascenso irresistible de Trump). Pruebas al canto aquí. Además incluimos opiniones de otros analistas importantes. ¿Por qué ganó Donald Trump? Para Aguas, Trump es expresión de un fenómeno mundial de rechazo al “sistema político tradicional”, entre otros factores, y de que en el interior profundo de USA, hay muchos descontentos con ser gobernados por un hombre negro (y que no querían pasar a serlo por una mujer) “Me inclinaría por las teorías de base explicativa en la sociología política. Los cambios socio culturales han dejado huella, más un profundo rechazo al ‘sistema político tradicional’. Por otro lado debemos tener en cuenta que la economía cuando crece, concentra ese crecimiento en el 10% más rico de la población. Delicias de la globalización tal cual cómo se desarrolla.”
Por otro lado, según Aguas –en una opinión generalizada bastante sesgada-, “con Hillary la cosa no fue del todo bien como candidata… Los millennials apoyaban a (Bernie) Sanders, por ejemplo. Pareciera que no existe una fuerte transferencia de satisfacción con (Barack) Obama a una candidatura de Clinton. Y pensemos que en el profundo interior de EE.UU. hay muchos no contentos con que los gobierne un negro, y ahora una mujer…por duro que suene.” Sin embargo, Ryan Cooper, de la revista The Week, quien también señaló una reacción racista a un Presidente negro como un elemento fundamental en esta elección, aduce que no se trata sólo de eso, ya que Barack Obama había ganado en elecciones anteriores en los mismos estados que Trump. “El Presidente Obama es un hombre negro y ganó en Wisconsin, Ohio, Pensilvania y Michigan 2 veces, lo que no podría haber hecho sin un apoyo razonable de blancos de bajos y medios estratos”, explicó Cooper, que admite sin embargo que hubo un atractivo racista en el discurso xenófobo de Trump. “Muchos de sus seguidores son nacionalistas blancos o nazis consumados. Resulta ser que la política identitaria blanca más rancia funciona en este país”, escribió Cooper. Esto quedó más en evidencia que nunca antes, cuando el día después de las elecciones, fueron denunciadas a través de Twitter varias pintadas con mensajes racistas a través del país: esvásticas, leyendas supremacistas tales como “Haz a América blanca otra vez”, y demás. Sin embargo, retornando al argumento de Cooper: hay otra razón para el descontento de la gente: si se mira a los estados en que ganó Donald Trump, forman parte de lo que solía ser el centro industrial más grande del mundo, pero han sido muy afectados por la desindustrialización.
“Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: “El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos. En regiones como el rust belt, el “cinturón del óxido” del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo”, explicó en la misma dirección Ramonet. ¡Una generación entera de clase media condenada a la pobreza! Explica Cooper, en The Week, que a Obama le había ido bien en esos estados –los que solían conformar el c entro industrial más grande del mundo y en los que ahora triunfó Trump-, porque se enfrentaba a un plutócrata de Wall Street. “Creo que gran parte de la razón por la que Clinton perdió estos estados es porque su agenda económica complicada y cautelosa y, aún más importante, su imagen política general como una política del status-quo que gana mucha plata de Wall Street, fueron ambas muy poco atractivas para los votantes blancos de medios y bajos estratos que tienen el balance del poder en estos estados” escribió Cooper. Dionisio Bosch comprende esta elección en el marco de un proceso de empobrecimiento de la clase media que se dio a partir de la represión de las tasas por parte de los Bancos Centrales a nivel global. Esto eliminó el ahorro como instrumento de “ascenso social” y condenó a una generación entera de la clase media a una jubilación en la pobreza.
Para Bosch, la cuestión que definió esta elección fue una “lucha de clases que dispararon los Bancos Centrales al reprimir las tasas (un fenómeno global). Con esto eliminaste al ahorro instrumento de ascenso social y condenaste a toda una generación de clase media a una jubilación de pobreza. La lucha es la misma entonces en Inglaterra, EE.UU., Italia (la secesión de la UE -diciembre- ahora parece imbatible) a como movilizador social. Es lucha de clases más que de ideas, pero no a la manera marxista tradicional, sino a la manera capitalista (si queres más parecido a lo que pregonaba Schumpeter).” Mariano Aguas coincide con el tema de la lucha de clases al estilo schumpeteriano en esta elección, una puja por la participación en el ingreso nacional: “Hay algo de eso, claro… ¿Se acuerdan del Tea Party? Lo podríamos llamar el efecto Homero… Por los Simpsons”, dijo Aguas. “El éxito de Donald Trump (tal como el “Brexit” en el Reino Unido, o la victoria del “no” en Colombia) significa primero una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es lo ‘desconocido’. Ahora todo puede ocurrir”, escribió Ignacio Ramonet.
“(…) Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (España e Italia). El paisaje aparece radicalmente transformado”, advierte el director de la publicación del empresario Hugo Sigman. Ahora evaluemos –si podemos sinceramente- la identificación del votante con Trump. Según Aguas, la identificación del votante con Trump se dio desde lo más básico, sin filtro racional, y se debe tener en cuenta que durante la campaña, los dichos y hechos del candidato republicano fueron comunicadas por los medios en formato talk show, “dándole al ciudadano una herramienta de identificación pueril pero efectiva como espectador.” Que las encuestas no hayan podido detectar la magnitud del fenómeno, fue “probablemente debido al efecto vergüenza, eso es muy difícil de detectar. Sobre todo en un clima mediático tan movido a la corrección política”, explica Aguas.
Desde el diario The New York Times hasta el semanario The Atlantic, pasando por la revista Foreign Policy y hasta la científica Scientific American, prácticamente todos los medios importantes de Estados Unidos (también los de otros países como el semanario británico The Economist), habían brindado público apoyo a la candidata demócrata, Hillary Clinton. Además, al igual que la mayoría de las encuestas, también estos apostaban por un triunfo de Clinton. Se equivocaron todos. ¿Cómo puede ser? Aguas explica que los medios son expresión de la sociedad global, de la que el votante promedio de Donald Trump no se siente parte. “A veces tendemos a pensar que nosotros representamos a la media… Error”, dice Aguas. Para Ramonet, el estilo “directo, populachero” de Trump y “su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Según muchos electores irritados por lo ‘políticamente correcto’, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la ‘palabra libre’ de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo. A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la “rebelión de las bases”. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica”, explicó Ramonet.
¡Donald Trump, el nacionalista globalista! El votante de Trump es un trabajador blanco (o negro o hispano residente legal) de clase media baja que desea tener un jeep y al mismo tiempo ama su celular Samsung, explica Bosch. Contra todos los medios que plantearon esta elección como un enfrentamiento entre el nacionalismo (Trump) y la globalización (Hillary), Bosch dice que Trump “es un globalista”, a pesar de que ha prometido cerrar la frontera, retirar a Estados Unidos de varios escenarios del mundo, hacer que las empresas vuelvan a producir en casa, romper los acuerdos internacionales de comercio. Para Bosch, no hay contradicción entre las medidas proteccionistas que Trump prometió en campaña y su visión globalista. “Trump no es un nacionalista, sino un tipo que representa los intereses de los “rough necks” (trabajador blanco de clase media baja). A ese tipo le encanta tener un jeep, pero un Samsung como teléfono. No hay contradicción”, explicó Bosch. “Cerrar las fronteras obedece más al aislacionismo histórico de los EE.UU. -preguntale a la población negra qué piensa- que al odio a los extranjeros o el temor a que se queden con los laburos locales (no olvides que Trump se casó con dos extranjeras y es mucho más cosmopolita que los Clinton, que nacieron en Chicago -Hillary- y Arkansas -Bill). Insisto, Trump es un tipo para el cual no existen los conflictos ideológicos. De alguna manera es el alter ego de Ronald Reagan)”, considera Bosch. En la misma dirección, para Ignacio Ramonet, Trump “es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados” Una de las principales razones por la que fue electo presidente, es porque supo “entender” que “la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en EE UU, más de 60 mil fábricas tuvieron que cerrar y casi 5 millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron”, explica Ramonet.
¡El mundo podría volverse más cerrado! Para Aguas, si bien es temprano para sacar conclusiones, es probable que lo que veamos con Trump sea “un crecimiento moderado de cierto aislacionismo, y una desaceleración del impulso a integrar economías de diferentes países. Probablemente el mundo se vuelva algo más cerrado. Tal vez ello venga de la mano del retiro de USA de algunos escenarios complicados.” Sin embargo, hay que esperar para ver qué pasa realmente porque Estados Unidos es “un país con un sistema de división de poderes que funciona”, por lo que tiene “inercias difíciles de parar en seco.” Pero el tema es que esta tendencia de rechazo a la globalización es un fenómeno que no es exclusivo de Estados Unidos, sino que crece también en Europa. Por otro lado, advierte Aguas, si Estados Unidos se cierra en forma creciente, es posible cierta “complejidad en los mercados del mundo”, justo cuando Argentina se había propuesto volver. “Macri está en el horno; olvidate del acuerdo de intercambio de información entre el IRS y la AFIP; i.e. problemas para el blanqueo-“, fue más preciso Bosch. En otra cuestión, a nivel Medio Oriente, es probable que Rusia tome un rol mucho más preponderante en esa región si se concreta el aislacionismo propuesto por Trump, dice Bosch olvidando el poder del armamentismo de los Republicanos, aunque aumentaría la protección estadounidense a Israel. “Entones Rusia se convertiría en el árbitro de la región (Trump prefiere que Putin ponga la guita que haga falta, consciente que es una historia de nunca acabar)”, explicó Bosch. “En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú”, explicó Ramonet.
Y él agregó: “Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una política extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN: “No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN”. Ángela Merkel, el Papa Francisco: principales afectados por el triunfo de Trump, aquí también Bosch –aunque creo que se equivoca- destaca que “a nivel global, la gran per5dedora con el triunfo de Donald Trump fue la canciller alemana, la principal impulsora del proyecto para acoger a los refugiados en Europa.” Los titulares de los principales medios de Alemania pusieron en juego el temor que significa para el establishment político europeo, una victoria de Donald Trump, con opciones populistas de derecha avanzando a diestra y siniestra. “¿Puede un Donald Trump suceder también en Alemania?”, se preguntó el jueves el diario alemán Bild. Recordemos que en las elecciones regionales de septiembre, el partido populista de derecha, AfD (Alternativa para Alemania), superó al partido de Ángela Merkel en su estado base, Mecklemburgo-Pomerania, y que el año que viene habrá elecciones federales en Alemania. “Se siente solitario en Europa”, tituló la revista Der Spiegel, mientras que Berlín y Bruselas ahora suman otro líder más a la lista de aquellos con quienes les cuesta lidiar, además del Presidente ruso, Vladimir Putin; el Presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y populistas locales como el húngaro Viktor Orban. Otro gran defensor de las políticas de acogida a los refugiados en Europa ha sido el papa Francisco.
Cuando Donald Trump hacía campaña prometiendo muros, el Papa Francisco hablaba de derribarlos para construir puentes. Para Bosch, si bien “es cierto que fue una derrota personal” (según Bosch) el triunfo de Trump para Francisco, la “Iglesia norteamericana lo apoyaba.” “Básicamente por el tema del aborto y la educación religiosa en los colegios”, explica Bosch. El triunfo de Trump llegó no mucho tiempo después de que triunfara el “No” en el plebiscito colombiano que consultó al pueblo sobre el acuerdo entre el Gobierno y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), otra apuesta fuerte de Jorge Mario Bergoglio para América. “En lo que respecta a la política del Papa para la región, ha ido logrando cosas, por ejemplo Cuba. Y luego el tema central es la sórdida lucha con ciertos cultos de origen evangelista por las ‘almas’ de la región. Ese el verdadero cuco del Papa, cambio de valores más telepastores milagreros y narcotráfico. Creo que las movidas de Bergoglio se pueden entender en esa clave”, explicó Aguas.
Ayer (10/11) después de cancelar una actividad en el partido bonaerense de Luján y de referirse ante los medios a la victoria de Donald Trump, Mauricio Macri juntó en la Quinta de Olivos a un grupo de sus funcionarios para analizar la nueva estrategia con el magnate estadounidense en el poder y cómo reencauzar le política exterior que quedó ligada al apoyo a Hillary Clinton, además de rescatar los acuerdos firmados por Obama. “Se habló de los resultados, de los contactos que se habían tenido previo a las elecciones con la gente de Trump, más los contactos que el presidente ya tiene ahí y de cómo encauzar la nueva relación”, dijeron fuentes oficiales de ese encuentro en la quinta residencial. De la reunión participaron la canciller Susana Malcorra; el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay; y de Interior, Rogelio Frigerio; además del jefe de Gabinete, Marcos Peña; los secretarios de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo; de Coordinación Interministerial, Mario Quintana; y el dirigente radical Ernesto Sanz, todos ellos aplaudidores salvo Frigerio de Hilary. También se analizó la posibilidad de hacer contactos informales con algunos otros dirigentes allegados al magnate republicano, con los que no se habían tenido o bien seguir con los que ya se habían contactado. Según Ámbito Financiero, Alfonso Prat Gay habría acercado el contacto de Jamie Dimon, CEO de JP Morgan Chase & Co con oficina en Nueva York y que suena fuerte para ocupar la Secretaría del Tesoro estadounidense. El equipo de transición de Trump contactó a Dimon para ofrecerle ser el próximo secretario del Tesoro de Estados Unidos. Si bien todavía no hubo confirmación, en el Gobierno de Macri se ilusionaron con tender un puente a través de Dimon teniendo en cuenta que tanto Prat Gay como el secretario de Finanzas, Luis Caputo, y hasta el nuevo CEO de YPF, Miguel Gutiérrez, son exempleados del JP Morgan.
Dimon conoce a la Argentina y a su gabinete económico de manera personal. Fue el encargado de felicitar a Caputo por la última emisión de deuda en Nueva York por 16.500 millones de dólares, bonos que fueron manejados por el JP Morgan, recuerda el matutino. En tanto, Macri dio directivas a la canciller Susana Malcorra para reencauzar la estrategia a seguir con USA y el vínculo con Trump. El interés es el de rescatar los acuerdos firmados con Obama y darles continuidad y cumplimiento . También se gestiona una conversación telefónica entre el presidente argentino y el electo mandatario norteamericano. Previo a esas gestiones, Macri ayer remarcó que “el mundo entero está sorprendido” con el triunfo de Trump “porque las encuestas una vez más fallaron y la mayoría daba que iba a ganar la candidata Hillary Clinton”. Y remarcó: “Vamos con la mejor predisposición, esperamos que los programas que hemos lanzado van a ser positivamente continuados”. Sobre las gestiones de Malcorra, La Nación indica que en la Casa Rosada señalaron que los primeros contactos oficiales y extraoficiales demostraron que “existe una excelente predisposición” del Partido Republicano a retomar la buena relación. Y afirman que el proteccionismo que prometió Trump podría afectar más a países con una profunda relación comercial con EE.UU. y que le venden productos industriales, pero no a la Argentina, que casi no exporta a ese país y aspira a venderle productos primarios. “Las gestiones de la canciller están avanzadas y hay muy buena predisposición de ambas partes para que cualquiera de estos días se pueda alcanzar un primer diálogo entre el Presidente y Trump”, dijo el matutino de fuentes oficiales de la Casa Rosada y de la Cancillería, pero no hubo precisiones sobre los interlocutores. Martín Redrado, expresidente del Banco Central y bastante realista, no se muestra tan optimista. Aseguró que “Argentina es la prioridad número 100 para Trump”. En diálogo con Radio 10 esta mañana (11/11) Redrado dijo: “Vamos a ver cuántas promesas puede cumplir Trump. Hay bastante incertidumbre”.
Respecto a la situación económica local, mencionó que “Argentina se está endeudando más de la cuenta porque la tasa internacional es baja” y recomendó que “Argentina tiene que pensar más en producción y menos en deuda, tiene que levantar su mercado interno”. “Hay que impulsar el consumo, la inversión y el financiamiento externo y apuntar a mercados como Malasia, Indonesia e India”, añadió. Por último, afirmó que “Macri ahora apuesta al consumo” pero criticó que “al equipo económico le falta una visión integral”. Más allá de Redrado pongamos que la economía repunta, ¿cuándo de verdad la gente va sentir la mejora?, preguntó Clarín en despachos oficiales. Respuesta: “Eso ocurrirá entrado el primer trimestre de 2017 y será bien patente durante el segundo”. O sea, ya no se habla siquiera del último trimestre de 2016. Cierto auxilio de la estadística acompaña la hipótesis. “Los datos del primer trimestre serán comparados con los muy bajos del mismo período de este año, y los siguientes con los aún más bajos del segundo trimestre”. “Y esto será registrado por los medios”, subrayan los funcionarios con mucho de optimismo. Pero al “está por verse” le falta un dato nada intrascendente: los futuros incrementos en las tarifas del gas y la electricidad. Ahora la respuesta es que el Gobierno decidirá los nuevos cuadros hacia fin de año y que “iremos por aumentos graduales”. Queda claro de todos modos que aumentos habrá.
Es posible que en la lista entre una baja en el precio interno del petróleo, acoplada al repliegue de la cotización internacional. Los costos de importación anotados por el INDEC cantan una caída del 30% en el tercer trimestre contra el mismo período del año pasado. Luego, si este es el parámetro se justificaría recortar el valor interno del petróleo. Y será para ver, entonces, qué pasará con el precio de los combustibles; por ahora, pasa que hay una suba en lista de espera. ¡Está claro que a Macri se le juntan varias cuestiones bravas. Entre ellas, que el mundo no es igual al que pensaba abrirse –y mucho más con el triunfo de Donald Trump- y, luego, cuáles son las fuerzas que desde lo concreto tiene y califican para enfrentarlo!

Buenos Aires, 14 de noviembre de 2016.
Arq. José M. García Rozado.
Ex Subsecretario de Estado

El voto nostálgico de Donald Trump

Dr. Darsi Ferret
Miami, Florida. 12 de noviembre de 2016.

Escribí hace dos días sobre el resultado de la elección y lo que interpreto llevó a Donald Trump a la presidencia, o sea, los celos, resquemores, miedos, resentimientos, rechazo, inconformidad y desacuerdo del hombre americano blanco, caucásico, religioso, de valores conservadores, de clase media y baja fundamentalmente, ante la amenaza que representa para ellos los cambios que gradualmente está sufriendo la sociedad norteamericana y que les representa una pérdida del status quo privilegiado que disfrutan, como es lógico, en su propio país. Reacción que es más que comprensible o no criticable. Y me refiero a ese componente demográfico especialmente porque fue el determinante con su voto en bloque para derrotar la aspiración presidencial de Hillary Clinton.

El voto de las mujeres, los afroamericanos, los hispanos o latinos, los jóvenes, los gay, los intelectuales, favoreció mayoritariamente a la demócrata en cada uno de esos otros componentes de la población estadounidense. El candidato republicano no ganó la mayoría de ninguno de esos estratos sociales, e incluso perdió hasta el voto popular, aunque se llevó el gato al agua con el voto electoral que es el que cuenta.

Fue ese hombre americano blanco, caucásico, religioso, de valores conservadores, de clase media y baja, quien votó y eligió en masa la opción de devolver a la Casa Blanca a un “igual”. Aunque sabemos que no son tan iguales, pues el discurso de campaña era para ellos, pero el Sr. Donald Trump pertenece a otro tipo de élite, a otro mundo distinto al de ese demográfico.

El voto “nostálgico”, decisivo o determinante, fue movido o motivado por la identificación directa con el gancho usado por Trump, o sea: “Hacer EEUU grande otra vez”. Claro, en la concreta el Sr. Trump no se refería a la nación, la que no ha dejado de ser la potencia hegemónica mundial más poderosa de todos los tiempos, sino que uso la frase para que fuera interpretada por ese demográfico mayoritario en el país, como: “te voy a devolver tu status quo privilegiado otra vez”. Y aquí viene la esencia del caso, pues se trata de una declaración o promesa manipuladora, irrealizable en todos los sentidos.

La llegada hace unos pocos años de la Globalización con el Internet, las redes sociales, el satélite, el celular y demás modernas tecnologías y dinámicas de la modernidad, aporta mayor voz, presencia, participación y protagonismo a todas y cada una de las minorías. Así como a sus protestas y reclamos. Situación nueva en la realidad global que conduce en el país no solo a un aumento de la competencia por los privilegios entre el blanco americano caucásico, religioso, de valores conservadores, de clase media y baja, con las mujeres, los afroamericanos, los hispanos o latinos, los jóvenes, los gay, los intelectuales, sino que hasta hizo realidad que un negro asumiera la presidencia de la nación y se mantuviera con su familia en la Casa Blanca por ocho años.

Otro hecho relacionado que demuestra hasta donde llega la amenaza para los genuinos privilegiados de esta sociedad, se constata analizando las primarias del Partido Republicano. Diecisiete candidatos se lanzaron de inicio en la contienda republicana y de ellos al final los que más cerca estuvieron, además de Donald Trump, fueron Marco Rubio y Ted Cruz, dos hijos de inmigrantes hispanos de nacionalidad cubana. Se trata de un hecho histórico, nunca antes visto, donde llegaron a colocarse a escasos metros de alcanzar la presidencia dos latinos de genes, y en momentos donde el presidente era un afroamericano. Para ponerle la tapa al pomo en cuanto a la amenaza, la contendiente Clinton es mujer y con una proyección y desenvolvimiento globalista.

Otro ejemplo claro de amenaza lo constituye la dimensión y expansión por el territorio estadounidense del idioma español. Hay lugares como el Condado Miami Dade donde, aunque no de modo reconocido, es el idioma oficial. También está el caso de que la comunidad latina asentada en EEUU se reproduce más en términos per cápita que las familias de esos blancos nacionales, e incluso que los afroamericanos, a los que están dejando bien atrás en referencia al número de la población total de ese demográfico específico.

Otra arista relacionada con este asunto es que se pasa por alto que este gran país es de los rubios de ojos azules anglosajones, es verdad. También es cierto que son ellos los artífices del desarrollo enorme y la evolución que ha posicionado a la nación como la más poderosa del mundo sin igual. Pero un pequeño detallito: los verdaderos y genuinos dueños de este país, los originarios, son los indios no los anglo. Estos últimos llegaron y se impusieron a sangre y fuego y, cierto, impusieron el desarrollo y la evolución de su cultura.

De alguna manera, aunque no en las mismas proporciones ni por la misma vía, ese fenómeno es el que se está dando con los actuales propietarios del país. La Globalización, la modernidad y la mezcla progresiva con otras etnias y culturas resulta para ellos un proceso evidente de despurización o competencia. El status quo del que disfrutaron tranquilamente está siendo invadido y disputado por los otros.

Lo real, mas allá de las reacciones que se asuman y las patadas de ahogado que provoquen, es que no hay vuelta atrás. No hay “Make America Great Again”, no al menos en el sentido que compraron la consigna. Para retornar a los tiempos dorados para ellos, tendrían que encontrar la fórmula de eliminar el Internet, las redes sociales, los teléfonos inteligentes, los satélites y demás dinámicas modernas. No se puede regresar en el tiempo llevando solo lo bueno que nos favorece.

Es por estas razones que el voto en las elecciones no fue anti sistema, ni anti stablishment. Ni siquiera se trato de un voto racista, sino nostálgico. Fue algo así como: devuélvanme lo que es mío, el lugar privilegiado que me pertenece. En resumen, espejismo y vana ilusión por parte de los encantados con la retórica del Sr. Donald Trump.

Trump no representa los valores republicanos

He leído varios artículos que dicen que con el triunfo de Donald Trump ganó el odio. Hay que aceptar que Trump ganó correctamente, aunque Hillary Clinton sacó más votos populares. Pero, quiénes le dieron sus votos?

De acuerdo con las encuestas, la victoria electoral de Trump fue en gran parte, gracias a su éxito entre votantes rurales, la prueba es que no ganó en ninguna ciudad de mas de un millón de habitantes. Ellos representaron al 70% del electorado en las elecciones este año. Aun siendo Hillary Clinton la peor candidata, los votantes eligieron a un hombre racista que expresó su odio a los hispanos, mejicanos, negros, extranjeros, mujeres, homosexuales y se burló de los incapacitados. El ha calificado a los inmigrantes de criminales, violentos y asesinos, sin mencionar la contribución de los inmigrantes que ha engrandecido a este país, ni a los que han muerto por defenderlo. Esto es tan serio, que algunas figuras importantes del partido republicano le negaron sus votos, públicamente.

Me pregunto, ¿Cómo es posible que 59 millones de estadounidenses han avalado ese discurso de odio con sus votos? Según Trump, el deportará a más de 11 millones de inmigrantes indocumentados, apoya la campaña English only, pondrá fin a la ciudadanía por nacimiento, que según el, “ sigue siendo el mejor imán para la inmgración indocumentada” y construirá un muro en la frontera sur de Estados Unidos. El despertó a muchos Trumps en el electorado. ¡Trump no representa los valores republicanos!

Ahora los ojos del mundo estarán puestos en E.U. por odio racial. Se que las sociedades no borran por completo sus costumbres ni las raíces del mal, pero lo preocupante es alimentar el odio, el racismo, la discriminación, y que nos destruya como nación.

Elsa I. Pardo
Miami